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El Último Refugio De Las Montañas De Gangwon

El Último Refugio De Las Montañas De Gangwon

Status: En proceso
Genre:Aventura / Apocalipsis / Fantasía LGBT
Popularitas:150
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Durante diecisiete años, Woo-jin ha vivido sin salir casi nunca de su propiedad, cumpliendo cada enseñanza y promesa que le dejó su padre antes de fallecer: cuida los huertos, prepara remedios con hierbas de la zona, mantiene las defensas y nunca revela que puede transformarse. Cree que el mundo sigue igual hasta que empieza a ver humo en el horizonte, encuentra animales muertos con marcas extrañas y descubre visitantes que no deberían estar ahí. Al abrir por fin la zona sellada del sótano, lee los informes completos: el virus de la Niebla Gris se extendió hace meses, la corporación Hanbiotech busca apoderarse de su investigación y él lleva todo este tiempo completamente aislado sin saberlo. Ahora deberá poner a prueba todo lo que aprendió, usar su secreto por primera vez y proteger su hogar con sus propias manos.

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Capítulo 24: La voz que rompe el silencio

La explanada donde se alzaba la antena era un terreno despejado, azotado por un viento que aullaba como si el cielo mismo estuviera llorando. La estructura de metal se elevaba más de treinta metros hacia el cielo gris, sus cables y antenas secundarias vibrando violentamente con cada ráfaga, y en su base había una pequeña sala de control construida con hormigón reforzado y puerta blindada. Woo-jin se apoyó unos instantes contra la pared exterior, intentando recuperar el aliento y calmar el temblor de sus manos mientras apretaba contra su pecho el viejo reloj de bolsillo que Ji-won le había entregado momentos antes de quedarse atrás. Detrás de él, el ruido de la batalla se había ido apagando poco a poco hasta desaparecer por completo, y ese silencio repentino era mucho más aterrador que cualquier grito o estruendo: significaba que Ji-won ya no estaba luchando. Significaba que ya no estaba en absoluto.

Cerró los ojos un segundo, tragó el nudo que tenía atorado en la garganta y sacó del bolsillo la memoria de datos que Joon-ho le había dado en los lagos altos, junto con todos los archivos, mapas y pruebas que había reunido durante todo este tiempo. Respiró hondo, introdujo la llave que Young-sook le había entregado antes de salir del refugio y abrió la puerta de la sala de control. El interior estaba en penumbra, iluminado solo por las luces intermitentes de las pantallas y los paneles de instrumentos. En el centro había una consola principal, y justo al lado, una caja metálica sellada con el emblema antiguo que su padre solía usar en sus pertenencias: allí estaban los códigos de activación y el mecanismo de autodestrucción del que le había hablado Ji-won.

Antes de hacer nada, revisó rápidamente los monitores de vigilancia: en las pantallas exteriores se veían las figuras restantes del Escuadrón Negro avanzando lentamente hacia la cima, y en el radar aparecían seis puntos grandes que se acercaban a gran velocidad desde el sur: los helicópteros de Hanbiotech con el gas concentrado del Protocolo Limpieza Total. La cuenta regresiva marcaba dos horas y cuarenta minutos. Si no lograba transmitir todo antes de que llegaran, no habría ninguna oportunidad más.

Se sentó frente a la consola, introdujo los códigos que recordaba de los cuadernos de su padre y esperó a que el sistema se iniciara. Mientras cargaba los archivos, su mente voló hacia cada persona que había conocido y perdido: la calidez de su padre enseñándole a leer los mapas, la valentía temeraria de Min-joon, la tristeza silenciosa de la señora Han y la inocencia de Dong-min, la sabiduría tranquila de Kang Soo-jin, la dedicación de Choi Dae-jung, la bondad de Lee Soo-ah, el coraje de Ryu Tae-oh, la inteligencia de Joon-ho, la fortaleza de Hae-won, la sabiduría de la abuela Seo, el sacrificio de Kim Chul-min, la protección de Yoon Mi-rae, la dulzura de Ye-eun, la lealtad de Moon Young-sook… y ahora, la última mirada de Ji-won. Todos ellos estaban presentes en cada archivo, en cada prueba, en cada palabra que estaba a punto de enviar al mundo entero.

De repente, una alarma aguda comenzó a sonar: los sistemas detectaban movimiento muy cerca de la entrada. Woo-jin se giró de un salto y tomó su arco, justo cuando la puerta se sacudía violentamente por golpes desde afuera. Las Sombras de Niebla que habían sobrevivido a la pelea con Ji-won habían seguido su rastro hasta allí. Sabía que si se quedaba en su forma habitual, sería más fácil de acorralar y menos ágil para esquivarlas. Rápidamente se ocultó detrás de una estantería de equipos, permitió que su cuerpo hiciera el cambio hacia su apariencia femenina, tomó sus armas y se preparó para defender la transmisión con todo lo que tenía.

Cuando la puerta cedió y las formas oscuras comenzaron a entrar, Woo-jin se movió con una agilidad y un sigilo que habrían sido imposibles de otra manera: se deslizaba entre las sombras de la propia sala, esperaba el instante exacto en que las criaturas se volvían sólidas y disparaba sus flechas empapadas en la mezcla de fuego puro, o las atacaba con su espada corta en los momentos de mayor confusión. Luchó no solo con fuerza física, sino con toda la destreza que su padre le había enseñado, usando el entorno a su favor, bloqueando puertas parcialmente con equipos pesados, guiándolas hacia zonas donde la luz de las pantallas las debilitaba más. Fue una batalla desigual y extenuante: cada golpe que recibía, cada segundo que perdía, sentía que se lo debía a quienes ya no estaban.

Finalmente, logró repeler o destruir a todas las criaturas, pero no salió ileso: tenía cortes profundos en los brazos y una herida en el costado que le ardía con cada movimiento. Volvió corriendo a la consola justo cuando el sistema anunciaba que los archivos estaban listos para enviarse. Con manos temblorosas pero firmes, conectó la memoria de Joon-ho, cargó todos los informes médicos, los registros de los experimentos ilegales, las coordenadas de las instalaciones de Hanbiotech, las pruebas de que el virus había sido creado en laboratorio y la orden oficial del Protocolo Limpieza Total. Luego, activó la transmisión de emergencia de alcance global.

—Esta es la verdad —susurró mientras presionaba la tecla final—. Escúchenme todos.

La voz de Woo-jin comenzó a salir por cada frecuencia posible: radios, canales de comunicación, redes de emergencia, señales de televisión y teléfono en todo el mundo. Contó quién era, qué había sucedido en las montañas de Gangwon, cómo la corporación había jugado con vidas humanas, cómo el desastre no había sido un accidente sino un plan malvado que se les había escapado de las manos, y cómo ahora planeaban borrar cualquier rastro de su culpa matando a miles de supervivientes. No ocultó nada: ni sus propias capacidades, ni el linaje que llevaba, ni el hecho de que él era lo que realmente buscaban. Fue claro, directo y desgarrador, hablando no como un sujeto de experimento, sino como un ser humano que había perdido todo y que ya no tenía nada que temer.

Mientras hablaba, vio en las pantallas cómo los helicópteros reducían la distancia: ya estaban a menos de diez minutos de vuelo. También vio que la transmisión estaba funcionando: miles de señales de confirmación llegaban de todas partes del mundo, indicando que el mensaje se estaba recibiendo y difundiendo. La verdad ya no les pertenecía a ellos: ahora era de todos.

Cuando terminó de hablar, se quedó un momento en silencio mirando la pantalla. Sabía que esto no era el final de la guerra, pero sí era el final de su silencio. Hanbiotech ya no podría actuar en la oscuridad sin que nadie supiera lo que hacían. Al menos esa parte de la misión estaba cumplida.

Se giró hacia la caja de metal donde estaba el mecanismo de autodestrucción, pero antes de decidir qué hacer, escuchó un ruido de pasos firmes detrás de él. Se dio la vuelta de un salto con la espada en la mano: en la entrada estaba el líder del Escuadrón Negro, un hombre alto con el rostro parcialmente cubierto por una máscara táctica rota, que lo miraba con una mezcla de respeto y crueldad.

—Lo has hecho —dijo con voz grave—. Has difundido todo. Pero no creas que eso te salvará. Tú eres nuestro objetivo principal, y te llevaremos con nosotros vivo o muerto.

Woo-jin apretó el mango de su espada y dio un paso al frente. Ya no tenía nada que perder, y mucho menos nada que temer.

—Entonces ven a buscarme —respondió con una voz fría y resuelta—. Pero ten por seguro que no me entregaré sin pelear hasta el último aliento.

Mientras el enemigo avanzaba hacia él, Woo-jin miró por última vez la pantalla que seguía mostrando la transmisión activa, y luego miró hacia la ventana donde se veían las luces de los helicópteros acercándose en la distancia. Quedaba el último capítulo, la batalla definitiva, y sabía que cuando todo terminara, el mundo que conocía ya no existiría. Pero también sabía que, pase lo que pase, la verdad ya había salido a la luz. Y eso era lo único que importaba.

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😈 Hunter. 😈
¡Me encantó!
¡Quiero más capitulos!. 🥰
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