Morir en una balacera de la mafia y despertar como la villana tonta de una novela de época no estaba en mis planes. Ahora soy Elara de Valois, y todos esperan que llore, que ruegue por el amor del Príncipe Heredero o que muera a manos de mi prometido, el temible Archiduque Killian.
Los rumores dicen que es un asesino despiadado, pero cuando cruzo miradas con él, solo veo a alguien de mi especie. Él cree que soy una damisela de cristal a la que puede romper fácilmente. Qué gran error. No sabe que bajo este vestido de seda se esconde la mente de una criminal profesional.
Dos lobos en un mismo territorio no pueden convivir en paz... a menos que decidan incendiar el imperio juntos.
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capítulo: 13
KILLIAN:
El frío del amanecer norteño me golpea el rostro mientras observo el entrenamiento de los nuevos reclutas en el patio de armas.
El viento ruge entre las almenas del Castillo de la Garra Negra, pero mi mente no está en la estrategia militar, ni en el informe de las fronteras.
Mis pensamientos siguen atrapados entre las sábanas oscuras de mis aposentos principales, retenidos por el recuerdo de la piel pálida, el aroma a peligro y la sumisión inexistente de Elara.
Pensé que el Emperador me había enviado un estorbo político, pero me equivoqué. Me envió a una reina salvaje que encaja perfectamente en mi infierno.
Todavía puedo sentir el fuego de sus labios hambrientos y la fuerza con la que me sostuvo durante nuestra primera noche… No es una rosa de la capital; es una daga afilada envuelta en seda que me gusta tanto.
—Si sigue mirando al vacío con esa sonrisa de medio lado, los soldados van a pensar que el Monstruo del Norte ha sido embrujado, mi señor.
Una voz perezosa y divertida rompe mis pensamientos y no necesito girarme para saber de quién se trata.
Ivan, mi comandante general y hombre de confianza.se apoya contra la barandilla de madera mientras muerde una manzana roja con total tranquilidad.
Ivan es el mejor guerrero de mis tierras, capaz de decapitar a tres hombres en un parpadeo, pero su actitud relajada, sus chistes inoportunos y su cabello castaño siempre despeinado desesperarían a cualquier noble de la corte imperial.
A mí, simplemente me resulta el único tipo leal en el que puedo confiar mi espalda.
—Vigila tu lengua Ivan, si no quieres que te mande a entrenar con los osos de la frontera.
Respondo con mi habitual tono grave, sin apartar la vista del patio.
—¡Oh, qué humor!
Ivan suelta una carcajada, dándole otro mordisco a la manzana.
—Escuché los rumores de la capital, Killian… Dicen que tu nueva Archiduquesa llegó vestida de luto, humilló al Príncipe Heredero y mató a un asesino con un broche para el cabello en una emboscada, al principio pensé que eran exageraciones... Pero viendo cómo te dejó el cuello, empiezo a creer que te conseguiste a alguien más peligroso que tú.
Antes de que pueda contestarle a sus burlas, la silueta temblorosa de la señora Gretta, el ama de llaves, aparece al final del pasillo del patio de armas.
Trae el rostro desencajado y camina arrastrando los pies, con el miedo pintado en los ojos.
—S-Su Excelencia…
Balbucea Gretta cayendo de rodillas ante mí.
—Exijo... Exijo justicia su nueva esposa... Lady Elara, casi asesina a mi hija Freya en el pasillo hace unos minutos… La tomó del cuello con una fuerza inhumana y amenazó con colgarla del desfiladero solo por intentar atenderla, es una mujer violenta, un peligro para el servicio del castillo.
Ivan detiene su masticar a mitad de la manzana abriendo los ojos con sorpresa antes de que una sonrisa gigante y divertida se dibuje en su rostro.
Miró a Gretta desde las alturas y mis ojos rubíes se entrecierran, gélidos.
Sé perfectamente cómo es Freya; una niña caprichosa que se ha pasado los últimos años intentando meterse en mi cama con la aprobación de su madre, creyendo que el silencio de mi indiferencia era una oportunidad.
—¿Y qué estaba haciendo tu hija para que mi esposa decidiera ponerle las manos encima, Gretta?
Pregunto mi voz resonando como el crujido del hielo.
—Porque conozco a la Archiduquesa... Ella no desperdicia su energía con insectos a menos que la molesten.
—Ella... Freya solo…
Gretta tartamudea, perdiendo el color en la piel.
—Dile a tu hija que si vuelve a faltarle el respeto a la dueña de este castillo, yo mismo la arrojaré por el desfiladero para ahorrarle el trabajo a mi esposa.
Sentencio con frialdad.
— Ahora largo de mi vista y asegúrate de que el desayuno de la Archiduquesa sea perfecto.
Gretta se levanta del suelo como si hubiera visto a un demonio y huye a toda prisa.
Ivan suelta una carcajada sonora, arrojando el corazón de la manzana al suelo.
—¡Por los dioses! Me agrada ¡Me agrada muchísimo tu esposa!
Dice Ivan dándome una palmada en el hombro que yo esquivo con una mirada fulminante.
—Una mujer que pone en su lugar a las víboras del servicio en su primer día, tienes que presentármela ya.
—Mantén tu distancia Ivan… Ella muerde.
Le advierto, aunque por dentro una oleada de orgullo y posesividad salvaje me recorre el pecho... Elara no necesita que la defienda, ella gobierna sola.
El día transcurre entre mapas de guerra y entrenamiento, hasta que el cielo del Norte empieza a teñirse de un púrpura oscuro.
El anochecer está cayendo sobre las montañas cuando el sonido de los cascos de un caballo anuncia la llegada de un carruaje rezagado de la capital.
Me encuentro en el vestíbulo principal junto a Elara, quien viste un elegante atuendo de lana azul oscuro que resalta sus ojos morados y las pesadas puertas del castillo se abren y una joven doncella baja del carruaje, tiritando por el frío del Norte, pero abrazando una maleta con una determinación feroz, en cuanto ve a mi esposa, sus ojos se iluminan de alivio.
—¡Mi Lady! ¡Logré llegar!
Exclama la chica corriendo hacia ella y haciendo una reverencia perfecta y llena de una lealtad genuina que no he visto en nadie de la capital.
—Llegas a tiempo Lily.
Responde Elara y por primera vez noto un deje de calidez real en su voz gélida.
Le da una palmada suave en el hombro.
— Te presento al Archiduque Romanov, mi esposo. A partir de hoy este es nuestro nuevo territorio.
Miro a la sirvienta personal de Elara, y luego miro a mi esposa… Una jefa que ya tiene a su mano derecha a su lado.
Me acerco a ella rodeando su cintura con mi mano enguantada de forma posesiva, sintiendo cómo se amolda a mi cuerpo de inmediato.
—Bienvenida a la Garra Negra, doncella.
Digo en voz alta antes de inclinarme hacia el oído de Elara, saboreando su cercanía.
—Escuché que te divertiste con el servicio esta mañana mi Emperatriz.
Elara gira la cabeza sutilmente, dedicándome una sonrisa lobuna y peligrosa que me enciende la sangre.
—Solo estaba limpiando la casa, Killian… A partir de mañana, empezamos a planear cómo limpiar el imperio.
necesito fotos de ese guardián 🤭