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Ecos De Cenizas Y Ónix

Ecos De Cenizas Y Ónix

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Hombre lobo / Amor eterno / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yelina Lopez

Aethelgard Draconis (El Patriarca): Un vampiro de presencia imponente y fría elegancia, con siglos de existencia a sus espaldas. Su mente es una fortaleza inquebrantable.

Nyxandra Draconis (La Matriarca): De una belleza etérea y calculadora. Es la estratega del clan, capaz de leer las intenciones más ocultas antes de que sean pronunciadas.

Kaelen Draconis: El hermano mayor. Protector, de pocas palabras y con un aire de misterio melancólico que oculta una ferocidad implacable.
Vespera Draconis: La hermana menor. Ágil, perspicaz y con una fascinación peligrosa por el mundo efímero de los humanos.

Onyx Draconis (El Protagonista): El miembro más introspectivo de la familia. Vive con el peso de una eternidad que apenas comienza a comprender hasta que un giro del destino cruza su camino.

orden

- Ecos De Cenizas y Ónix

- El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno

- El Eclipse Del Tiempo: El Despertar Del Abierto Horizonte

- Eclipse Del Tiempo: El Umbral Del Amanecer

NovelToon tiene autorización de Yelina Lopez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Secreto Del Acantilado

El fin de semana llegó a Oakhaven acompañado de un cielo plomizo y un viento helado que azotaba con fuerza los acantilados rocosos ubicados en la periferia oeste del pueblo. Era un paraje solitario y desolado, donde las olas del océano rompían con violencia contra las formaciones de piedra oscura, generando una bruma salina que se adhería a la piel como una segunda capa de hielo. Para los humanos, era una zona peligrosa y prohibida durante las tormentas; para la familia Draconis, representaba un terreno de soledad absoluta donde podían moverse con total libertad sin temor a ser observados.

Onyx caminaba solo por los senderos de piedra resbaladiza, con las manos profundamente enterradas en los bolsillos de su abrigo oscuro. Su mente era un torbellino de contradicciones. Las palabras de Aethelgard y Nyxandra resonaban en su memoria como un eco persistente, recordándole las reglas milenarias de su especie. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Lyra en la biblioteca del instituto, con su sonrisa tímida y su curiosidad insaciable, eclipsaba por completo cualquier advertencia sobre el peligro inminente.

Un crujido repentino en la maleza seca situada al borde del sendero superior hizo que Onyx se detuviera en seco. Sus sentidos se agudizaron al instante, aislando el estruendo del mar para captar cualquier frecuencia extraña en el aire. No era el viento ni la fauna habitual del acantilado; era un rastro sutil, un pulso humano que se encontraba peligrosamente cerca de la zona de riesgo.

Girando con rapidez, Onyx se deslizó por entre las rocas hasta alcanzar una plataforma elevada que dominaba el abismo. A unos treinta metros de distancia, aislada en la parte más alta del mirador natural, una figura solitaria luchaba contra las ráfagas de viento que amenazaban con desequilibrarla. Era Lyra. Llevaba puesta una chaqueta gruesa de invierno, con la capucha levantada para protegerse del frío, y sostenía una pequeña libreta en las manos, intentando anotar algo mientras observaba el paisaje tormentoso.

Onyx sintió que el corazón metafórico en su pecho se detenía por completo. ¿Qué demonios hacía ella en un lugar tan solitario y peligroso un sábado por la mañana, lejos de la seguridad del pueblo?

Con una velocidad que desafiaba las leyes de la física, Onyx cruzó la distancia que los separaba en una fracción de segundo, materializándose junto a ella antes de que una repentina ráfaga de viento pudiera hacerla tropezar hacia el vacío del acantilado.

—¡Lyra! —exclamó Onyx con una urgencia inusitada, sujetándola firmemente por los hombros para mantenerla alejada del borde.

Lyra dejó escapar un grito ahogado de sorpresa al sentir la repentina y fría proximidad de su cuerpo, girándose de golpe con los ojos abiertos de par en par. Al reconocer el rostro de Onyx bajo la capucha oscura, la tensión en su expresión dio paso a una mezcla de asombro y alivio.

—Onyx... ¿Qué haces aquí? —balbuceó ella, intentando recuperar el aliento mientras el viento sacudía su cabello alrededor de su rostro—. Este lugar es... me diste un susto terrible. Apareciste de la nada.

—Este lugar es extremadamente peligroso para estar sola un día de tormenta —respondió Onyx con voz firme, manteniendo sus manos sobre los hombros de Lyra con una firmeza protectora que apenas lograba disimular la agitación en su interior—. Las rocas están resbaladizas y el viento puede arrastrarte al vacío en cuestión de segundos. ¿En qué estabas pensando al venir aquí sin compañía?

—Quería... necesitaba un momento de tranquilidad para pensar —respondió Lyra en un tono más bajo, bajando la mirada hacia la libreta que sostenía entre las manos—. En casa hay demasiadas preguntas sin respuesta, y este lugar siempre me ha parecido... liberador. No sabía que alguien más frecuentaba estos acantilados.

Onyx la observó en silencio, sintiendo cómo la cercanía de su pulso acelerado desafiaba todas las leyes de su propia naturaleza. Comprendió en ese instante que, por mucho que intentara mantener las distancias y proteger el secreto milenario de su familia, la frontera entre su mundo y el de ella ya había desaparecido para siempre.

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1
Dora Guzman Pacherres
Será su pareja y por eso el reacciona de esa manera.
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