**Una promesa sellada con sangre y eternidad.**
Tras la traición de su prometido, Cecil intenta concentrarse en lo único que siempre le ha dado sentido a su vida: la medicina. Como parte de una comisión médica de Oxford, viaja al reino de Kratos, sin imaginar que aquel viaje cambiará su destino para siempre.
Desde su llegada, extraños sueños y recuerdos que no le pertenecen comienzan a atormentarla. Al mismo tiempo, se siente inexplicablemente atraída por el rey Azharel, un hombre tan poderoso como enigmático, cuyos ojos parecen guardar el dolor de siglos enteros.
Lo que Cecil ignora es que su historia con Azharel comenzó mil años atrás, cuando él era un príncipe vampiro que renunció a todo por amor. Separados por la tragedia y la muerte, una promesa sellada con sangre y eternidad los mantuvo unidos a través del tiempo.
Ahora, mientras los secretos del pasado resurgen y antiguos peligros vuelven a despertar, Cecil deberá descubrir quién fue realmente y por qué el rey vampiro la mira como si hubiera esperado mil años para volver a verla.
Una apasionante historia de amor, destino y reencarnación, donde ni siquiera la muerte puede romper los lazos de un amor eterno.
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Hola Hermosa Merida
Por otro lado, Merida había llegado a la aldea humana.
Era un lugar sencillo, pero lleno de vida.
Pequeñas casas de madera y piedra se distribuían alrededor de un gran espacio central donde los aldeanos se reunían cada día.
Habían colocado una enorme mesa de madera bajo un techo improvisado hecho con gruesas ramas y hojas, que protegía del sol a quienes trabajaban allí.
Sobre la mesa descansaban decenas de frascos de vidrio.
Cada uno estaba perfectamente etiquetado.
Se especificaba para qué servía la medicina, la dosis que debía tomarse y si estaba destinada a niños, adultos o ancianos.
Merida había pasado toda la mañana trabajando.
Primero entregó varias cajas de remedios al líder de la aldea, quien las guardó cuidadosamente dentro de una pequeña cabaña que servía como almacén.
Después comenzó a visitar a distintas familias.
Revisó las heridas de algunos campesinos que se habían lastimado mientras trabajaban la tierra.
A otros les cambió los vendajes y les explicó cómo debían limpiar las heridas para evitar infecciones.
También atendió a varias mujeres que acababan de dar a luz.
Una de ellas sostenía a su bebé mientras la miraba con preocupación.
—No me baja la leche.
Merida sonrió con dulzura.
Tomó un pequeño frasco y se lo entregó.
—Debes tomar unas gotas por la mañana y otras antes de dormir.
La mujer la miró esperanzada.
—¿Funcionará?
Merida asintió.
—Sí. Además, debes descansar y beber mucha agua.
La mujer sonrió.
—Gracias, Merida.
Ella negó suavemente con la cabeza.
—No tienes que agradecerme.
Luego se acercó a otro grupo.
Varios bebés tenían pequeñas erupciones en la piel.
Merida los revisó uno por uno.
Preparó una pomada y comenzó a explicarle a las madres cómo aplicarla.
—Dos veces al día.
—Y eviten que les dé demasiado el sol.
Las mujeres la escuchaban atentamente.
Ya se habían acostumbrado a su presencia.
De hecho, muchos la esperaban con alegría cada vez que llegaba.
Un anciano sonrió.
—La aldea sería un desastre sin ti.
Merida soltó una pequeña risa.
—No exageren.
Otra mujer habló.
—Es verdad.
—Desde que vienes, los niños enferman menos.
Otro campesino añadió:
—Y ya no tenemos que caminar hasta las torres cada vez que alguien se lastima.
Merida sonrió.
—Ese es el objetivo.
—Que todos estén bien.
En ese momento, un fuerte rugido resonó en el cielo.
Los árboles comenzaron a moverse.
Varios aldeanos levantaron la cabeza.
Un enorme dragón atravesaba las nubes.
Era grande y elegante.
Sus escamas tenían un hermoso tono rosado que brillaba bajo la luz del sol.
Los niños comenzaron a señalarlo emocionados.
—¡Un dragón!
Los adultos simplemente sonrieron.
Nadie parecía alarmado.
Aquellos dragones eran parte del paisaje.
Los habitantes de las aldeas acostumbraban dejarles ovejas, vacas y otros animales en los campos abiertos.
Además, a los dragones no les gustaba permanecer cerca de las personas.
Simplemente atravesaban el cielo y luego regresaban a las altas montañas donde vivían.
Una niña tomó la mano de Merida.
—¿Es bonito, verdad?
Merida sonrió mientras observaba al animal desaparecer entre las nubes.
—Sí.
—Es hermoso.
La niña sonrió.
—Algún día quiero volar sobre uno.
Merida soltó una pequeña risa.
—Quizá algún día lo hagas.
La entrega de medicinas continuó.
Pero, de pronto, unas flores aparecieron frente a ella.
Merida parpadeó sorprendida.
Al levantar la vista, vio al hijo del molinero.
Era un joven apuesto, de cabello castaño, alto y de complexión fuerte.
Vestía ropa sencilla, aunque limpia y bien arreglada.
Él sonrió.
—Hola, hermosa Merida.
Ella sintió cómo sus mejillas se calentaban un poco.
—Hola.
El joven le extendió las flores.
—Son para ti.
Merida las tomó con cuidado.
—Gracias.
—Son muy bonitas.
El muchacho sonrió.
—No tanto como tú.
Ella desvió la mirada con algo de vergüenza.
—No tienes que decir esas cosas.
Él soltó una pequeña risa.
—¿Por qué no?
Merida sonrió tímidamente.
—Porque me avergüenzan.
El muchacho la observó unos segundos.
—Entonces me guardaré algunos cumplidos.
Ella rio.
—Será lo mejor.
El joven se acercó un poco más.
—Aunque debo admitir algo.
Merida lo miró.
—¿Qué?
Él sonrió.
—Nunca había conocido a alguien como tú.
Ella frunció ligeramente el ceño.
—¿Cómo yo?
—Sí.
—Todos los demás piensan en sí mismos.
—Pero tú siempre piensas en los demás.
Merida bajó la mirada.
—Solo intento ayudar.
Él sonrió.
—Y por eso todos te quieren.
Merida acarició las flores entre sus manos.
Pero, aunque le agradaba el muchacho, no sintió nada en su interior.
Ni aquella emoción que había imaginado tantas veces.
Ni aquel cosquilleo del que hablaban las historias de amor.
Solo tranquilidad.
A lo lejos, el cielo comenzó a oscurecerse.
Y, por un instante, Merida recordó la lectura que Imelda había hecho aquella mañana.
Un lago.
Un bosque.
La luna.
Y un hombre cuya vida parecía eterna.
Sin saber por qué, un pequeño escalofrío recorrió su cuerpo.
Como si, en algún lugar del mundo, su destino estuviera acercándose lentamente hacia ella.
y el no cae en cuenta como es manipulado por ella , ciego por no querer ser menos en un mundo donde las bestias tienen poder y eso le va a jugar en contra 🤔
y el rey segado por el dolor tomando malas decisiones😡😡