Holaaa regrese con una nueva hosyrtoa que espero que les encante
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14
La barca avanzó en silencio hasta tocar suavemente la orilla opuesta.
El anciano clavó el remo en el fondo del río y la embarcación quedó completamente inmóvil.
Durante unos segundos nadie descendió.
El único sonido era el de la corriente golpeando las rocas.
Asterion fue el primero en bajar.
Recorrió el lugar con la mirada.
No percibía ninguna amenaza inmediata.
Entonces extendió una mano hacia Laira.
Ella la observó un instante.
Sonrió con timidez y aceptó la ayuda para descender de la barca.
Apenas sus pies tocaron tierra firme, el anciano habló.
—Muchacha.
Laira volvió la cabeza.
El viejo la observaba con una seriedad que no había mostrado hasta ese momento.
—Escúchame bien.
Ella asintió.
—No te alejes de él.
La joven miró a Asterion y luego otra vez al anciano.
—¿Tan peligroso es?
El anciano negó lentamente.
—No me refiero al bosque.
Ni al río.
Ni a las criaturas que acabas de ver.
Su mirada se perdió durante un instante en los árboles del otro lado.
—Hay cosas mucho más antiguas que ya saben que has despertado.
Y si llegan a encontrarte antes de que descubras quién eres...
No tendrás oportunidad de defenderte.
Laira tragó saliva.
Por primera vez desde que comenzó el viaje sintió el verdadero peso de aquellas palabras.
No estaba viviendo una aventura.
Alguien realmente la perseguía.
Y no sabía por qué.
El anciano sonrió con tristeza.
—Por ahora...
Permanece cerca del Archimago.
Es el único al que esas criaturas todavía temen.
Laira volvió a mirar a Asterion.
Él permanecía tan serio como siempre.
Pero, por alguna razón, aquellas palabras le transmitieron una inesperada sensación de seguridad.
—Lo haré.
El anciano empujó lentamente la barca hacia la orilla.
Antes de subir, Asterion dio un paso al frente.
—Aún no has respondido mi pregunta.
El viejo lo observó en silencio.
—¿Qué más sabes?
La sonrisa desapareció del rostro del barquero.
—Más de lo que debería.
Menos de lo que quisiera.
Asterion esperó.
—La caída de Elyndor no fue una guerra.
Fue una traición.
Alguien abrió las puertas del palacio desde dentro.
Los antiguos reyes no fueron derrotados por falta de poder...
Sino porque confiaron en la persona equivocada.
El Archimago permaneció inmóvil.
Aquello coincidía con viejos rumores que había escuchado siglos atrás.
Pero nunca existieron pruebas.
El anciano continuó.
—Si buscas respuestas...
No las encontrarás en los libros.
Las hallarás en las ruinas donde comenzó todo.
Asterion entrecerró los ojos.
—¿Las ruinas aún existen?
El anciano sonrió de forma enigmática.
—Las ciudades desaparecen.
Los reinos caen.
Pero la memoria de la tierra nunca olvida.
Después tomó el remo.
—Y una última cosa, Archimago.
Asterion guardó silencio.
—No intentes proteger únicamente a la muchacha.
Protege también el corazón que todavía conservas.
Porque habrá un día en que tendrás que elegir entre ambos.
Aquellas palabras hicieron que el aire pareciera más pesado.
Asterion no respondió.
No porque no quisiera.
Sino porque no comprendía su significado.
Un rugido estremeció el valle.
Mucho más fuerte que el anterior.
Laira giró de inmediato hacia la otra orilla.
Los árboles comenzaron a moverse violentamente.
Las aves escaparon formando una nube negra sobre el bosque.
Algo enorme caminaba siguiendo el curso del río.
Buscando un paso.
Buscando una forma de cruzar.
El anciano frunció el ceño.
—Ya no tardará mucho.
Asterion observó el horizonte.
La criatura aprendía.
Y eso la hacía todavía más peligrosa.
La barca comenzó a alejarse lentamente.
Laira levantó una mano para despedirse.
—¡Gracias por ayudarnos!
El anciano respondió con una leve inclinación de cabeza.
No sonreía.
Simplemente los observaba marcharse.
Como si supiera que acababa de ver por última vez a dos personas destinadas a cambiar el mundo.
El bosque volvió a envolverlos.
Caminaron varios minutos sin hablar.
Finalmente Laira rompió el silencio.
—¿Falta mucho para la Torre?
Asterion respondió sin dejar de caminar.
—Dos días.
Ella dejó escapar un largo suspiro.
—Pensé que ya casi llegábamos.
Él desvió apenas la mirada hacia ella.
—¿Estás cansada?
Laira sonrió.
—Un poco.
Pero tengo curiosidad.
—¿Sobre qué?
—Sobre la Torre.
¿Cómo es?
¿Es enorme?
¿Todos los magos viven ahí?
¿Hay una biblioteca?
¿Tiene jardín?
¿Hay estudiantes?
Las preguntas comenzaron a salir una tras otra.
Asterion permaneció en silencio durante unos segundos.
Después respondió con una paciencia que ni él mismo sabía que tenía.
—Sí.
Es enorme.
Hay una biblioteca.
También jardines.
Y algunos estudiantes.
Laira sonrió satisfecha.
—Sabía que lograría hacerlo hablar más de tres palabras seguidas.
Asterion no respondió.
Aunque...
Por primera vez desde que inició el viaje...
Una diminuta curva apareció en la comisura de sus labios.
Tan pequeña...
Que ni siquiera Laira llegó a verla.
El camino continuó.
Y con él...
Los últimos dos días antes de que la verdad comenzara a salir a la luz.