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Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Matrimonio arreglado / Amor eterno
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Valeria Grien y Maximiliano Starling no tienen absolutamente nada en común. Ella es una mujer de curvas generosas, caótica, expresiva y con una seguridad en sí misma que resulta magnética. Él es un hombre de negocios metódico, frío y un obsesivo del control que parece haber nacido con el traje puesto. Sin embargo, el destino —y el testamento de una abuela muy metiche— los obliga a tomar una decisión drástica: casarse y convivir bajo el mismo techo durante un año para no perder su herencia.
Dispuestos a sobrevivir al encierro sin matarse en el intento, firman un pacto inquebrantable con una regla de oro estricta: camas separadas y cero contacto físico. Todo marcha según el plan, entre discusiones domésticas y una tensión que echa chispas... hasta que una mañana Valeria se despierta con náuseas y una prueba con dos rayitas rosas en la mano.
¿El gran problema? Ella no sabe cómo pasó, y él, con su legendario autocontrol, muchísimo menos.

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CAPÍTULO 4: El día de la boda (Besos de mentira y sonrisas de odio)

El gran salón del hotel estaba decorado con una sobriedad que gritaba el apellido Starling en cada rincón. Flores blancas perfectas, mantelería de lino impoluto y una música de cámara que bien podía servir para un funeral de alta alcurnia. En las primeras filas, la madre de Maximiliano, una mujer que parecía sostener la respiración desde 1995, miraba el altar con una mezcla de resignación y superioridad. Toda la familia de él esperaba ver entrar a una novia tradicional, sumisa y apagada, dispuesta a encajar en el molde rígido de su apellido.

Entonces las puertas se abrieron, y Valeria Grien decidió que la discreción estaba sobrevalorada.

Apareció como un torbellino de luz, enfundada en un vestido de encaje que no intentaba ocultar absolutamente nada. Al contrario, el diseño abrazaba sus curvas generosas con un orgullo desafiante, marcando su cintura y cayendo sobre sus caderas de una manera que hizo que más de un invitado de etiqueta soltara el aire de golpe. Caminaba con la cabeza alta, una sonrisa radiante y la seguridad de quien sabe que acaba de romper todas las reglas estéticas del clan Starling.

En el altar, Maximiliano se quedó congelado. Su postura recta flaqueó por una milésima de segundo y sus ojos grises se abrieron de par en par. La mandíbula casi se le cae al piso al ver la absoluta belleza exuberante que avanzaba hacia él. Rápidamente, parpadeó con fuerza, carraspeó y se llevó una mano al rostro, fingiendo una total indiferencia.

—¿Te encuentras bien, Maximiliano? —le susurró su madre desde la primera fila, con los ojos entrecerrados al ver el escote de la novia.

—Sí, perfectamente —mintió él, con la voz un poco ronca—. Creo que me entró una basurita en el ojo. El polvo de este salón es inaceptable.

A unos metros, camuflados entre la marea de trajes oscuros, Alma y Gabriel contenían las risas detrás de sus copas de champán. Gabriel agitaba su abanico a la velocidad de la luz, completamente deslumbrado por la escena.

—Por favor, miren al novio —susurró Gabriel, codeando a Alma—. El rey del hielo se está derritiendo y ni siquiera ha empezado la ceremonia. Hija mía, mira lo que es ese hombre de perfil. Ese traje de etiqueta le queda que es un pecado de la Iglesia católica. Si Valeria no le hace los honores en esa luna de miel de mentira, juro que me meto yo en esa cama de contrabando. ¡Está para chuparse los dedos!

—Cállate, Gabriel, que nos van a echar —lo regañó Alma, aunque se moría de la risa—. Mírala a ella. La que decía que prefería tragarse un sapo antes que caminar hacia un altar. Mírala ahí, firmando su sentencia de muerte con una sonrisa de pasarela. El karma no corre, vuela.

Cuando Valeria finalmente llegó al altar, se colocó frente a Maximiliano. El perfume dulce y floral de ella invadió el espacio personal del empresario, rompiendo su burbuja de pulcritud. Se miraron fijamente, dos guerreros listos para la batalla final, vestidos para una fiesta de gala.

El juez de paz comenzó el discurso reglamentario sobre el matrimonio, el respeto mutuo y el apoyo incondicional. Pero entre los novios, el diálogo era una historia completamente diferente. Manteniendo las sonrisas más perfectas y ensayadas del mundo para los fotógrafos de la prensa que disparaban los flashes desde los laterales, empezaron a hablar entre dientes.

—Te pasaste con el vestido, Grien —murmuró Maximiliano, sin dejar de sonreír como un maniquí—. Esto es una boda formal, no un carnaval. Mi madre casi sufre un síncope cardíaco en la tercera fila.

—Tu madre necesita un buen plato de carbohidratos para aflojar esa cara, Starling —respondió Valeria, ensanchando su sonrisa para un fotógrafo que se acercó—. Y mi vestido es una obra de arte. Deberías agradecerme que le traje un poco de vida a este funeral que llamas boda. Por cierto, si vuelves a pisarme la cola del vestido, te clavo el tacón en el zapato.

—Es una amenaza interesante para alguien que está a punto de jurarme fidelidad eterna ante la ley.

—Es una promesa, mi amor —susurró ella con un tono peligrosamente dulce.

—¿Maximiliano Starling, acepta usted a Valeria Grien como su legítima esposa? —preguntó de pronto el juez, interrumpiendo el duelo verbal.

Maximiliano miró al juez y luego a Valeria. Sus ojos grises brillaron con la fría determinación de quien está cerrando el negocio más difícil de su carrera.

—Acepto —declaró, con una voz firme que resonó en todo el salón.

—¿Valeria Grien, acepta usted a Maximiliano Starling como su legítimo esposo?

Valeria miró la perfecta corbata de lazo de Maximiliano, respiró hondo y pensó en las acciones de la constructora.

—Acepto —dijo, clavando sus ojos en los de él.

—Los declaro unidos en matrimonio. Puede besar a la novia.

El momento del juicio final había llegado. La prensa se agolpó al frente de la baranda protectora. Maximiliano sabía que un roce frío o un beso en la mejilla levantaría sospechas de inmediato ante los abogados de la abuela, arruinando el plan. Valeria pensó exactamente lo mismo. Tenían que actuar.

Él dio un paso al frente y la tomó de la cintura, esta vez sin la rigidez de la sesión de fotos, sino con una firmeza imprevista que la arrastró hacia su cuerpo. Valeria apoyó las manos en sus hombros, sosteniéndole la mirada desafiante hasta el último milímetro. Maximiliano bajó la cabeza y la besó.

Se suponía que debía ser un beso rápido, un choque de labios meramente profesional para cumplir con el protocolo y darles la foto perfecta a los periódicos del día siguiente. Pero en cuanto sus bocas se tocaron, la teoría se fue directo a la basura. La rigidez de él chocó contra la suavidad de ella, y una descarga de electricidad pura y violenta los recorrió a los dos de la cabeza a los pies. El beso se extendió un segundo más de lo planeado; los labios de Maximiliano se presionaron con una intensidad inesperada y Valeria, atrapada por la sorpresa, le devolvió el contacto con una fuerza que la dejó sin aliento.

Cuando se separaron, ambos estaban temblando imperceptiblemente. Valeria tenía las mejillas encendidas y los ojos abiertos por el desconcierto. Maximiliano dio un paso atrás, ajustándose la chaqueta del traje con manos ligeramente torpes, con una expresión de profunda molestia y confusión en el rostro. Estaban furiosos. Furiosos con la prensa, con la herencia, pero sobre todo, enojados consigo mismos por haber sentido que el mundo se movía bajo sus pies con un simple beso de mentira.

Tres horas de fiesta, discursos aburridos y brindis hipócritas después, la tortura finalmente terminó.

Llegaron a la casa nueva pasadas las dos de la mañana, arrastrando los pies del cansancio extremo. El lugar era una residencia moderna, de líneas rectas y frías que reflejaban perfectamente los gustos de Maximiliano, aunque ya había un par de maletas gigantes de Valeria tiradas en el vestíbulo, rompiendo la armonía del diseño de interiores.

Valeria se quitó los tacones con un gemido de alivio puro, dejándolos caer en cualquier parte del suelo de mármol, y caminó descalza hacia la cocina, arrastrando la larga falda de encaje de su vestido de novia. Maximiliano entró justo detrás, quitándose la chaqueta del traje y aflojándose la corbata con evidente frustración.

Sobre la barra de granito de la cocina, esperaba un documento impreso. El contrato privado.

—Llegó la hora de la verdad —dijo Valeria, apoyándose en la barra y mirándolo con los brazos cruzados—. No pienso pasar ni una sola noche en esta casa sin que esto esté firmado por ambas partes.

Maximiliano sacó su pluma del bolsillo. Sus ojos volvieron a ser los del hombre de negocios implacable, intentando ignorar el hecho de que ver a Valeria con el vestido de novia a medio desabrochar en su cocina le estaba alterando el pulso más de lo debido.

—Vidas estrictamente separadas —repasó él, señalando las cláusulas con la punta de la pluma—. Cumplimos con las apariencias frente al abogado y la familia, pero aquí dentro somos perfectos extraños.

—Y la regla de oro, Starling, no la olvides —añadió ella, arrastrando el papel hacia su lado—. **Camas separadas y cero contacto físico**. Lo que pasó en el altar fue solo para el público. Si vuelves a cruzar la línea, me debes un millón de dólares. Y créeme, pienso cobrarte cada centavo.

—No te preocupes, Grien. Mi autocontrol es legendario —respondió él con una sonrisa arrogante, firmando el documento con un trazo rápido y elegante—. No vas a ver un solo dólar mío. Duerme bien.

Valeria le arrebató la pluma, estampó su firma con fuerza y le lanzó una mirada que prometía una guerra de doce meses.

—Igualmente, esposo mío.

Cada uno tomó su camino por el pasillo central de la casa. Valeria entró a su habitación a la izquierda y Maximiliano a la derecha. Dos portazos idénticos y violentos resonaron en las paredes de la residencia, marcando el inicio oficial del matrimonio más falso, hostil y peligrosamente eléctrico de la historia.

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Maria Mongelos
Está muy, muy divertida toda la situación
Maria Mongelos
🤣🤣🤣🤣🤣Se pasó ella, me encanta
Nancy Monterrosa
que capitulo más tierno me enamore de este par de locos y si ojalá fueran gemelos niño y niña ,que el otro bebé. este escondido detrás de su hermano porfa escritora danos ese gusto
Nancy Monterrosa
se está derritiendo el hielo de maxi
Nancy Monterrosa
los amo ya van cediendo
Elena Maza
😍😍😍😍🤣🤣🤣🤣 Terminaron los pleitos
Maria Solorzano
Ya decía yo, están demorando en repetir su noche apasionada y está vez sobrios ❤️😁🔥🔥🔥
Maria Solorzano
Me encanta ❤️ ojalá sean 2, un niño y una niña y así dejan de pelear 🤷😁
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 seguro amanecen enredados 🤷🤣🤣🤣🤣abrazaditos
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣
Dulce Flor González
jajajaja jajajaja
Nancy Monterrosa
ya van cediendo poco a poco
Nancy Monterrosa
ay Yamila y tus cosas , de tus novelas está es la que me ha hecho llorar pero de la risa y con ese almidónado
Nancy Monterrosa
ay no este capitulo me hizo llorar de la risa y mi esposo está se está enloqueciendo
Nancy Monterrosa
ay no. esa Valeria es una caso y Maximiliano jajaja
Dulce Flor González
😂😂 muy divertida,ya quiero ver cuándo choquen sus carritos.
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣Ups fueron descubiertos 🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Qué locos son y más las posturas 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Son un caso los dos 🤣🤣🤣🤣
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