Valeria, una exitosa empresaria, se aleja de todo para descansar y encuentra a un hombre herido sin memoria. Al cuidarlo, surge un amor profundo entre ellos. Pero cuando él recupera su identidad, regresa con su esposa e hijo y descubre una traición peligrosa: su esposa solo lo quiere por dinero y planeó matarlo. Ahora debe elegir entre su pasado o el amor verdadero.
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Después del límite
El silencio después del beso no fue incómodo.
Fue intenso.
Valeria permaneció inmóvil unos segundos, como si su cuerpo aún estuviera procesando lo que acababa de pasar. Su respiración era inestable, y su mente… un caos.
Eso no debía haber ocurrido.
Pero ocurrió.
Adrián la observaba con una mezcla de certeza y calma, como si, a diferencia de ella, no estuviera luchando contra lo inevitable.
—Valeria… —murmuró.
Ella dio un paso atrás.
No brusco, pero suficiente para marcar distancia.
—No —dijo, casi en automático.
Adrián frunció levemente el ceño.
—¿No?
—Esto… no puede repetirse.
Él la miró, sin entender del todo.
—¿Por qué?
Valeria soltó una pequeña risa nerviosa, negando con la cabeza.
—¿En serio tienes que preguntarlo?
Se llevó una mano al cabello, caminando de un lado a otro, intentando ordenar sus ideas.
—No sabes quién eres. No sabes qué dejaste atrás. Esto… —lo señaló sin mirarlo directamente— no tiene bases.
Adrián dio un paso hacia ella.
—Pero es real.
—No es suficiente.
—Para mí sí.
Valeria se detuvo.
Lo miró.
Y por un segundo… dudó.
Pero esa duda la asustó más que cualquier otra cosa.
—No para mí —respondió, más firme.
El ambiente cambió.
No de forma abrupta… pero sí definitiva.
Adrián bajó la mirada unos segundos, como si estuviera entendiendo algo que no quería aceptar.
—Entonces… ¿fue un error?
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Valeria sintió un nudo en el pecho.
Podía mentir.
Podía decir que sí y terminar con todo en ese instante.
Pero no lo hizo.
—No —susurró.
Adrián levantó la mirada.
—Entonces, ¿qué fue?
Valeria tardó en responder.
—Fue… algo que no debía pasar.
Él dejó escapar una leve exhalación.
—Eso no cambia lo que sentí.
—Pero sí cambia lo que hacemos con eso.
Silencio.
El sonido del viento volvió a llenar el espacio.
Adrián asintió lentamente, aunque la tensión en su mandíbula lo delataba.
—Entiendo.
Pero no lo hacía.
No del todo.
Valeria lo sabía.
—Necesitamos límites —añadió ella—. Esto se salió de control.
—No se salió —corrigió él—. Solo dejó de ser lo que tú querías que fuera.
Valeria apretó los labios.
Esa forma de ver las cosas… la desarmaba.
—No compliques más esto.
—No lo estoy complicando —dijo él—. Lo estoy aceptando.
Ella negó.
—No. Lo estás idealizando.
Adrián se acercó un poco más, sin invadirla.
—¿Y tú qué estás haciendo?
Valeria no respondió.
Porque la respuesta era clara.
Estaba huyendo.
De nuevo.
El silencio se hizo más pesado, pero esta vez no era suave ni compartido. Era una distancia nueva, incómoda, que ninguno sabía cómo llenar.
Finalmente, Valeria habló.
—Necesito aire.
Tomó su chaqueta y salió de la cabaña sin esperar respuesta.
El frío la golpeó de inmediato.
Caminó sin rumbo fijo, intentando escapar de lo que sentía… pero llevándolo consigo.
Mientras tanto, Adrián se quedó dentro.
Solo.
Mirando el espacio donde ella había estado.
Lentamente, llevó una mano a su pecho.
Algo dentro de él… no encajaba.
No era solo lo que sentía por Valeria.
Era más profundo.
Más inquietante.
Un vacío que empezaba a moverse.
Como si algo, en algún lugar de su mente… estuviera intentando despertar.
Y esta vez, no parecía algo que pudiera controlar.