Rosalind Lancaster lleva diez años atormentada por una pesadilla que se repite una y otra vez.
Una boda.
Un hombre de ojos color malva.
Una noche de terror.
Y una muerte tan cruel que aún puede sentir el dolor al despertar.
Convencida de que aquellos sueños son recuerdos de una vida pasada, Rosalind ha jurado no volver a casarse jamás. Sin embargo, la presión de su familia aumenta cada día, y un matrimonio arreglado con un hombre mucho mayor parece inevitable.
Cuando su mejor amiga le propone un trato inesperado, Rosalind cree haber encontrado la solución perfecta: contraer un matrimonio temporal con Damien Blackwood, el frío y poderoso heredero de una de las familias más influyentes del país. Él necesita una esposa para reclamar un importante fideicomiso; ella necesita escapar de un destino que detesta.
Es un acuerdo simple.
Un año de matrimonio.
Sin amor.
Sin sentimientos.
Sin interferir en la vida del otro.
Pero convivir con Damien resulta mucho m
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 10
Damien
La cena de ensayo de una boda era, sin duda, una de las tradiciones más innecesarias jamás inventadas.
Especialmente cuando ni la novia ni el novio tenían interés alguno en casarse.
Y, sin embargo, allí estaba.
Sentado junto a Rosalind Lancaster.
Mi futura esposa.
Aquella idea seguía resultándome extraña.
Ella llevaba un vestido negro sencillo, elegante y perfectamente acorde con su personalidad.
Cuando apareció en el salón, varias personas giraron la cabeza para observarla.
No porque fuera escandaloso.
Sino porque destacaba.
Rosalind siempre destacaba.
Tomé una copa de vino.
—Pensé que usarías algo blanco.
Ella giró la cabeza hacia mí.
—Tu hermano cree que soy una bruja.
—Es que lo eres.
Sus ojos verdes se entrecerraron.
—Y tú eres un viejo amargado.
—Lo soy.
Rosalind rodó los ojos.
—Al menos eres consciente.
—Es una de mis pocas virtudes.
—Qué inspirador.
—Gracias.
—Era sarcasmo.
—Lo sé.
Aquella pequeña discusión duró apenas unos segundos, pero bastó para que ambos nos sintiéramos extrañamente cómodos.
Algo que me negaba a analizar demasiado.
La cena continuó.
Saludamos familiares.
Amigos.
Socios comerciales.
Personas que fingían estar felices por nosotros.
Rosalind sonreía constantemente.
Una sonrisa hermosa.
Y completamente falsa.
Yo tampoco estaba siendo sincero.
Pero al menos no sonreía.
Sus padres parecían encantados conmigo.
Los míos parecían encantados con ella.
Mi madre prácticamente la había adoptado.
Y la señora Lancaster parecía convencida de que yo era la única persona capaz de soportar a su hija.
No estaba seguro de si aquello era un cumplido.
---
—¿La casa de los sustos sigue siendo la opción número uno?
La miré.
—La villa Blackwood.
—La casa embrujada.
—No está embrujada.
—Eso es exactamente lo que diría un fantasma.
Suspiré.
—Ya está lista para nuestra llegada mañana.
Rosalind hizo una mueca de horror.
Aquello me hizo reír.
Una risa genuina.
Ella se quedó inmóvil.
—Oh.
—¿Qué?
—Sabes reír.
—A veces.
—Pensé que era un mito.
—Qué graciosa.
—Espero que una tía abuela decapitada tire de tus piernas por las noches.
—Muy considerado de tu parte.
—Siempre pienso en ti.
—Mentira.
—Obviamente.
Guardó silencio unos segundos.
Luego bajó la voz.
—Hay algo que debemos resolver.
—¿Qué ocurre?
—La noche de bodas.
Tomé un sorbo de vino.
—¿Qué sucede con ella?
—Tus empleados se darán cuenta de que no ocurrió nada.
—No necesariamente.
—Damien.
—Rosalind.
—Hablo en serio.
—Yo también.
Ella apoyó un codo sobre la mesa.
—Viktor podría intentar solicitar la anulación del matrimonio.
—No podrá.
—¿Y cómo estás tan seguro?
—Porque tenemos una solución sencilla.
—Te escucho.
—Rosa es tu dama de compañía de mayor confianza.
—Sí.
—Llévala contigo.
Rosalind parpadeó.
—¿Qué?
—Que duerma en la habitación contigua.
—Eso no responde nada.
—Rosa jamás ha revelado ninguno de tus secretos.
—Porque le pago bien.
—Perfecto.
—¿Perfecto?
—El dinero no es problema.
Ella me observó durante varios segundos.
—Qué arrogante.
—Qué observadora.
—Algún día te caerás de ese pedestal.
—Y tú estarás allí para celebrarlo.
—Con pastel.
—Lo suponía.
---
Nuestra conversación fue interrumpida por mi madre.
—¡Ustedes dos!
Ambos levantamos la vista.
—Necesitamos una fotografía familiar.
Rosalind y yo intercambiamos una mirada.
—Nos han encontrado.
—Es demasiado tarde para escapar.
Nos pusimos de pie.
Ella tomó mi brazo.
Naturalmente.
Como si lo hubiera hecho toda la vida.
Y durante un instante me sorprendió lo normal que parecía todo aquello.
Los fotógrafos comenzaron a acomodarnos.
Mi madre insistió en colocarnos en el centro.
Mi padre detrás.
Los Lancaster a los lados.
Los hermanos alrededor.
El flash iluminó la habitación.
Y por un segundo tuve la extraña sensación de que aquella imagen permanecería durante muchos años.
Más de los que imaginaba.
---
La fiesta terminó entrada la noche.
Los invitados comenzaron a retirarse.
Rosalind se marchó con su familia.
Y yo aproveché para buscar una copa de coñac.
Necesitaba silencio.
No lo encontré.
—Damien.
Reconocí la voz inmediatamente.
Stefan.
Me giré.
Fruncí el ceño.
—Hueles horrible.
Mi hermano estaba ligeramente ebrio.
—Eres un idiota con suerte.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo imaginé.
Stefan tomó una copa de una bandeja cercana.
—¿Sabes qué es lo peor?
—¿Tu personalidad?
—Rosalind te prestó atención.
Solté una carcajada.
—Eso es discutible.
—A mí me llamó por el nombre de nuestro padre.
—Fue divertido.
—No lo fue.
Tomé un sorbo.
—Lo superarás.
Sus ojos grises se endurecieron.
—No lo creo.
Aquello llamó mi atención.
Stefan jamás insistía en nada.
Jamás.
—Hermano...
—¿Qué?
—Estás exagerando.
—No.
—Sí.
—No tienes idea.
Su tono había cambiado.
Y por primera vez sentí algo incómodo.
Algo extraño.
—Stefan.
—¿Qué?
—Es una mujer.
—Precisamente.
El silencio cayó entre nosotros.
Observé su expresión.
Había rabia.
Frustración.
Y algo más.
Algo que no me gustó.
En absoluto.
—Si no consumes el matrimonio...
Lo miré fijamente.
—¿Qué?
Una sonrisa desagradable apareció en su rostro.
—La haré mía de cualquier forma.
El aire pareció enfriarse.
La copa dejó de moverse entre mis dedos.
—¿Qué acabas de decir?
Stefan sostuvo mi mirada.
—Escuchaste perfectamente.
Por primera vez en toda la noche dejé de sentir diversión.
Porque ya no parecía una simple rivalidad entre hermanos.
Porque por primera vez comprendí que Stefan no estaba hablando como un hombre despechado.
Estaba hablando como alguien obsesionado.
Y las obsesiones siempre terminaban mal.
Muy mal.
—Claro que consumaré el matrimonio —dije finalmente.
Vi cómo algo oscuro cruzaba por sus ojos.
Una emoción difícil de identificar.
Pero que no prometía nada bueno.
Stefan dejó la copa sobre una mesa.
Y se marchó sin decir una palabra más.
Yo permanecí inmóvil.
Observando cómo desaparecía por el corredor.
Y por primera vez desde que acepté aquel acuerdo con Rosalind...
Tuve la sensación de que el verdadero problema nunca había sido Viktor Wordwood.
Sino alguien mucho más cercano.
Alguien que compartía mi apellido.
Y que parecía dispuesto a destruir todo lo que se interpusiera en su camino.
Mañana sería mi boda.
Pero mientras observaba la puerta por donde Stefan había salido, una extraña certeza se instaló en mi mente.
Aquello apenas estaba comenzando.
en su propia casa, con su familia...
aquí hay un gatote bien encerrado... 😰😱😭
esto está de Lokos 😰😱
hay no que 💩😰😱