⚠️🚫🔞Gus se ve arrastrado al peligroso entorno de Arlo, un lugar donde el lujo se mezcla con la letalidad de la mafia. En esta atmósfera de alta tensión y misterio, la resistencia inicial de Gus se transforma en una fascinación oscura hacia su captor. Atrapado en una red de secretos y deseos intensos, Gus deberá decidir si luchar por su antigua vida o sucumbir a la magnética y peligrosa atracción de un hombre que no acepta un no por respuesta. Una historia de poder, entrega y los límites del alma.🔞🚫⚠️
NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un beso
El salón VIP del club Carmesí parecía haberse quedado sin aire. Gus continuaba suspendido por el brazo de Arlo, sintiendo el calor del cuerpo del mafioso traspasar la fina tela de sus ropas. La acusación sobre su pasado y su expediente médico lo había dejado desarmado, pero la cercanía de esos labios oscuros a escasos centímetros de los suyos era lo que realmente estaba desatando una tormenta en su interior.
—Eres un monstruo —consiguió susurrar Gus, con el labio inferior temblando bajo la presión del pulgar de Arlo. Las palabras apenas tenían fuerza, saliendo como un ruego disfrazado de insulto—. Investigaste mi vida... robaste mis cosas. No tienes derecho.
—Tengo el derecho que este hilo me otorga, Fletcher —respondió Arlo. Su voz profunda vibró directamente contra la boca de Gus—. Te lo dije antes. No voy a permitir que destruyas la herramienta que ahora está conectada a mí. Estás al límite. Tu corazón late como el de un animal acorralado y tus músculos apenas tienen energía para mantenerte en pie. ¿De verdad vas a seguir peleando contra mí?
—No te tengo miedo —mintió Gus, sosteniéndole la mirada con los ojos verde café empañados por la frustración—. Puedo... puedo manejar mi vida solo. Siempre lo he hecho. Desde que mis padres murieron no he necesitado que nadie me diga qué hacer. No necesito a un criminal jugando a ser mi dueño.
Arlo arqueó una ceja, y una chispa de fría diversión cruzó sus ojos negros. La mandíbula cuadrada del mafioso se tensó sutilmente antes de hablar.
—¿Siempre lo has manejado solo? No me hagas reír, muchacho. Lo único que has hecho es correr hacia el estudio de grabación para esconderte del mundo. Tu perfeccionismo es una enfermedad, un intento desesperado por controlar el ruido en tu cabeza. Pero esta noche, el ruido se apaga.
Gus intentó apartar la cabeza, indignado por la precisión con la que Arlo desnudaba sus mayores debilidades, pero el agarre en su mandíbula se volvió más firme, implacable.
—Suéltame, Baxter. Te lo advierto... —empezó Gus, pero sus palabras murieron en su garganta.
Arlo no lo dejó terminar. Reduciendo los últimos milímetros de distancia, el mafioso unió sus labios con los de Gus en un beso que selló cualquier intento de protesta.
El impacto físico fue inmediato y devastador. No fue un beso suave ni un cortejo; fue un acto de posesión absoluto, frío y reclamante que le arrebató el poco aliento que le quedaba al cantante. Gus abrió los ojos con sorpresa, sintiendo cómo el mundo le daba vueltas. El sabor a tabaco caro y licor fuerte de Arlo inundó sus sentidos, provocándole un cortocircuito mental. Su mente insistía en que debía empujarlo, que él era un hombre heterosexual y que ser besado por otro hombre era una locura, pero su cuerpo operaba bajo una lógica completamente diferente.
Al contacto de sus labios, el hilo carmesí en su muñeca brilló con una fuerza descomunal, liberando una ola de calor que recorrió la espina dorsal de Gus de arriba abajo. El hormigueo en su bajo vientre se transformó en una necesidad líquida y pesada, una corriente de excitación tan pura que le hizo soltar un gemido ahogado contra la boca del empresario. Involuntariamente, las manos de Gus, que antes intentaban empujar los hombros anchos de Arlo, se aferraron a la tela de su camisa negra, buscando apoyo.
Arlo profundizó el beso, devorando la debilidad de Gus con una confianza aterradora. Su lengua delineó los labios del artista, reclamando el acceso con una autoridad que no admitía réplicas. El sonido de sus respiraciones mezcladas, el roce húmedo de sus bocas y el latido unificado de sus corazones resonaron en el salón privado como la música más oscura y adictiva que Gus hubiera escuchado jamás. El cantante sintió que las rodillas se le convertían en agua; si Arlo lo soltaba en ese instante, caería directamente al suelo.
Cuando Arlo finalmente se separó, lo hizo con lentitud, dejando un hilo de saliva que unía sus labios por un segundo en la penumbra iluminada de rojo. Gus quedó con la boca entreabierta, jadeando, intentaba apoyar la frente contra el hombro robusto del mafioso mientras intentaba asimilar lo que acababa de suceder. Su orgullo estaba destrozado, pero su cuerpo experimentaba una paz física extraña y sedante. El dolor punzante que había cargado en el pecho durante las últimas veinticuatro horas había desaparecido por completo, reemplazado por una calidez reconfortante.
—Eso... —alcanzó a articular Gus, con la voz rota y los ojos fijos en el suelo de madera—. Eso no cambia nada.
—Lo cambia todo —sentenció Arlo, acariciando con el pulgar la mejilla encendida del joven—. Acabas de ceder el primer control, Gus. Tu boca me pertenece, igual que tu cuerpo. Mírate, ni siquiera puedes sostener la cabeza. El cansancio acumulado te va a pasar factura en cualquier momento.
—Déjame volver a mi casa —rogó Gus, odiando la debilidad en su propio tono, pero sintiendo que los párpados le pesaban toneladas. El beso parecía haber drenado las últimas fuerzas que le quedaban para sostener su fachada de resistencia—. No quiero estar aquí.
—No vas a volver a ese departamento vacío tuyo —dijo Arlo, levantando la mano para acomodar un mechón castaño del cabello de Gus que caía sobre sus ojos verde café—. Vas a venir conmigo a mi residencia principal. Allí tendré la seguridad de que vas a seguir mis reglas al pie de la letra. Vas a comer lo que mis nutricionistas preparen, vas a dormir las horas que yo dictamine y no vas a tocar un instrumento musical hasta que yo te lo permita.
—No puedes hacerme esto... tengo ensayos... el video musical... —las palabras de Gus comenzaron a arrastrarse, volviéndose borrosas debido al peso del sueño que lo invadía de golpe. El colapso médico del escenario y la tortura de la distancia finalmente reclamaban su cobro.
—Tu mánager ya pospuso todas tus actividades para las próximas dos semanas —dijo Arlo, con una sonrisa fría que demostraba que ya había planeado cada detalle de antemano—. El mundo puede esperar por su cantante estrella. Yo no.
Gus intentó replicar, intentó enfurecerse por la forma en que Arlo manipulaba su carrera, pero sus fuerzas se evaporaron por completo. Sus ojos verde café se cerraron involuntariamente y su cuerpo se relajó por completo, quedando como un peso muerto en los brazos del empresario. Gus se había desmayado, no por dolor, sino por el agotamiento extremo y la abrumadora descarga sensorial del beso de Arlo.
Arlo Baxter observó el rostro sereno del cantante en sus brazos. Sin el ceño fruncido por la obsesión y el orgullo, Gus lucía joven, casi indefenso, a pesar de su porte varonil. El mafioso lo acomodó con facilidad, cargándolo en brazos al estilo nupcial. La diferencia de tamaño y fuerza hacía que el cuerpo de Gus pareciera encajar perfectamente contra su pecho.
Caminando con paso firme, Arlo se dirigió hacia las puertas dobles del salón VIP. Al abrirlas, sus hombres de confianza, que esperaban en el pasillo con las manos cerca de sus armas, se tensaron de inmediato, pero se relajaron al ver a su jefe con el joven artista inconsciente en brazos.
—Preparen el helicóptero en el helipuerto del muelle —ordenó Arlo a su asistente principal, sin detener su marcha—. Nos movemos a la propiedad del norte de inmediato. Que el personal médico esté listo para recibirnos.
—Sí, señor Baxter —respondió el asistente, sacando su teléfono para coordinar el traslado.
Arlo avanzó por los pasillos privados del club, descendiendo hacia la zona de los muelles donde el sonido de las hélices de su helicóptero privado ya empezaba a romper el silencio de la noche. Miró hacia abajo un segundo, asegurándose de que la cabeza de Gus estuviera apoyada de forma cómoda contra su hombro. El hilo carmesí en su mano brillaba con un tono suave y constante, latiendo en perfecta sincronía con el corazón del cantante.
El juego estaba comenzando. Arlo había logrado que Gus Fletcher cruzara la puerta de su infierno personal, y ahora que lo tenía bajo su control en su propia residencia, se aseguraría de que el joven artista aprendiera el significado de la sumisión bajo el peso de su protección criminal.