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Capítulo 8. Un invitado junto al fuego
Lyra sostuvo la mirada del desconocido.
Había algo en él que la inquietaba.
No era únicamente su belleza, que parecía esculpida por los dioses.
Eran sus ojos.
Dorados.
Intensos.
Llenos de una tristeza tan profunda que resultaba imposible ignorarla.
Por alguna razón, al verlos, una imagen cruzó fugazmente por su mente.
Un hombre arrodillado.
Un abrazo cálido.
Lágrimas cayendo sobre un vestido cubierto de sangre.
El recuerdo desapareció tan rápido como había llegado.
Lyra parpadeó varias veces.
—Qué extraño...
El desconocido inclinó apenas la cabeza.
—¿Ocurre algo?
Ella negó con suavidad.
—No... solo pensé que sus ojos me resultaban familiares.
Durante un instante, el corazón de Conrad dejó de latir.
«¿Me recuerda...?»
Pero la joven simplemente desvió la mirada hacia la fogata.
—Supongo que me equivoqué.
Conrad ocultó la decepción tras una leve sonrisa.
Todavía no.
Aún no era el momento.
Lyra relajó la mano que mantenía sobre el arco.
Si aquel hombre hubiera querido atacarla, ya lo habría hecho.
Además...
No percibía ninguna intención asesina.
Solo una inmensa melancolía.
—Mi nombre es Lyra Evermoon.
Conrad guardó silencio unos segundos antes de responder.
—Conrad.
No añadió ningún título.
Ni Archiduque.
Ni Rey.
Solo un nombre.
—Es un gusto conocerla, lady Lyra.
Ella asintió con educación.
Entonces observó el pequeño campamento.
Solo había una taza sobre el tronco y una olla calentándose sobre el fuego.
Volvió a mirar al hombre.
Parecía cansado.
Como si llevara días sin descansar.
Con un gesto de la cabeza señaló el otro lado de la fogata.
—Siéntese.
Conrad arqueó una ceja.
—¿No le preocupa invitar a un desconocido?
Lyra sonrió apenas.
—Un poco.
—Entonces, ¿por qué hacerlo?
Ella tomó un cucharón y comenzó a servir el estofado.
—Porque mi padre siempre decía que el hambre puede convertir a cualquiera en un enemigo.
Le tendió un plato.
—Y yo no le niego la comida a nadie.
Conrad permaneció inmóvil.
Durante siglos, nobles y reyes habían temblado en su presencia.
Muchos intentaban ganarse su favor con banquetes lujosos y regalos extravagantes.
Aquella joven, en cambio...
Le ofrecía un sencillo plato de comida sin saber quién era.
Sin esperar nada a cambio.
Conrad aceptó el plato con una delicadeza impropia del hombre más temido del continente.
—Gracias.
Lyra se sentó frente a él y comenzó a comer con naturalidad.
Durante unos minutos, el único sonido fue el crepitar de la leña.
Conrad no apartó la vista de ella ni un instante.
Había esperado siglos para encontrar a su vinculada.
La había perdido en el momento en que la encontró.
Y ahora...
El destino volvía a sentarla frente a él.
Esta vez respirando.
Esta vez sonriendo.
Esta vez... viva.
Pero no cometería el mismo error.
No le diría quién era.
No todavía.
Porque si el destino le había concedido una segunda oportunidad...
Pensaba protegerla, incluso si para ello debía permanecer como un simple viajero sentado al otro lado de una fogata.
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Holaaaa a todas espero que sigan esta historia así como las anteriores y que disfruten de cada capítulo.