Estar en la zona de amigos es vivir en el infierno disfrazado de confianza.
Layla ama en silencio a Alexander, su mejor amigo, pero para él ella es solo una hermana: nunca la verá con otros ojos. Mientras tanto, Ryan, el chico que parecía no tener corazón ni sentimientos, se cruza en su camino y pone su mundo patas arriba.
De repente nada es sencillo. Alexander empieza a cuestionarse si en realidad ha estado mirando a la persona equivocada todo este tiempo. Y Ryan está dispuesto a todo para demostrarle que, a veces, lo que buscas no está donde crees… sino justo frente a ti.
¿Seguirá esperando a quien nunca la verá, o se atreverá a tomar el riesgo de amar a quien sí la mira como nadie más?
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Cap 2: Corazones rotos
...Layla Morgan...
Su cercanía me erizó la piel. Se veía nervioso; no dejaba de mover las manos.
Entonces lo entendí.
El realmente está enamorado de ella, ¿por qué no me di cuenta antes? Hubiese intentado olvidarlo..., todos estos años pensando únicamente en él.
—Yo... eh... Madison...
Ciertamente no estaba lista para decirle.
—¿Te encuentras bien? Te vi bajar las escaleras corriendo. ¿Alguien te...?
—¡No! —lo interrumpí al notar la preocupación en su rostro—. Yo solo...
De pronto, los ojos de mi mejor amigo dejaron de prestarme atención y se fijaron en la chica rubia que bajaba las escaleras con una radiante sonrisa, como si nada hubiera pasado, y lo peor, es que no estaba sola. El tal Harry seguía con su sonrisa de superioridad, cogiendo la mano de Madison y robándose la mirada de muchas chicas.
¿Qué le veían a ese?
La expresión de Alexander cambió; sus ojos reflejaban desconcierto y decepción. La sonrisa encantadora que lo caracterizaba fue remplazada por una mueca.
¿Cómo de un momento a otro su estado de ánimo pudo cambiar?
Recuerdo haber escuchado que cuando la persona que quieres es feliz tú también lo eres y en este momento observando muy triste a él podía sentir su tristeza.
Nuestros amigos se fijaron en la pareja. Desde donde me encontraba podía oír como Karol y Rachel decían lo lindo que era, mientras que Nataniel, no podía ocultar la sorpresa que la inundaba, apuesto a que el nombre de su medio hermano le vino a la mente. Jack y Connor estrecharon la mano con Harry en un gesto amigable.
—¿Lo sabías? —espetó Alexander, apretando los puños.
Lo miré incrédula. Al darse cuenta de su tono, suspiró.
—Layla, yo...
—Me acabo de enterar —lo interrumpí—. Justamente te estaba buscando para contártelo.
Madison conectó su mirada con la mía, observé como daba tímidos pasos hacia nosotros y luego como Harry la detenía con un fugaz beso en los labios.
El rostro de mi amigo se desencajó. Los chicos al ver tal escena empezaron a silbar y aplaudir, abrazaban a ambos.
Mientras que él le quitó la bebida a un chico que pasaba por nuestro lado, para luego bebérsela sin siquiera respirar. Me sorprendí cuando lanzó el vaso vacío al suelo y salió de la casa empujando a toda persona que se atravesaba en su camino.
No lo pensé dos veces y corrí tras él, gritando su nombre para detenerlo. Los tacones no me ayudaban en nada por lo que decidí quitármelos y trotar para alcanzarlo.
— ¡Dios mío, Alexander! ¡¿Puedes parar?! —le grité en medio de la calle casi desierta.
Desde que lo conocí lo vi llorar una sola vez; cuando sus padres se divorciaron, no creí que volvería a ver sus ojos rojos e hinchados de nuevo. Él se caracterizaba por ser muy alegre, le gustaba bromear y hacer reír a los demás.
Solté mis tacones y corrí hasta quedar a solo centímetros de su rostro. Pasé mis manos por sus mejillas limpiando cualquier rastro de lágrima.
El dolor que sentía, era el mismo dolor que sentía yo.
Ambos no éramos correspondidos.
Sin siquiera limitarme a decirle palabra alguna, me lancé a sus brazos y no para consolarlo, sino para que él me consuele a mí, a pesar de que no lo sabía. Dolía no ser correspondido.
Alexander pasó sus brazos por mi espalda y yo por la suya, podía oler el perfume que se había puesto, recuerdo que era el que Madison le regaló por su cumpleaños.
Él no lo usaba porque decía que olía a chica, pero aquí está, usándolo, para impresionar a una chica a la que ya impresionaron.
Di por terminado el abrazo. Si seguía estando cerca, muy cerca, podría llegar a confesarle mis sentimientos.
—Gracias, ahora sé que estás conmigo —sus palabras me confundieron, siempre estuve con él, en todo momento y cuando me necesitaba—. A lo que me refiero es que estás conmigo ahora y no celebrando el hecho de que Madison tenga novio.
—Ni hablar. Además, ese Harry no me da buena espina.
—¿No?
—Para nada. Es un presumido.
Alexander soltó una risa breve.
—Hoy vine para festejar el cumpleaños de Madison, pero eso ya no pasó. Así que podemos festejar el tuyo.
Parpadeé.
Había olvidado por completo que mi cumpleaños era en tres días.
—¿Qué estás sugiriendo? —pregunté intrigada.
...“El problema de los corazones rotos es que nunca saben cuándo están a punto de volver a latir.”...
^^^Continuará…^^^