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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Capítulo 6: La tarjeta negra

Cristian no alcanzó a recomponer la cara.

Adriana lo conocía desde antes de que él aprendiera a mentir con elegancia, así que bastó una mirada para que sospechara.

—Te estás riendo —dijo, con la voz peligrosamente baja.

—No.

—Te conozco, Cristian.

—Me estoy mordiendo la lengua.

—Pues muérdetela más fuerte.

Ximena se puso de pie enseguida, como si pudiera interponerse entre madre e hijo con una taza de té y buena voluntad.

—Mamá, Cristian no quiso faltarle al respeto.

*No quiso. Solo casi se le sale la risa porque usted dijo que el dinero no sirve. Señora, con todo respeto, el dinero sirve hasta para llorar más bonito.*

Cristian giró la cara hacia la ventana.

No podía reírse. No delante de Adriana. Su madre olía el desacato como otras personas olían el café.

Adriana señaló a Ximena con un dedo lleno de anillos.

—Y tú no lo defiendas tanto. Si mi hijo te manda a dormir a otro cuarto, me llamas. ¿Entendido?

Ximena bajó la cabeza.

—Sí, mamá.

*¿Y le digo también que él parece estatua de hielo con garantía extendida? No. Mejor no. Esta señora sí me avienta una lámpara.*

—Mamá —intervino Cristian—, no exageres.

—¿Exagero? —Adriana abrió los brazos—. Un año de matrimonio, ni un bebé, ni un susto, ni una sospecha. Ahora cuartos separados. ¿Qué quieres que piense?

—Que trabajo demasiado.

—Eso ya lo sé. También sé que cuando un hombre quiere, encuentra tiempo.

Ximena dejó escapar un sonido mínimo, una especie de tos educada.

*Dígale, señora. Dígale. Porque tiempo para juntas sí tiene, pero una quiere revisar el producto y resulta que el señor anda en inventario cerrado.*

Cristian sintió que el cuello se le tensaba.

Adriana lo vio de arriba abajo, con una severidad casi médica.

—A ver. Dime la verdad.

—¿Qué verdad?

—¿Tú sí puedes?

El salón se congeló.

Ximena abrió los ojos como si la taza invisible se le hubiera roto en las manos.

*¡Mamá! ¡Eso se piensa, no se pregunta! Aunque... buena pregunta.*

—Adriana —dijo Cristian, despacio.

—Soy tu madre. Puedo preguntar.

—No puedes preguntar eso.

—Claro que puedo. Si no puedes, se resuelve. Hospital privado, especialista, lo que sea. Lo que no voy a permitir es que me tengas haciendo el ridículo en comidas donde todas presumen nietos y yo presumo reportes trimestrales.

Ximena apretó los labios.

*Reportes trimestrales no abrazan, pero compran bolsos. Tampoco hay que despreciarlos tanto.*

Cristian se frotó el puente de la nariz.

—No tengo ningún problema.

*Ajá. Eso dice él. Pero cinco veces en un año, con ese tamaño de marido, sí levanta sospechas administrativas.*

—¡Ya basta! —soltó Cristian.

Ximena dio un brinco.

Adriana se irguió.

—¿Perdón?

Cristian se quedó inmóvil.

El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.

Ximena lo miraba con confusión absoluta. Adriana, con una furia ofendida que podía desheredar a media ciudad.

—No era para ti —dijo Cristian.

—¿Entonces para quién? —preguntó Adriana.

Para la voz de mi esposa, pensó él.

Imposible.

—Para nadie.

Adriana tomó aire, abrió la bolsa y sacó el celular.

—Le voy a hablar a tu papá.

Cristian reaccionó al instante.

—No.

—Sí.

—Mamá.

—Que venga Rodrigo y te explique cómo se conserva un matrimonio, porque a mí ya no me haces caso.

Cristian caminó hacia ella y le quitó el celular con una suavidad que solo era posible porque Adriana, en el fondo, sí quería que la detuvieran.

—Esta noche Ximara vuelve a la habitación principal —dijo.

Ximena levantó la cabeza.

*¿Qué? ¿Vuelvo? ¿A la cama grande? ¿Con el señor abdomen prohibido? Ay, no. Ay, sí. Ay, no sé.*

Adriana entrecerró los ojos.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

—¿Y el bebé?

Cristian respiró hondo.

—Vamos a intentarlo.

La mente de Ximena hizo un ruido que no era exactamente una palabra.

*¿Intentarlo? ¿Así, en público? ¿Con promesa ante la suegra? Santa paciencia, que alguien me preste cara de mujer decente porque por dentro ya me fui corriendo a cambiar las sábanas.*

Adriana guardó el celular. Su expresión no se suavizó del todo, pero la tormenta dejó de lanzar rayos.

—Eso quería escuchar.

—Entonces ya está.

—No está. —Adriana señaló los paquetes sobre la mesa—. ¿Eso es para mí?

Cristian siguió su dedo.

—Eran para pedir disculpas.

—Hace diez minutos dije que no quería nada.

—Lo recuerdo.

—Bueno, ya se me pasó. Mándalos al auto.

Ximena miró los paquetes con una nostalgia tan transparente que Cristian la habría notado incluso sin telepatía.

*Qué rápido se le pasó. Ay, esa bolsa color miel está preciosa. Esa sí combinaría con el vestido rojo. No mires tanto, no mires tanto. No es tuya. Respira como pobre elegante.*

Cristian la observó.

¿No tenía bolsos?

Adriana dio dos pasos hacia Ximena y, sin previo aviso, le tocó la mejilla con el dorso de los dedos.

—Y tú, hija, no te dejes mandar al pasillo. Eres su esposa, no visita.

Ximena sonrió con una ternura que casi parecía real.

—Sí, mamá.

*Esposa, visita, espía hambrienta, lo que sea, pero si me regalan una bolsa algún día también respondo "sí, mamá" con el alma.*

Cristian volvió a girar la cara.

Media hora después, Adriana salió de la mansión con los paquetes de lujo en el auto, la dignidad recompuesta y la advertencia de que volvería sin avisar "para comprobar avances".

Cristian la acompañó hasta la entrada. Ximena caminó a su lado, silenciosa, con las manos cruzadas frente al cuerpo.

Cuando el auto de Adriana se perdió por la avenida, el aire de la casa volvió a su sitio.

Cristian se quedó mirando el portón cerrado.

—¿Cuánto te queda de la mensualidad?

Ximena tardó en responder.

—¿Perdón?

—El dinero que te transfiero cada mes. ¿Cuánto queda?

Ella sonrió, automática.

—Suficiente.

*Suficiente para comprar cilantro, pagar dos cosas pequeñas y fingir que no me duele ver bolsas ajenas. Lo demás se va directo a la familia Blanco. Como siempre. Ni modo. El trato era ese.*

Cristian se volvió hacia ella.

La familia Blanco.

—¿Lo envías todo a tu familia?

Ximena se quedó quieta.

—No todo.

*Casi todo. Si no mando, Aurelio pregunta. Si pregunta, se arma. Si se arma, me quedo sin salida, sin dinero final y sin paz. Aguanta. No hagas cara.*

Cristian sintió que algo se le asentaba con peso en el pecho.

Durante un año, él había transferido una cantidad generosa, casi automática, a la cuenta acordada para su esposa. Nunca preguntó. Nunca revisó si ella la usaba. Nunca se le ocurrió que una mujer viviendo en su casa, comiendo en su mesa y sonriendo para su familia podía estar midiendo cada gasto como si todavía no perteneciera a ningún lugar.

—Mañana irás de compras con Renata —dijo.

Ximena abrió mucho los ojos.

—¿Renata?

—La esposa de Joaquín. Quiere conocerte.

—No creo que sea buena idea.

*No tengo dinero para salir con una señora rica. ¿Qué voy a hacer? ¿Aplaudirle los bolsos? ¿Pedir agua y fingir que estoy en ayuno espiritual?*

—Irás.

—Cristian, de verdad...

—No será gratis.

Ella frunció apenas el ceño.

—¿Gratis?

Cristian sacó la cartera.

La tarjeta era negra, lisa, pesada, con su nombre grabado en letras discretas y el emblema privado del banco que manejaba las cuentas familiares de los Montalvo.

Ximena la miró como si fuera un objeto religioso.

—¿Qué es eso?

—Pago por servicios.

—¿Servicios?

—Por ayudarme con Renata. Por soportar a mi madre. Por traer almuerzo sin chile.

*Sin chile por ahora, tampoco se confíe.*

Cristian le puso la tarjeta en la mano.

—Es tuya. No pasa por la cuenta mensual. No tienes que reportarla a nadie. Úsala para lo que quieras.

Ximena no cerró los dedos.

—No puedo aceptar esto.

*Sí puedo. Sí puedo. Cierra la mano, tonta. Cierra la mano antes de que se arrepienta. Ay, pesa. Huele a libertad. ¿Las tarjetas huelen? Esta sí.*

—Puedes.

—¿Tiene límite?

—No uno que puedas alcanzar comprando bolsos.

La tarjeta desapareció entre sus dedos.

*¡No uno que pueda alcanzar! ¡Madre mía! ¡Soy rica! Rica de verdad. Rica secreta. Rica sin rendir cuentas. Cristian Montalvo, hombre frío, cuerpo divino, cartera bendita, si me pides que te bese los zapatos, hasta les saco brillo.*

Cristian tosió.

—Tampoco exageres.

Ximena alzó la vista.

—¿Dijiste algo?

—Que tampoco compres cosas inútiles.

Ella abrazó la tarjeta contra el pecho con un cuidado ridículo.

—Claro. Solo lo necesario.

*Lo necesario: una bolsa, dos bolsas, vestido rojo, zapatos, lencería para provocarlo, quizá una crema para las manos porque esas venas de Cristian merecen mantenimiento visual. Ay, no, ya lo amo. No, no lo amo. Amo la tarjeta. Bueno, tal vez amo el paquete completo.*

Cristian tuvo que apoyar una mano en la puerta del auto.

—Voy a la oficina.

—¿Ahora?

—Sí.

Necesitaba salir de ahí antes de que la imaginación de Ximena lo obligara a confiscar su propia tarjeta.

Ella dio un paso pequeño hacia él.

—Cristian.

—¿Qué?

Su voz fue tan suave que por un segundo volvió a parecer solo la esposa correcta de Las Lomas.

—Gracias.

No hubo pensamiento burlón de inmediato.

Solo sus dedos apretando la tarjeta negra contra el pecho.

Luego, bajito, apareció la voz.

*Gracias de verdad. No sabes lo que acabas de darme.*

Cristian desvió la mirada.

—No la pierdas.

Subió al auto y cerró la puerta.

Mientras salía de la mansión, intentó convencerse de que había tomado una decisión práctica. Con dinero propio, Ximena estaría ocupada comprando, saliendo, gastando, entreteniéndose. Tendría menos tiempo para meterse en problemas y menos razones para vengarse con chile.

Era lógico.

Conveniente.

Perfectamente racional.

Entonces recordó que esa misma noche, por culpa de la promesa hecha a Adriana, Ximena volvería a dormir en su habitación.

Cristian apretó el volante.

La tarjeta negra quizá acababa de comprarle paz.

Pero la cama grande acababa de declararle guerra.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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