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UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Padre soltero / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:240.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Leonardo Fontana, es un joven de 22 años, italiano, heredero de una importante casa de moda. Acostumbrado a una vida de excesos, se ve forzado a madurar de la noche a la mañana, y reacomodar su vida a los nuevos desafíos que le trae.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 9

 Valeria

Cuando llegué al penthouse al día siguiente, a las ocho de la mañana en punto, encontré a Leonardo Fontana dormido en el suelo de la sala.

No en el sofá. No en su cama. En el suelo. Con la espalda apoyada contra la pared que separaba la sala de la cocina, las piernas estiradas sobre la alfombra persa, y un brazo extendido hacia los moisés como si incluso durmiendo necesitara asegurarse de que los mellizos seguían allí.

La camisa que llevaba puesta era la misma del día anterior. La barba, que en las fotos de revista aparecía perfectamente perfilada, ahora era una sombra oscura que le cubría la mandíbula. Y en su regazo, una caja de pañales abierta y un biberón a medio usar.

Me quedé en la puerta observándolo un momento. Dormido, Leonardo Fontana no parecía el heredero de un imperio textil. Parecía un chico de veintidós años que había recibido un golpe demasiado grande para su edad.

Y por alguna razón, eso me hizo sentir algo que no debería sentir por un cliente.

—Señor Fontana

dije, en voz baja para no despertar a los mellizos

— Soy Vale. Ya son las ocho.

No se movió. Su pecho subía y bajaba con una respiración profunda, la de alguien que lleva horas sin dormir y finalmente ha caído rendido.

—Señor Fontana

repetí, acercándome con cuidado.

Esta vez sus ojos se abrieron. Pero no de golpe, no con el sobresalto que esperaba. Fue un despertar lento, confuso, como si estuviera luchando por recordar dónde estaba y por qué el suelo era tan incómodo.

—¿Vale?

su voz sonó ronca, rasposa, con un dejo de confusión que me hizo sonreír.

—¿Ya es lunes?

—Sí. Y tiene dos bebés que probablemente van a despertar en cualquier momento.

Como si lo hubiera convocado, Tomas soltó un pequeño gemido desde su moisés. Lucía se movió, estiró un brazo, y por un segundo me temí lo peor. Pero luego ambos volvieron a quedarse quietos, todavía atrapados en ese sueño profundo de los bebés cuando están realmente cansados.

—¿Cuándo fue la última vez que comieron?

pregunté, dejando mi bolso junto al carrito de limpieza.

Leonardo se incorporó con la lentitud de alguien a quien cada músculo le duele. Pasó una mano por su cara, se frotó los ojos, y tardó unos segundos en responder.

—Las cuatro de la mañana. Lucía despertó llorando. Luego Tomas. Les di biberón, los cambié... creo que los volví a acostar como a las cinco.

—¿Y usted no durmió?

—Dormí un rato. Aquí.

Señaló el suelo donde había estado, y de repente entendí por qué no había usado el sofá. El sofá estaba a tres metros de los moisés. En el suelo, pegado a la pared, estaba a menos de un metro.

Se había quedado allí para estar más cerca de ellos.

—¿Ha desayunado?

pregunté, aunque la respuesta era obvia por el aspecto que tenía.

—No he tenido tiempo.

—Ha estado durmiendo en el suelo. No es que haya estado haciendo otra cosa.

Me miró con una expresión que no supe interpretar. No era enfado. Era como si no estuviera acostumbrado a que nadie le hablara con ese tono, pero al mismo tiempo no le molestara.

—Tiene razón

dijo finalmente, y se puso de pie con un esfuerzo que evidenciaba cuánto le dolía la espalda.

— No he desayunado. Y no sé qué hay en la cocina porque nunca cocino.

—Entonces, primero, desayuno. Segundo, los bebés. Tercero, todo lo demás.

—¿Y su trabajo?

preguntó, señalando mi carrito de limpieza.

—Mi trabajo es limpiar su penthouse. Y para limpiar, necesito que usted no esté en el suelo, que los bebés estén tranquilos, y que yo tenga al menos un café en el cuerpo. Así que vamos por partes.

No esperé su respuesta. Me dirigí a la cocina, abrí su nevera una de esas alemanas que cuestan lo que yo pago de alquiler en seis meses y encontré exactamente lo que esperaba, champán, quesos caros, embutidos que costarían mi presupuesto semanal de comida, y absolutamente nada que pudiera considerarse un desayuno decente.

—¿No tiene huevos, Pan, Leche?

—No.

—¿Café?

—Eso sí. En el armario de arriba.

Encontré el café. Era de esos de especialidad, en grano, que seguramente costaba una fortuna. También encontré una cafetera italiana de las buenas, sin estrenar, porque evidentemente nadie la había usado nunca.

En quince minutos, el penthouse olía a café recién hecho. Leonardo se había sentado en la isla de la cocina, con la cabeza apoyada en una mano, observándome con una atención que me hacía sentir incómoda.

—¿Qué?

pregunté, sirviendo el café en dos tazas que encontré en el armario.

—Nada. Es solo que... nunca había visto a nadie moverse así en mi cocina.

—¿Así cómo?

—Como si supiera lo que hace.

No supe si era un cumplido o una observación. Decidí tratarlo como lo segundo.

—Usted tampoco sabe lo que hace, señor Fontana. Pero está aprendiendo.

—Leonardo

dijo, de repente.

—¿Qué?

—Llámeme Leonardo. O Leo. Mis amigos me dicen Leo. Y después de ayer... creo que puede dejar de llamarme señor Fontana.

Tomé mi taza de café y le servi una a el, me senté frente a él en la isla. Los moisés seguían en la sala, y podía ver desde allí los pequeños bultos que eran Tomas y Lucía, todavía dormidos.

—Está bien, Leonardo

dije, probando el nombre en mi boca. Sabía diferente a señor Fontana. Más cercano. Más peligroso.

—¿Ha pensado en lo de las pruebas de ADN?

—Marco viene hoy con la información de su padre. Hay un laboratorio que hace pruebas rápidas. En tres días podemos tener los resultados.

—¿Y si son suyos?

La pregunta flotó en el aire como un globo que alguien había soltado. Leonardo bajó la vista a su taza de café.

—Si son míos, algo me dice que lo son, aunque si haré ese ADN.

dijo, con una calma que no sentía, podía verlo en la tensión de sus hombros.

— Y voy a hacer lo que tenga que hacer para cuidarlos.

—¿Aunque no sepa cómo?

—Aunque no sepa cómo.

Lo miré. En sus ojos azules, ya no había la arrogancia como los días anteriores cuando lo veía en el edificio, ni el pánico ciego del domingo por la mañana. Había algo más sólido. Más frágil también, como una rama que acaba de echar raíces y todavía puede romperse con el viento.

—Bueno

dije, levantándome de la isla.

— entonces empecemos.

1
alicia g
muy buen comienzo ,una historia interesante
virgy
Bonita historia
Carmen Malpica
Espectacular
Maria Eugenia Romero Viñoles🤡
Excelente historia la recomiendo
Delia Alonso
¿Qué pasó al día siguiente? Apareció la madre?
Teresa Espejo
😂 😂 😂 😂 😂 😂 lei una novela igual a esta , sola que la que lei era una sola bb😜😜😜😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔
Delia Alonso
¿Ella tiene llave maestra del penthouse que entró sin llamar y lo encontró dormido?
Delia Alonso
¿Penthouse y burlaron la vigilancia dejándole 2 bebés en la puerta? Qué clase de vigilancia es?????
Margarita Mendoza
Ya los acepto, no hay necesidad de prueba de ADN
Amós Amós
maravillosa historia me encantó gracias linda Escritora x deleitar mí día
Isela Aguirre
excelente novela autora felicidades me encantó 💕 saludos
Isela Aguirre
hermoso capítulo felicidades autora 💘
Ysandra Castañeda
Que novela más linda desde que empecé a leerla me enganché con ella.. felicitaciones escritora te deseo lo mejor 🥰
Anni Arias
todo un playboy
Lia Marafioti
muy buena historia 🥰
Isela Aguirre
me encantó el capítulo felicidades autora hermosa novela felicidades 👏👏saludos
tatiana bolivar
quedaste calladito 🤣🤣🤣
RINA DEL CARMEN ROJAS
En la novela la autora la describe como una mujer buena con los bebés y con el prójimo, se merece ser la madre de esos pequeños
RINA DEL CARMEN ROJAS
En la novela la autora la describe como una mujer buena con los bebés y con el prójimo, se merece ser la madre de esos pequeños
Ysandra Castañeda
Que bien Leo, ya estás aprendiendo
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