Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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Capítulo 2: El encuentro destinado
La capital del Imperio Cristal era tan deslumbrante como la recordaba.
Las calles estaban cubiertas por adoquines blancos que reflejaban la luz del sol, mientras enormes edificios de cristal se elevaban hacia el cielo como si hubieran nacido de la propia magia. Comerciantes de todas las razas llenaban las avenidas con sus puestos: joyas encantadas, pociones, armas rúnicas, frutas de colores imposibles y pequeñas criaturas mágicas que servían como mascotas.
Alisa caminaba junto a su padre observando todo con una sonrisa.
Aunque había visitado la capital en varias ocasiones, nunca dejaba de sorprenderse.
—Padre, ¿de verdad los duendes venden relojes capaces de detener el tiempo por unos segundos? —preguntó con curiosidad.
El barón Harold soltó una risa.
—Si lo hicieran, todos los nobles ya tendrían uno.
—Entonces era publicidad engañosa...
—Los comerciantes siempre exageran un poco.
Ambos continuaron caminando hasta llegar al distrito comercial.
Allí los esperaba un grupo de mercaderes importantes.
—Alisa, dame unos minutos. Debo hablar con ellos sobre la llegada de una nueva ruta comercial desde el Reino Élfico.
La joven asintió.
—No se preocupe, padre. Solo miraré algunos puestos.
—No te alejes demasiado.
—Lo prometo.
El barón sonrió antes de reunirse con los demás comerciantes.
Alisa comenzó a caminar lentamente entre la multitud.
Un hada ofrecía pequeñas flores luminosas.
Un anciano enano mostraba armaduras imposibles de perforar.
Dos niños perseguían un pequeño zorro de nueve colas que escapaba riendo.
La joven observaba todo con la emoción de una niña.
—Este mundo nunca deja de sorprenderme...
Sin darse cuenta comenzó a alejarse del lugar donde había quedado con su padre.
Mientras avanzaba, algo llamó su atención.
Una pequeña librería escondida entre dos edificios.
No tenía letreros llamativos ni vitrinas elegantes.
Solo una vieja puerta de madera con un pequeño cristal azul colgando sobre ella.
Alisa sintió curiosidad.
—No recuerdo haber visto esta librería antes...
Empujó la puerta.
Un pequeño tintineo anunció su llegada.
El aroma a pergamino antiguo y tinta llenó inmediatamente el lugar.
Las enormes estanterías llegaban casi hasta el techo.
Había libros por todas partes.
Mapas.
Bestiarios.
Manuales de magia.
Crónicas imperiales.
Incluso algunos pergaminos escritos en lenguas antiguas.
Los ojos de Alisa brillaron.
—Este lugar es un paraíso...
Un anciano apareció detrás del mostrador.
Tenía una larga barba blanca y unas pequeñas gafas redondas.
—Bienvenida, jovencita.
—Buenos días.
—Puedes mirar cuanto quieras. Los libros siempre encuentran a quien debe leerlos.
Aquella frase le pareció extraña.
Pero sonrió con educación y comenzó a recorrer los pasillos.
Tomó varios libros.
"Historia del Reino Élfico."
"Las Bestias Sagradas."
"Los Dragones del Continente Oriental."
Todos eran interesantes.
Sin embargo...
En la última estantería, completamente cubierta de polvo, había un único libro.
Era negro.
Su portada estaba desgastada por el tiempo.
No tenía ilustraciones.
Solo un título escrito con letras plateadas.
Alisa sintió que su respiración se detenía.
—No... puede ser...
Con manos temblorosas tomó el libro.
Las palabras seguían allí.
"El beso del villano."
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Era imposible.
Ese era el nombre de la novela que había leído antes de morir.
La misma historia.
El mismo título.
Incluso la tipografía era idéntica.
—¿Cómo...?
Abrió rápidamente el libro.
Las primeras páginas estaban completamente en blanco.
Pasó otra.
Y otra.
Nada.
Todo el libro estaba vacío.
—¿Qué significa esto?
—Curioso, ¿verdad?
Alisa levantó la cabeza.
El anciano la observaba desde el mostrador.
—Ese libro lleva muchos años aquí.
—¿Está... vacío?
—Para la mayoría de las personas, sí.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué quiere decir con eso?
El anciano sonrió de manera misteriosa.
—Los libros también tienen memoria.
Antes de que pudiera hacer otra pregunta, un grupo de clientes entró en la tienda.
Cuando volvió a mirar hacia el mostrador...
El anciano ya no estaba.
Como si hubiera desaparecido.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Sin comprender lo ocurrido, dejó cuidadosamente el libro en su lugar y salió de la librería.
—Debo regresar con mi padre...
Mientras caminaba apresurada entre la multitud, seguía pensando en aquel extraño libro.
No prestaba atención al camino.
Hasta que...
¡Pum!
Chocó contra alguien.
Los libros que llevaba entre las manos cayeron al suelo.
—¡Lo siento!
Se agachó rápidamente para recogerlos.
Otra mano tomó uno de los libros antes que ella.
Alisa levantó la mirada.
Frente a ella había un joven extraordinariamente apuesto.
Cabello negro como la noche.
Piel tan clara como la nieve.
Vestía un elegante abrigo oscuro adornado con discretos bordados plateados.
Pero lo que más llamó su atención fueron sus ojos.
De un intenso color rojo carmesí.
Parecían contener un fuego imposible de apagar.
Por un instante...
El mundo entero desapareció.
Alisa sintió un extraño calor recorrer su pecho.
Su corazón latía con tanta fuerza que creyó que él podía escucharlo.
Era una sensación desconocida.
No era miedo.
Tampoco tranquilidad.
Era algo mucho más profundo.
Como si una parte de su alma hubiera reconocido a la persona frente a ella.
El joven también permanecía inmóvil.
Observándola.
Con una expresión completamente inexpresiva.
—Disculpe... —murmuró Alisa, recuperando el libro.
Él no respondió.
Solo continuó mirándola.
Aquellos ojos rojos parecían analizar cada detalle de su rostro.
Ella desvió la mirada, hizo una pequeña reverencia y se alejó rápidamente.
—Qué extraño...
Se llevó una mano al pecho.
¿Por qué seguía sintiendo que su corazón no quería calmarse?
Al otro lado de la calle, el joven continuaba observándola mientras desaparecía entre la multitud.
Un hombre de cabello gris apareció detrás de él.
—Su Alteza.
El joven no respondió.
—Debemos regresar al palacio.
Silencio.
—¿Ocurrió algo?
Los ojos rojos permanecían fijos en la dirección donde había desaparecido Alisa.
Después de varios segundos habló con una voz tranquila.
—¿Quién era ella?
El anciano frunció el ceño.
—Solo parecía una joven noble.
El muchacho bajó lentamente la mirada hacia la palma de su mano.
Aún podía sentir el leve contacto de los dedos de aquella desconocida.
Algo que jamás había experimentado.
Una emoción completamente ajena para él.
Cerró la mano lentamente.
Sin que nadie pudiera verlo, una diminuta escama negra apareció por un instante sobre su muñeca antes de desaparecer.
—Investígala.
El anciano abrió los ojos con sorpresa.
—¿Desea conocer su identidad?
—Sí.
Por primera vez en muchos años...
Algo había despertado el interés del heredero del Clan de los Dragones Negros.
Y, sin saberlo, el hombre que el continente entero llegaría a conocer como el villano, acababa de encontrar a la única persona capaz de cambiar su destino.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/