Sinopsis: Él pensó que se casaba con un monstruo. Ella pensó que compraba un peón. Ninguno imaginó que el verdadero peligro no vendría de sus enemigos en las calles de Sicilia, sino de la irresistible tensión de compartir la misma cama. Una viuda poderosa, un esposo indomable y una mano derecha celosa dispuesta a todo por destruirlos.
¿Estás lista para conocer a La Reina de la Mafia? Una nueva y adictiva historia de la escritora Rocío Duque.
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El regreso de Sterling
La luz del amanecer se filtró por los grandes ventanales de la alcoba, tiñendo el mármol de un tono dorado y frío. La tormenta emocional de la noche anterior se había asentado, dejando en su lugar una calma tensa y puramente analítica.
Victoria ya estaba de pie, impecable en un nuevo traje sastre, observando el horizonte de Sicilia mientras sostenía una taza de café espresso. No había dormido mucho, pero su rostro no reflejaba cansancio, sino una determinación inquebrantable. Detrás de ella, Lucas permanecía en silencio, con la mirada fija en su espalda, esperando el veredicto del día. El uniforme invisible del capitán de las fuerzas especiales seguía ahí, pero la mirada del hombre que la amaba no se había apartado de ella en toda la noche.
Victoria se giró despacio, dejando la taza sobre la mesa auxiliar. Miró a Lucas, asimilando la dualidad del hombre ante ella: el Alexander que el mundo conocía y el Lucas que solo ella poseía.
—He tomado una decisión —comenzó ella, y su voz cruzó la habitación con la frialdad de un decreto—. Y no está sujeta a negociación.
Lucas asintió levemente, manteniendo los brazos cruzados, expectante.
—A partir de este momento, y ante los ojos de Sicilia, del clan y de cualquier enemigo que quede en las sombras, tú seguirás siendo Alexander Sterling —sentenció Victoria, clavando sus ojos oscuros en los de él—. El nombre de Lucas Galiano se queda encerrado en esta habitación.
Una sombra de sorpresa cruzó el rostro de él, pero no interrumpió. Victoria dio un par de pasos hacia el frente, con la postura rígida de la Donna.
—Ayer aplastamos al consejo y pusimos a Matías bajo tierra. El clan nos cree invencibles, unidos y legítimos. Si en este momento anunciamos que mi esposo era un impostor y un mercenario infiltrado, debilitaríamos nuestra posición. Los buitres olerían la sangre y el engaño, y cuestionaran mi autoridad por haberme dejado engañar —explicó, con una lógica implacable—. Por el bien de nuestra reputación, de la estabilidad de lo que acabamos de conquistar, y sobre todo, por el bien de nuestra propia relación... el secreto debe continuar.
Lucas la escuchó en silencio, procesando las palabras. Una sonrisa amarga, pero cargada de un profundo respeto, asomó en la comisura de sus labios. Entendía perfectamente el juego.
—Quieres que siga siendo el fantasma —dijo él en un susurro bajo.
—Quiero que seas Alexander Sterling para el mundo, porque ese hombre es mi esposo y el co-regente de Sicilia —replicó Victoria, deteniéndose a solo un paso de él, permitiendo que la distancia profesional flaqueara por un instante—. Pero aquí dentro, cuando la puerta se cierre, tendrás que demostrarme día a día quién es el hombre que habita bajo ese nombre. Alexander es el escudo del imperio, Lucas... pero eres tú quien tiene que reconstruir mi confianza.
Lucas sostuvo la mirada de Victoria durante unos segundos que parecieron eternos. La lógica de la Reina de Sicilia era impecable, letal y necesaria. Él dio un paso al frente, acortando esa distancia profesional, y por primera vez en la mañana, extendió la mano hacia ella. No la tocó con la urgencia pasional de la noche anterior, sino con una solemnidad casi sagrada, ofreciéndole la palma de la mano abierta.
—Como ordenes, mi Reina —susurró, y su voz resonó con el peso de un juramento—. Para el mundo, Alexander Sterling sostendrá tu corona. Para ti, Lucas Galiano sangrará por ganarse tu perdón.
Victoria miró su mano y, con una elegancia pausada, colocó la suya encima. El contacto físico encendió de nuevo esa chispa innegable entre ambos, pero ninguno de los dos rompió la postura. Eran los dueños de Sicilia, y el día no esperaba por los dilemas del corazón.
Un golpe firme y rítmico en la gran puerta de madera de la alcoba rompió el encanto. La realidad del imperio reclamaba su lugar.
—Donna Lombardi —la voz del jefe de seguridad filtró desde el pasillo, cargada de una profunda sumisión—. Los capitanes de las familias restantes ya están reunidos en el gran salón de la planta baja. Esperan sus órdenes para la reestructuración del territorio.
Victoria no apartó los ojos oscuros de Lucas mientras respondía con una voz que recuperó instantáneamente su tono de hierro, capaz de congelar el mismísimo infierno siciliano.
—Diles que bajamos en un momento.
Se soltó del agarre de Lucas con un movimiento fluido y se acercó al tocador. Tomó su Beretta plateada, la guardó en la cartuchera oculta de su chaqueta sastre y se miró al espejo, retocándose los labios con un rojo carmín tan intenso como la sangre que habían derramado el día anterior. Cuando se giró hacia él, ya no quedaba ni un solo rastro de la mujer herida; era la soberana absoluta.
Lucas la observaba con una devoción que rozaba el fanatismo. Se ajustó los puños de la camisa y se colocó el saco, transformándose impecablemente, ante los ojos del espejo, en el imponente Alexander Sterling. El soldado y la reina estaban listos para el escrutinio del mundo.
Victoria caminó hacia la puerta, pero antes de girar la llave, miró a Lucas de reojo sobre el hombro, con una sonrisa gélida y majestuosa que prometía tanto peligro como gloria.
—Es hora, Alexander —sentenció, abriendo la puerta de par en par hacia el pasillo donde sus hombres se inclinaron de inmediato al verla pasar—. Vamos a enseñarles cómo gobiernan los fantasmas.
¡Llegamos a uno de mis capítulos favoritos! Quería que sintieran esa mezcla de peligro, deseo y desconfianza absoluta que rodea a Victoria y Alexander. Llegar hasta aquí con ustedes, ver cómo reaccionan y cómo se sumergen en este romance oscuro está siendo un viaje increíble. Gracias por leer, por apoyar mis letras y por ser cómplices de este imperio. ¿Qué les pareció este encuentro? 🖤
Detrás de cada imperio hay secretos oscuros, y detrás de cada capítulo de La reina de la mafia, hay horas de entrega, pasión y un trozo de mi alma. Ya hemos dejado atrás 9 capítulos; hemos visto la frialdad, el poder, los conflictos internos y la tensión que rodea a nuestra reina y su entorno.
Solo quiero decirles: GRACIAS. Gracias por no dejarla sola en este camino tan peligroso, por morderse las uñas conmigo y por apasionarse con este universo tanto como yo. Su apoyo es el motor que me empuja a seguir escribiendo el destino de los Lombardi.
Prepárense, porque lo que viene va a sacudir los cimientos de todo lo que creen saber... Que tengan un día increíble. ☕🌹