Tras sobrevivir al cáncer, Valeria oculta su infertilidad al hombre de su vida. Entre secretos, pasión y una suegra cruel, deberá decidir si el amor basta para sanar sus cicatrices.
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CAPÍTULO 16: Sombras en el nido de amor
La mudanza al penthouse fue un proceso lleno de ilusión, convertir aquel espacio amplio y moderno en nuestro nidito de amor se sintió como el inicio de una vida nueva; mientras desempacábamos las últimas cajas en el enorme espacio con vista al Ávila, Mateo tomó mi mano y me guio por el pasillo del segundo nivel.
—Acomodé las cosas para que no tengas que dejar de lado lo tuyo, mi amor —dijo con una sonrisa orgullosa, abriendo la puerta de un cuarto con una iluminación natural increíble—. Sé lo mucho que has luchado con Joyas Van todos estos años. Tu marca ha crecido muchísimo, los pedidos no paran y sé que hay clientes muy importantes en la ciudad buscando tus diseños exclusivos. Aquí vas a tener tu taller principal, con tu mesa de trabajo y todo el espacio para crear.
Se me llenaron los ojos de lágrimas al ver el apoyo incondicional de mi novio. Me abrazó por la cintura, pegando su pecho a mi espalda mientras mirábamos la habitación continua, una estancia amplia y vacía.
—Y este cuarto de al lado... —susurró Mateo con la voz cargada de una ternura que me heló la sangre—. Este cuarto lo podemos dejar preparado para nuestro futuro hijo, cuando llegue el momento, lo decoramos juntos.
En un segundo, la emoción se me transformó en un nudo de angustia en la garganta. Sentí un corte directo en el pecho. La culpa volvió a aplastarme con el peso de un camión. La relación iba cada vez más en serio, estábamos viviendo bajo el mismo techo y yo seguía guardando en lo más profundo de mi ser aquel secreto que me desgarraba: mi infertilidad. El recuerdo de mi batalla contra el cáncer y la operación que me arrebató la posibilidad de ser madre seguía siendo un tema tabú para mí, un dolor del que no era capaz de hablar sin sentir que me rompería en mil pedazos.
Disimulé la palidez como pude, inventando una excusa para bajar a la cocina a buscar agua y esquivar la conversación.
Necesitaba desahogarme con urgencia. Al día siguiente, aproveché la hora del almuerzo para reunirme a solas con Andrea y Natalia en una terraza privada. Apenas les conté lo sucedido en el penthouse, Natalia suspiró, mirándome con profunda empatía.
—De verdad, Vale... ya tienes cuatro años con Mateo, ya viven juntos, tienes que sincerarte con él antes de que sea demasiado tarde —me aconsejó Natalia suavemente—. No le escondas lo de tu infertilidad, Mateo te ama con la vida, él no te va a juzgar por algo que sufriste y que no fue tu culpa.
—Tengo miedo, Nati... —confesé con la voz quebrada—. El tema de la familia lo ilusiona demasiado.
Andrea, que conocía el entorno de Mateo desde hacía años por su trabajo en la empresa, dio un sorbo a su café y tomó la palabra con esa crudeza tan suya.
—Mira,Valeria, la verdad es que tienes que decirle ya, pero si te soy sincera, lo de tu secreto no es lo único que me preocupa —soltó Andrea, poniéndose seria—. Lo único que no me emociona para nada de tu relación es que te va a tocar calarte a tu suegra. La señora Elena Fonseca es una pata en el estómago, un verdadero hígado de mujer.
Me quedé helada, mirando a Andrea con cara de susto absoluto.
—¿Tan mala es? —pregunté en un hilo de voz.
—¡Peor! —recalcó Andrea haciendo gestos con las manos—. La Sra. Elena mira a todo el mundo como si tuviera mierda pegada al zapato. Es clasista, estirada y vive pendiente de las apariencias. Te lo digo para que vayas preparada y no te me vayas a dejar pisotear. Ahora, por el señor Tomás Fonseca no te preocupes; el papá de Mateo es un amor de persona, súper educado y respetuoso, lo único es que parece que la mujer lo tiene completamente controlado.
—¡Andrea, por favor! —intervino Natalia, dándole un golpecito en el brazo—. No le estés metiendo ideas y asustándola antes de tiempo, bastante tiene la pobre con sus propios nervios.
—¡Le estoy diciendo la pura realidad, Natalia! —se defendió Andrea—. Es para que esté alerta y no la agarren fuera de base. La familia de Mateo es de la alta sociedad y esa vieja no le va a hacer la vida fácil a nuestra amiga Valeria, yo solamente quiero que este preparada.
Me quedé en silencio, mirando el fondo de mi taza de café mientras las palabras de mis amigas resonaban en mi cabeza. El penthouse, la marca de joyas, el amor de Mateo... todo parecía un sueño perfecto, pero las sombras del pasado y la amenaza de una suegra despiadada estaban listas para ponerse en mi contra.