Mateo, Elena, Sophia y Liam han heredado el éxito de sus padres y hoy dominan la ciencia, la alta cocina y la moda internacional. Pero el verdadero engranaje del destino estalla cuando los hilos de la infancia se cruzan de forma pasional: los mellizos de ambas familias se enamoran de manera cruzada. Una historia de ambición moderna, lealtad inquebrantable y erotismo explícito donde el amor real se multiplica en la sintonía perfecta de una nueva generación.
Orden de las novelas
- Fuegos Artificiales Invisibles
- frecuencia cruzada: El Legado Del Estéreo
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Lujuria Entre Paneles De bambú
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La adrenalina del éxito del banquete familiar y la cercanía constante de nuestras pieles durante la cena dejaron una estela de lujuria sumamente agresiva, explícita y hambrienta entre Liam y Elena al regresar a su pabellón privado en el ryokan. El olor a especias, sake dulce y madera de cedro quemada flotaba en el aire, mezclándose con el deseo carnal que nos quemaba las entrañas tras escuchar las palabras de orgullo de nuestros padres. Jester y Caliope ya se encontraban descansando en el sector opuesto del complejo, otorgándonos una tregua silenciosa que mi prometido exigió de inmediato apenas deslizó el panel de papel shoji de la entrada.
Me quité el kimono de seda verde oliva con movimientos lentos de pasarela, quedando completamente naked ante los ojos de mi gigante de los fogones. Mi uno con setenta y cuatro de estatura lucía una madurez erótica impresionante; mis senos firmes de puntas erectas y mis caderas esbeltas eran una provocación insoportable para Liam, cuyo miembro ya se encontraba completamente rígido, masivo, venoso y latiendo con una rigidez impresionante que marcaba la tela de su yukata de algodón blanco.
Se desvistió con una prisa salvaje, arrojando la tela al suelo de tatami, revelando su torso velludo y fuerte, y caminó hacia mí con pasos pesados. Me tomó por la cintura con sus manos grandes de cocinero y me levantó en vilo, cargándome hacia el futón doble donde me dejó caer de espaldas con una fuerza controlada que me hizo soltar un jadeo agudo de pura excitación carnal. Se posicionó entre mis piernas, abriéndolas de par en par para devorar la vista de mi ranura que ya estaba completamente inundada en mis propios jugos espesos, tibios y pegajosos de anticipación erótica.
Se inclinó sobre mí, atrapando uno de mi pezones entre sus labios, succionándolo con una fuerza salvaje que me hizo arquear la espalda entera y clavar las uñas en sus hombros anchos, mis gemidos resonando en el cuarto silencioso. Con su mano libre, separó mis labios menores y frotó la cabeza de su hombría contra mi clítoris hinchado, desatando una descarga eléctrica que me privó de toda fijeza geométrica.
—Estás tan increíblemente caliente y empapada para mí, Elena... me voy a volver loco si no me hundo en tu interior de una sola estocada —gruñó Liam con su voz profunda y ronca al oído, su respiración agitada cortándome el aire.
No lo hice esperar más. Abrí mis caderas por entero y Liam se hundió en mí con un empuje implacable, violento y profundo que me hizo ver estrellas en medio de la penumbra de Kyoto. El impacto de su carne caliente llenando cada milímetro de mi intimidad fue tan inmenso que solté un grito de puro éxtasis que contuve mordiendo su hombro musculoso; sentir cómo su grosor masivo estiraba mis paredes internas inflamadas por las hormonas del deseo me nubló el juicio por completo.
Comenzó a embestirme con un ritmo frenético y despiadado, usando su peso para marcar un bombeo salvaje que hacía crujir los paneles de madera del ryokan en cada estocada profunda. El sonido húmedo de nuestras zonas íntimas chocando con un eco rítmico, el olor a sexo y fluidos naturales, y sus jadeos graves crearon una atmósfera de lujuria pura. Respondía con la misma violencia deliciosa, moviendo mis caderas hacia delante de manera instintiva para buscar el fondo de su hombría en cada golpe.
Aceleró las estocadas en los últimos minutos, sus movimientos volviéndose cortos y profundos, un bombeo animal que me hizo temblar entera. El clímax se acumulaba en mi vientre bajo en una marea de calor insoportable que contrajo mis músculos internos con una fuerza espasmódica increíble, aprisionando su miembro en un calambre de puro placer que me hizo gritar el nombre de mi prometido. Liam soltó un rugido gutural, asestó tres estocadas brutales que hicieron vibrar los paneles shoji y se vino dentro de mí, eyaculando chorros abundantes de esperma caliente que inundaron mi útero en oleadas ardientes, dejándonos colapsados sobre el futón en una sintonía carnal perfecta que selló nuestra última noche en Kyoto antes de trasladarnos hacia el segundo destino de nuestro viaje asiático: los templos antiguos de Bangkok, Tailandia.