Segunda temporada de VEINTICUATRO (BL)
Han pasado Dos años.
Dylan Lara ya no es el novato impulsivo que corría en pistas ilegales. Ahora es uno de los corredores más temidos del circuito internacional. Fama, contratos millonarios y un lugar asegurado entre los mejores. A su lado sigue Nathaniel Liu, el hombre que lo secuestro, lo protege… y lo ama con una intensidad que roza lo posesivo.
Pero el éxito siempre atrae algo más que admiradores.
Un nuevo corredor irrumpe en sus vidas. Nadie sabe de dónde salió. Nadie conoce su pasado. Solo hay un detalle inquietante: parece saber demasiado.
Mientras la competencia se vuelve más violenta, los sabotajes más precisos y viejos secretos familiares comienzan a salir a la luz, Dylan descubre que el peligro no está solo en la pista. Alguien lo observa. Lo estudia. Lo desea.
Quiere poseerlo.
Cuando el amor se mezcla con obsesión, celos y poder… ¿quién cruzará primero la línea roja?
NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 4: Un gatito marcado
El agua de la ducha comenzó a caer, el vapor llenando el espacio reducido. Nathan empujó a Dylan contra la pared de azulejos fríos, el contraste de temperaturas haciéndolo jadear. Sus bocas se encontraron en un beso que no era tierno ni romántico; era hambriento, urgente, una lucha de lenguas y dientes que dejaba claro lo que querían.
Dylan mordió el labio inferior de Nathan, lo suficientemente fuerte para saber a metal. Él gruñó contra su boca, y en respuesta, sus manos encontraron el cabello húmedo de Dylan, tirando hacia atrás para exponer su cuello. Su boca viajó hacia allí, mordiendo, chupando, marcando el territorio que consideraba suyo.
—¿Vas a dejar marcas? —preguntó Dylan, la voz entrecortada por las mordidas.
—Obvio —respondió Nathan contra su piel—. Para que todos sepan a quién perteneces.
Dylan rió, pero el sonido se cortó cuando la mano de Nathan rodeó su erección, firme y sin titubeos. Su cabeza golpeó contra el azulejo mientras un gemido ronco escapaba de su garganta.
—Joder... —murmuró, sus caderas empujando instintivamente contra esa mano.
—Así me gusta —susurró Nathan, su voz un gruñido bajo cerca de su oído—. Sumiso.
—Sueñas, pendejo.
Se giró, cambiando sus posiciones hasta que fue Nathan quien quedó contra la pared. Sus manos viajaron hacia abajo, tomándolo con la misma firmeza con la que él lo había hecho antes. Esta vez fue Nathan quien jadeó, su cabeza inclinándose hacia atrás mientras Dylan trabajaba su muñeca con un ritmo experto.
—¿Ves? —dijo Dylan, su voz un susurro ronco—. No soy tan sumiso como crees.
Nathan sonrió, una expresión peligrosa y excitada. Era más alto, con un torso marcado por el trabajo en el gimnasio: pectorales definidos, abdominales duros, y ese vello oscuro que se adelgazaba en una línea que bajaba hasta su vientre. Sus brazos rodearon a Dylan, atrapándolo contra la pared.
Sus manos se posaron en las caderas de Dylan, sintiendo la piel mojada y caliente bajo sus dedos. Dylan tenía un cuerpo más delgado, pero fibroso, con músculos largos y definidos. Sus hombros eran anchos, su cintura estrecha. El agua corría por su espalda, resbalando por la curva de sus glúteos firmes.
—Deja de moverte —murmuró Nathan contra su oído, mordisqueando el lóbulo.
Dylan jadeó, su espalda arqueándose instintivamente. Nathan aprovechó para presionar su pelvis contra la de él. Ambos estaban ya semierectos, la fricción del agua y la piel provocando respuestas inmediatas.
Lo giró, colocándolo de espaldas a él. Sus manos rodearon su pecho, pellizcando sus pezones, mientras su boca recorría su nuca y hombros. Dylan apoyó las manos contra el azulejo, inclinándose hacia adelante, ofreciendo su espalda.
Nathan bajó una mano, deslizándola por el vientre de Dylan, hasta envolver su erección. Él gimió, empujando contra esa mano. El ritmo era rápido, urgente. Nathan bombeaba con fuerza, sintiendo cómo Dylan se endurecía más bajo sus dedos, mientras su otra mano se deslizaba hacia atrás, separando sus glúteos.
—Abre las piernas —ordenó Nathan, su voz ronca.
Dylan obedeció, separando los pies. Nathan buscó el lubricante que siempre dejaba en una repisa de la ducha. El sonido del plástico al abrirse se mezcló con el agua. Untó sus dedos generosamente, luego los presionó contra la entrada de Dylan.
Él aspiró bruscamente cuando el primer dedo entró. Nathan movió la punta en círculos, sintiendo el calor y la resistencia. Poco a poco, introdujo un segundo dedo, estirando, preparando. Dylan gemía, su frente apoyada contra el azulejo, sus manos empuñadas.
—Apúrate —gruñó, presionando hacia atrás contra los dedos de Nathan.
—Paciencia.
—A la mierda la paciencia.
Se giró, enfrentándolo. Sus miradas se encontraron, cargadas de deseo y desafío. Sin decir una palabra, Dylan se arrodilló frente a Nathan, tomándolo en su boca con una profundidad que arrancó un juramento ahogado del hombre. El agua caía sobre ellos mientras Dylan trabajaba, su boca caliente y húmeda, su lengua moviéndose con una destreza que conocía bien.
Nathan enterró una mano en su cabello, sin empujar, solo sintiendo. Pero cuando Dylan levantó la mirada, sus ojos encontraron los de Nathan, y hubo un acuerdo silencioso.
—Levántate —ordenó Nathan, su voz más grave que nunca.
Dylan obedeció. Nathan sonrió contra su hombro. Retiró los dedos que había vuelto a meter en su entrada y se lubricó a sí mismo, su erección dura y gruesa. Alineó la punta y empujó.
Dylan soltó un gruñido, su cuerpo tensándose al recibir la penetración. Nathan entró despacio al principio, sintiendo cada centímetro de calor apretado alrededor de él. Cuando estuvo completamente dentro, se quedó quieto un momento, ambos respirando con dificultad bajo el chorro de agua caliente.
Luego Nathan comenzó a moverse.
Sus embestidas eran profundas, rítmicas, cada una empujando a Dylan contra el azulejo. El sonido de los cuerpos chocando se mezclaba con el agua y los gemidos. Nathan sujetaba sus caderas con fuerza, sus dedos marcando la piel, mientras aceleraba el ritmo.
—Así —jadeó Dylan, su voz apenas un hilo—. No te detengas.
Nathan no tenía intención de hacerlo.
—¿Ahí? —preguntó, su voz un gruñido cerca de su oído.
—Sí, ahí, joder, no pares...
Nathan cambió el ángulo, buscando ese punto que hacía temblar a Dylan. Cuando lo encontró, él gimió fuerte, su cuerpo convulsionándose. Nathan aprovechó para aumentar la velocidad, embistiendo con más fuerza, más rápido. El agua corría sobre ellos, el vapor envolvía sus cuerpos sudorosos.
Dylan se masturbaba frenéticamente, su respiración entrecortada. Nathan sintió cómo se apretaba a su alrededor, sabía que estaba cerca. Una última embestida profunda, y Dylan se corrió, su semen golpeando el azulejo mientras su cuerpo se sacudía. La contracción fue demasiado para Nathan, que enterró la cara en su cuello y eyaculó dentro de él, un gruñido ronco escapando de su garganta.
Ambos se quedaron quietos, jadeando, el agua caliente aún cayendo sobre ellos. Nathan se retiró lentamente, y el semen mezclado con agua corrió por la parte interna de los muslos de Dylan.
Nathan lo giró, besándolo con fuerza, sus lenguas encontrándose. Luego tomó el champú y comenzó a lavar su cabello, sus dedos masajeando su cuero cabelludo.
—La próxima vez —dijo Nathan, su voz aún ronca—, en la cama. Para tener más espacio.
Dylan sonrió, cerrando los ojos bajo el agua.
Terminaron de bañarse en un silencio cómodo, intercambiando miradas y roces innecesarios que decían más que cualquier palabra. Cuando salieron, el reloj marcaba pasada la medianoche, y el cansancio comenzaba a pesar en ambos.
Dylan se dejó caer en la cama, esta vez sin oponer resistencia cuando Nathan se acurrucó a su lado, pasando un brazo por su cintura y atrayéndolo hacia su pecho.
—Mañana... gala —murmuró Dylan, ya medio dormido.
—Lo sé —respondió Nathan, besando su hombro—. Te llevaré.
—Bueno... —dijo contra la almohada—. Pero no me hagas esperar.
—Nunca lo hago.
Dylan cerró los ojos mientras la calidez de Nathan a su espalda lo envolvía. El sueño llegó rápido y profundo.
morí olvidada reviví intocable 🤭