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Contrato De Sangre

Contrato De Sangre

Status: Terminada
Genre:Venderse para pagar una deuda / Dominación / Mafia / Romance / Amor a primera vista / Matrimonio contratado / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Luisa Soto Rios

Me vendí a un mafioso por un año para salvar la librería de mi madre, pero él decidió que si soy su esposa, soy suya para siempre.

NovelToon tiene autorización de Maria Luisa Soto Rios para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Madre

Irina Volkov se enteró de que Viktor era el padre de Elena un miércoles a las 4:17 pm, mientras se pintaba las uñas de rojo en su casa de Lake Forest que parecía museo y olía a perfume caro y a soledad.

Se enteró porque Agata, que no sabe guardar secretos cuando está nerviosa, le llevó té y le dijo sin querer:

"Ay, señora Irina, qué bueno que la señorita Elena ya sabe que Viktor es su papá, ahora el señor Lorenzo ya no está tan enojado y ya comen los tres juntos chocolate caliente..."

Agata se tapó la boca al segundo, pero ya era tarde.

Irina se quedó con el pincel de uñas a mitad, con una uña pintada y cuatro sin pintar, mirando a Agata como si Agata acabara de decirle que Nikolai había resucitado y estaba en la sala.

"¿Qué dijiste?"

"Yo... yo no dije nada, señora, yo..."

"¿Qué dijiste de Viktor y Elena?"

Agata, que lleva 35 años trabajando con Irina y que sabe que cuando Irina habla bajito es cuando más miedo da, se arrodilló al lado del sillón de terciopelo y confesó todo. Lo del sobre blanco de Dmitri, lo de la biblioteca con escalera, lo de Viktor arrodillado llorando, lo del chocolate caliente de Lorenzo, lo de que Elena es de 12 semanas tamaño lima y que ahora sabe que es hija de guardaespaldas y no de Nikolai.

Irina no gritó. No rompió nada. Se terminó de pintar las 4 uñas que le faltaban con mano temblorosa, se levantó, se puso su abrigo Chanel negro aunque hacía calor, agarró su Birkin y dijo:

"Viktor. Tráeme a Viktor. Ahora."

Viktor llegó a casa de Irina a las 5:03 pm. En traje negro, como siempre, con cara de piedra, pero con el broche de libro que Elena le regaló esa mañana puesto en la solapa, chiquito, de oro viejo, que no pegaba con su traje de guardaespaldas pero que él llevaba como si fuera medalla.

Irina lo hizo pasar a la biblioteca que olía a cuero y a libros que nadie leía. Cerró la puerta con llave. Algo que nunca hacía.

"¿Es verdad?", preguntó, sin sentarse.

Viktor sabía de qué hablaba. 30 años trabajando con Volkovs te enseñan a saber de qué habla Irina sin que diga el nombre.

"Sí, señora."

"¿Elena Moretti es tu hija?"

"Sí, señora."

"¿Con Clara Moretti? ¿La restauradora?"

"Sí, señora."

"¿Desde 1998?"

"Sí, señora. Desde antes de que Nikolai la tocara. Nikolai nunca la tocó. Él dijo que sí para protegernos. Para que usted no me matara."

Irina se sentó. De golpe. Como si le hubieran pegado en las rodillas. Con su Chanel negro y su Birkin en el suelo.

"¿Nikolai nunca se acostó con Clara?"

"No, señora. Nikolai me quería como hijo. Cuando supo que Clara estaba embarazada de mí, me dijo 'Viktor, yo voy a decir que es mía, le doy 40 millones y tú te quedas aquí trabajando y cuidando a mi familia. Si dices que es tuya, Irina te mata y me mata a mí'. Y yo acepté. Porque tenía 20 años y tenía miedo y amaba a Clara. Y Clara aceptó por miedo también. Y se fue pobre aunque tenía 40 millones porque no quiso tocar dinero manchado de mentira."

Silencio de 30 segundos. Irina miró el broche de libro en la solapa de Viktor. El que era de su madre. El que le dio a Elena y que Elena le regaló a Viktor.

"¿Ella lo sabe? ¿Elena sabe que Nikolai no es su padre?"

"Sí, señora. Desde ayer. Me abrazó. Me dijo que no se avergüenza."

Irina se levantó, caminó hasta la ventana que daba al lago, con la espalda recta, con una uña descascarada porque la pintó temblando, y dijo bajito, en ruso, como rezando:

"30 años. 30 años pensé que mi marido me había engañado con una restauradora. 30 años lo odié por eso. 30 años dejé que se muriera solo en 2019 sin agarrarle la mano porque pensé que me había puesto los cuernos con una mujer que olía a libro viejo. Y resulta que no. Resulta que fue Viktor. Mi Viktor. El niño que crié desde los 15. El que me decía mamá Irina cuando era chico. Fue él. Y yo lo dejé aquí limpiando botas 30 años sabiendo que era padre y no dejándolo ser padre."

Se volteó, con lágrimas cayendo por primera vez sin vergüenza, con el Chanel negro manchado.

"¿Por qué no me dijiste, Viktor? ¿Por qué no viniste y me dijiste 'Irina, estoy enamorado de Clara, va a tener mi hija'? Yo te hubiera ayudado. Te hubiera dado dinero. Te hubiera dejado irte con ella. ¿Por qué dejaste que Nikolai mintiera?"

Viktor, por segunda vez en 2 días, se arrodilló. Frente a Irina, que lo crió, que le enseñó a leer, que le dio su primer traje.

"Porque Nikolai dijo que si usted sabía que yo, un sirviente, embaracé a una mujer, me iba a correr del imperio y yo no sabía hacer nada más que ser guardaespaldas. Y Clara dijo que si usted sabía, usted nunca iba a querer a su hija. Y yo quería que usted quisiera a Elena algún día. Como ahora la quiere. Como nuera. Y ahora como... como nieta."

Irina lo abrazó. Con fuerza. Con su Chanel negro y sus uñas rojas a medio pintar, abrazó a Viktor, su hijo no de sangre pero de vida, que ahora resultaba ser padre de su nuera y abuelo de su bisnieto lima de 12 semanas.

"Perdóname", susurró Irina en su oreja. "Perdóname por no preguntar. Por 30 años."

A las 6:30 pm, Irina llegó a la mansión de Lorenzo sin avisar, como siempre, pero esta vez no entró sin tocar. Tocó. 3 veces. Fuerte.

Elena abrió, con panza de lima de 12 semanas que ya se notaba un poquito si se ponía ropa ajustada, con la camiseta gris de Lorenzo que ya le quedaba corta, con el broche de libro y con cara de susto porque pensó que era Dmitri.

Era Irina, con las uñas rojas a medio pintar, con el abrigo Chanel negro, con los ojos hinchados de llorar y con una caja enorme de zapatos en la mano.

"¿Mamá? ¿Qué pasó? ¿Estás bien?"

Irina entró, cerró la puerta, miró a Elena de arriba abajo, a su panza de lima, a sus ojos que eran de Clara, y dijo:

"Sí, soy tu abuela política y también tu madrastra política y también tu suegra. Y todo es un desmadre. Pero vine a decirte que lo sé. Que Viktor es tu padre. Que Nikolai te mintió. Que yo te mentí sin saber. Y que... y que quiero que me digas abuela. Aunque sea raro. Aunque sea enredado. Quiero que mi bisnieto lima me diga abuela."

Elena se quedó helada. Luego se rio. Luego lloró. Luego abrazó a Irina con su panza de lima en medio.

"¿Abuela-mamá-suegra?", preguntó.

"Abuela-mamá-suegra Volkov. La única en Chicago con 3 títulos."

Lorenzo bajó las escaleras en ese momento, con una llamada del puerto, con traje, con cara de jefe, y vio a su madre abrazando a su esposa/sobrina/hija de su guardaespaldas con una caja de zapatos en medio.

"¿Qué está pasando? ¿Por qué lloran? ¿Es por el sobre? ¿Dmitri vino otra vez?"

Irina se volteó, con la caja de zapatos, y se la aventó a Lorenzo. La caja se abrió y adentro había botitas. Botitas de bebé. De 12 semanas, todavía no, pero para cuando naciera. De cuero, negras, con suela roja como Louboutin, de bebé mafioso.

"Para mi bisnieto. Que va a ser Volkov Moretti Viktorovich. Porque su abuelo se llama Viktor y eso se respeta. Y ahora dime, Lorenzo Volkov, ¿vas a dejar que tu hijo se apellide Viktorovich o vas a seguir con tu drama de que eres el jefe?"

Lorenzo agarró una botita, la miró, miró a Elena con panza de lima, miró a Viktor que estaba en la puerta con cara de piedra pero con ojos rojos otra vez, y dijo:

"Va a ser Aleksei Lorenzo Volkov Moretti Viktorovich. Largo, pero con historia. Como su familia."

Esa noche cenaron los 4 juntos. Elena lima de 12 semanas, Lorenzo jefe de 35, Irina abuela-mamá-suegra de 60 y Viktor padre-abuelo-guardaespaldas de 45. Con Agata sirviendo sopa y llorando porque decía "parecen familia normal, por fin".

Faltaba 1 día para el 20 de diciembre. Para la audiencia donde Dmitri iba a presentar su demanda negra diciendo que Elena no es Volkov.

Pero ahora Elena sí era Volkov. No por Nikolai. Por Viktor. Por lealtad. Por sangre de guardaespaldas que vale más que sangre de jefe.

Y en su cartera, guardaba la foto de Clara y Viktor de 1998 y el ultrasonido de lima de 12 semanas que ya tenía manitas.

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Elsa Galvez
me desilusióno su papel de autora.No se juega con los lectores.Si va a escribir una historia,TERMINELA!!!
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