NovelToon NovelToon
LA JAULA DE ESMERALDA

LA JAULA DE ESMERALDA

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro
Popularitas:923
Nilai: 5
nombre de autor: NATALIA ORTEGA

El huracán le quitó su casa, pero él le quitó su libertad. Esmeralda vive encerrada en una jaula de oro, prisionera del hombre que dice amarla. Entre mentiras, tormentas y secretos, deberá elegir: morir en silencio o destruir todo para ser libre. ¿El amor puede doler tanto como una prisión?


.Confirmo que soy la autora, la autora de esta obra y poseo todos los derechos de autor,

.Estoy de acuerdo con los terminos de MangaToon.

NovelToon tiene autorización de NATALIA ORTEGA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

2.LOS BARROTES DE ORO

“Bienvenida a casa, Esmeralda.

Esta es tu jaula.

Y yo soy el único que tiene la llave.

— Emiliano de la Rosa.

El papel en mi mano temblaba tanto como yo.

Lo arrugué hasta que mis uñas se clavaron en la palma. La tinta negra se corrió con el sudor frío. Quería gritar, pero el aire no me alcanzaba. Esta no era una habitación. Era una celda de lujo.

Las sábanas de seda se sentían como una mortaja. Me levanté de golpe y el vértigo me hizo tambalear. Corrí a la ventana. Dos pisos de altura. Abajo, jardines perfectos que parecían de revista. Y al final del césped, una reja de hierro negro, tan alta que desaparecía entre los árboles.

Y los barrotes. Los barrotes de la ventana eran gruesos, pintados de dorado. Un chiste cruel. Barrotes de oro para la prisionera.

“¡Auxilio!”, grité con la garganta en carne viva. Golpeé el cristal. “¡Hay alguien aquí! ¡Me tienen encerrada!”

Nada. Solo el silencio de una casa demasiado grande y demasiado vacía. El huracán seguía rugiendo afuera, pero aquí adentro, el sonido llegaba amortiguado, irreal. Como si el mundo real ya no existiera.

Mi madre. El recuerdo me golpeó como otro pedazo de lámina en el parabrisas. “Tu madre firmó, Esmeralda.” Corrí a la puerta y la sacudí. Cerrada. Por fuera. Puse el oído. Pasos. Tacones. Lentos, seguros, acercándose.

La puerta se abrió.

No era Emiliano. Era una mujer de unos cincuenta años, con uniforme gris impecable y el cabello recogido en un chongo tan tirante que le estiraba la piel de la cara. No sonrió. Solo me miró de arriba a abajo, como si inspeccionara un mueble nuevo.

“El señor de la Rosa ordena que te asees”, dijo con una voz que no tenía ninguna emoción. “El baño está por ahí. Hay ropa en el vestidor. Tienes veinte minutos.”

“¿Quién es usted? ¿Dónde estoy? Mi madre... mi madre me está buscando”, las palabras me salieron a tropel, desesperadas.

La mujer ladeó la cabeza. “Soy Marta. La ama de llaves. Y no, niña. Tu madre no te busca. El señor de la Rosa liquidó sus deudas. Todas. A cambio de ti. Deberías estar agradecida.”

Agradecida. La palabra me supo a veneno. Mi propia madre me había entregado. Por dinero. El recuerdo del papel firmado me quemó en la mano. Lo dejé caer al suelo.

“¿Y qué va a hacer conmigo?”, pregunté, y odié lo pequeña que sonó mi voz.

Marta por fin esbozó algo parecido a una sonrisa. Fue peor que si no lo hubiera hecho. “Lo que hace con todas sus cosas bellas, niña. Guardarlas. Cuidarlas. Y asegurarse de que nadie más las toque.”

Se dio la vuelta para irse.

“¡Espere!”, grité. “¿Cuándo... cuándo lo voy a ver?”

Ella se detuvo en el umbral, sin voltear. “El señor de la Rosa cena a las ocho en punto. Quiere que bajes. Quiere verte con el vestido rojo.”

La puerta se cerró. El clic de la llave al girar me confirmó que seguía siendo una prisionera.

Veinte minutos. Un vestido rojo. Una cena a las ocho.

Caminé hasta el vestidor con las piernas de gelatina. Lo abrí. Decenas de vestidos colgaban en silencio. Todos de mi talla. Todos caros. Todos nuevos. Al fondo, destacado, un vestido de seda roja. El color de la sangre. El color de una advertencia.

Lo toqué. La tela era fría.

Me lo puse porque no tenía opción. Me miré en el espejo de cuerpo completo. No me reconocí. La chica de diecisiete años que vendía dulces para ayudar a su mamá había muerto en ese huracán. La que me devolvía la mirada tenía los ojos vacíos y un vestido de jaula.

A las ocho en punto, la puerta se abrió sola.

Una voz desde las escaleras, profunda y helada, me llamó.

“Baja, Esmeralda.”

Era él. Y era hora de conocer a mi carcelero.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play