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La esposa que dejó de esperar

La esposa que dejó de esperar

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Completas
Popularitas:59.5k
Nilai: 5
nombre de autor: gigiwww

Sabrina Elvara lo tuvo todo: una mansión, un apellido de prestigio y un esposo que cualquier mujer envidiaría. Lo único que nunca tuvo fue el amor de León Ardián.

Casados por obligación tras una noche que ninguno de los dos recuerda con claridad, su matrimonio no fue más que una jaula dorada. León la ignoraba. Sabrina lo perseguía. Y cuando descubrió que estaba embarazada, él se alejó aún más.

Hasta que un día Sabrina dejó de esperar.

Sin avisar, sin pedir permiso, huyó a Europa con su hija en el vientre. Dio a luz sola en Holanda durante una tormenta de nieve, reconstruyó su vida en Roma con un pequeño negocio de flores y crió a Liora —una niña de ojos enormes y risa contagiosa— sin la sombra de los Ardián.

Tres años después, León la encuentra por accidente. Pero la mujer que lo recibe ya no es la Sabrina que conoció: no suplica, no sonríe por compromiso, no necesita que él la salve. Y Liora, la hija que no sabía que existía, lo desarma con una sola frase:

—¿Tú eres el señor del parque?

Porque el amor no se demuestra con grandes gestos.

Se demuestra quedándose.

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Capítulo 5 — La mesa familiar de los Ardián

Una lámpara de araña de cristal colgaba imponente del techo del comedor principal de los Ardián. Aquella noche, la mansión principal se veía mucho más animada que la casa habitual de León.

Los empleados iban y venían disponiendo platos elaborados sobre la mesa larga, rodeada por los miembros de la familia.

Alya estaba sentada al lado de León, conteniendo la respiración en silencio.

Era la primera vez que se encontraba cara a cara con la familia Ardián desde que había despertado en el cuerpo de Sabrina.

Y siendo honesta...

La presión que ejercía una familia así resultaba verdaderamente asfixiante.

—Si mamá empieza a preguntar cosas, contesta lo mínimo —le susurró León sin voltear a verla.

Alya le lanzó una mirada fugaz.

Su tono era frío como siempre, pero por alguna razón se percibía en él una nota de advertencia.

—Lo sé.

León la contempló unos segundos.

Normalmente, Sabrina se habría puesto nerviosa ante una cena familiar como esta. Siempre le aterraba cometer algún error delante de los Ardián, porque ansiaba desesperadamente ser aceptada.

Pero ahora Sabrina lucía demasiado tranquila.

Y eso volvía a incomodar a León.

—León. Sabrina.

Una voz grave de hombre maduro se escuchó desde la cabecera de la mesa.

Era Eduardo Ardián, el padre de León.

La autoridad de aquel hombre se imponía con solo verlo sentado.

León inclinó la cabeza con respeto.

—Papá.

Alya esbozó una leve sonrisa.

—Buenas noches, papá.

Eduardo examinó a Sabrina por un rato prolongado antes de asentir despacio.

—Siéntense.

Poco después, una mujer elegante con joyas costosas se acercó. Su rostro conservaba la belleza pese a que la juventud ya no le pertenecía.

Claudia Ardián.

La madre de León.

A diferencia de Eduardo, que tendía a la mesura, Claudia era célebre por su perfeccionismo y por lo difícil que resultaba complacerla.

Su mirada afilada cayó de inmediato sobre Sabrina.

—Me enteré de que estuviste en el hospital.

Ahí estaba.

La pregunta que tarde o temprano iba a salir.

El ambiente en la mesa se tensó al instante.

Varios familiares empezaron a prestar atención de forma disimulada.

Alya irguió la espalda con suavidad.

—Fue un percance menor, mamá. Estoy bien.

—¿Un percance menor? —Claudia frunció el ceño—. Estás embarazada del heredero de la familia Ardián.

La frase sonó más a reproche que a preocupación.

Alya respondió con una sonrisa leve.

—Tendré más cuidado.

—Tener cuidado no es suficiente —continuó Claudia con filo—. Ahora llevas el nombre de esta familia.

León intervino al fin.

—El doctor dijo que el bebé está sano.

Claudia dirigió la mirada a su hijo.

—Por supuesto que tiene que estar sano. Que no le pase nada.

Alya se limitó a bajar la cabeza en silencio.

Podía sentirlo con claridad...

A esta familia le importaba el bebé, no Sabrina.

—Mientras tanto, múdense a la mansión principal —soltó Claudia de pronto—. Aquí hay más personal de servicio.

León la rechazó sin vacilar.

—No es necesario.

Claudia resopló, irritada.

—Siempre estás ocupado con el trabajo. ¿Quién va a cuidar a tu esposa?

La pregunta sembró un silencio incómodo.

Porque todos sabían que la relación entre León y Sabrina nunca había funcionado de verdad.

Sabrina siempre persiguiéndolo.

León siempre alejándose.

Alya bebió un sorbo de agua antes de decir con suavidad:

—Puedo cuidarme sola, mamá.

Todos callaron un instante.

La frase era sencilla, pero radicalmente distinta a la Sabrina de siempre.

Antes, Sabrina habría aceptado encantada mudarse a la mansión principal con tal de ganarse la atención de los Ardián.

Pero ahora...

Esa mujer hablaba como alguien que no quería depender de nadie.

La mirada de León se desplazó lentamente hacia el rostro de Sabrina.

De nuevo, aquella sensación extraña.

—¿El médico dijo que debes guardar reposo? —preguntó Eduardo de improviso.

—Sí, papá.

—Entonces no salgas demasiado de casa.

Alya asintió con un gesto breve.

La cena continuó, pero la tensión no se disipó.

Uno de los primos de León rompió el hielo con un comentario ligero.

—Por cierto, ¿el bebé es niño o niña?

—Todavía no sabemos —respondió Alya con calma.

—Los Ardián seguro esperan un varón.

Claudia dejó asomar una sonrisa discreta al escucharlo.

Pero Alya posó la mano sobre su vientre despacio.

—Niña o niño, da igual.

León, que estaba bebiendo, detuvo el vaso a medio camino.

Sin querer, su mirada se fijó en Sabrina.

Había sinceridad en la voz de esa mujer.

No ambición.

No el afán de complacer a la familia Ardián.

Solo la sinceridad de una madre.

Y por alguna razón...

A León le costó apartar los ojos.

Cuando la cena terminó, Alya salió al balcón de la mansión principal en busca de aire fresco.

La brisa nocturna le acarició el rostro con suavidad.

—¿Cansada?

La voz de León surgió a su espalda sin aviso.

Alya giró la cabeza apenas un momento.

—Un poco.

León se colocó a su lado con las manos en los bolsillos del pantalón.

Durante un rato, los dos contemplaron el jardín en silencio.

—No sabía que mamá iba a insistir tanto con lo del hospital —dijo León de pronto.

Alya se sorprendió ligeramente.

¿Eso era... una disculpa?

Lo observó unos segundos antes de esbozar una sonrisa breve.

—No me importa demasiado.

Y era verdad.

Porque poco a poco Alya se estaba dando cuenta de algo:

Ya no esperaba nada de esta familia.

León la contempló en silencio.

Normalmente, Sabrina se habría entristecido después de una cena familiar. A veces incluso lloraba a solas porque sentía que nunca sería lo bastante buena para pertenecer a los Ardián.

Pero esa noche, Sabrina se veía distinta.

Más tranquila.

Más lejana.

Y por primera vez...

León tuvo la impresión de que su esposa se alejaba de él poco a poco.

1
Paola Vanessa Davila Salinas
Sabrina
Paola Vanessa Davila Salinas
Autora, revisa bien antes de publicar, el no la conoce como alya, la conoce como Sabrina. Es un pequeño error, pero la historia va tan bien, que esos pequeños errores hacen ensombrecer tu trabajo, y la verdad, no me parece justo, porque la historia me está gustando mucho.
Veronica Pinto
pero si la conoció en Roma ...
Karen Lilibeth Medina Marroquin
Bueno
Nilda María Ovelar Zarate
En qué momento dejó de ser Sabriiinaaa
Sofia Chavez Gutierrez
exactamente,
Leticia V
muy buena se dieron un oportunidad más felicidades
Margelis Izarra
se supone que ella reencarnó como Sabrina¿ por qué el esposo le dice Alya?
Ivyta🇦🇷💙💛💙
hermosa!! sin maldad de más. gracias por tomarte el tiempo y entretenernos
Dora Guzman Pacherres
Para que la busque él no la quiere además de que debe saber que ella escuchó todo lo que dijo. Para que solo firma el divorcio y cásate con quién tú dices que amas. Ella está tranquila ahora.
Manzanita
Pobre Bastian, tal vez pueda enamorarse de Kate?
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