Pamela, orgullosa y arrogante, humilla en público al señor Fitwilliam, un supuesto “hombre viejo” que resulta ser un multimillonario frío, poderoso y mucho más peligroso de lo que aparenta.
Como castigo, su padre la obliga a casarse con él.
Ahora vive atrapada en un matrimonio forzado con el hombre al que despreciaba… y al que desafía a cada instante. Pero Fitwilliam no es de los que pierden el control. Ni de los que olvidan.
Entre orgullo y poder, solo una cosa es segura: uno de los dos terminará cayendo primero.
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capitulo 8: El Inicio del Compromiso
Pamela besó a Horacio con urgencia. Él era una pieza importante de su plan y estaba decidida a llevarlo hasta el final.
No podía aceptar que el hombre con quien iba a casarse fuera el primero en ocupar ese lugar en su vida. Antes muerta que permitir algo así.
Había tenido novios anteriormente, pero ninguno le había inspirado la confianza suficiente para dar ese paso. Siempre encontraba algún defecto o simplemente perdía el interés.
Horacio era diferente. No era el hombre perfecto, pero tampoco le desagradaba. Además, había estado a su lado durante mucho tiempo como su profesor de baile, y ella sabía que sentía algo por ella.
Por eso había tomado una decisión.
Horacio correspondía al beso de Pamela con intensidad, dejándose llevar por el momento. La cercanía entre ambos crecía, impulsada por la decisión impulsiva de ella y los sentimientos que él había guardado durante tanto tiempo.
—Pamela… este momento siempre lo soñé —susurró contra sus labios.
Pamela, aunque sabía que todo formaba parte de su plan, no se detuvo. Por primera vez sentía que estaba tomando el control de la situación a su manera, sin pensar en las consecuencias.
Mientras tanto, en la planta baja, Rogelio y Rosaura regresaron antes de lo previsto.
—¿Dónde está Pamela? —preguntó Rogelio al notar la extraña actitud de una de las sirvientas.
La mujer bajó la mirada. Pamela le había pedido que no dijera nada, pero la insistencia de Rogelio terminó por vencer su resistencia.
—La señorita Pamela está en su habitación... con un joven —admitió finalmente.
Rosaura y Rogelio se miraron sorprendidos.
Sin perder tiempo, ambos subieron las escaleras y se dirigieron a la habitación de Pamela.
Al llegar frente a la puerta, Rogelio la abrió de golpe.
Dentro, Pamela y Horacio estaban besándose.
El silencio cayó de inmediato en la habitación.
Rogelio los observó con el rostro tenso, sin decir nada al principio.
—Pamela… —dijo finalmente, con voz baja y firme—. ¿Qué está pasando aquí?
Horacio dio un paso atrás, nervioso, sin saber qué decir.
—Será mejor que te vayas ahora mismo —dijo Rogelio con voz firme, sin apartar la mirada de él—. Y mantente lejos de mi hija. No voy a permitir que la confundas ni que influyas en su vida.
Horacio tragó saliva, sintiendo el peso de la advertencia.
—Yo… no quería causar problemas —murmuró, con evidente nerviosismo.
Rogelio no cambió su expresión.
—Ya los causaste. Vete.
El tono fue suficiente.
Horacio, intimidado, bajó la mirada y salió de la habitación sin insistir más.
Pamela lo observó irse con molestia. Para ella, su actitud fue una decepción.
—Cobarde… —pensó con desprecio, viendo cómo desaparecía por el pasillo.
Cuando la puerta se cerró, el ambiente quedó aún más pesado.
Pamela se giró lentamente hacia su padre, con los ojos llenos de rabia.
—Te odio —dijo finalmente, con la voz quebrada, llena de rabia y dolor, mirándo directamente a su padre.
La mansión Mendoza estaba completamente transformada. Flores blancas decoraban los jardines, la música suave se extendía por los pasillos y el personal iba de un lado a otro asegurándose de que todo estuviera perfecto. Era una celebración de lujo, pero el ambiente se sentía cargado, como si algo estuviera a punto de romperse.
Pamela permanecía en su habitación, ya lista con el vestido de novia. Sin embargo, su expresión no reflejaba felicidad, sino una mezcla de rabia y resignación mientras observaba su reflejo en el espejo.
—No puedo creer que este día haya llegado… —murmuró para sí misma—. No voy a permitir que esto defina mi vida.
Su madre, Rosaura, entró despacio.
—Hija… estás hermosa —dijo con una sonrisa tenue, intentando aliviar la tensión.
Pamela no respondió, solo desvió la mirada.
En el salón principal, Rogelio supervisaba personalmente cada detalle de la ceremonia dentro de su casa.
—Quiero que todo esté en orden —ordenó con firmeza—. Hoy no puede haber ningún error.
Los empleados asintieron y continuaron con los preparativos.
Mientras tanto, Maximiliano llegaba a la mansión acompañado de algunos conocidos. Su expresión era seria, sin entusiasmo por lo que estaba a punto de ocurrir.
A su lado iba Teresa, caminando junto a él mientras entraban al lugar. Al verlo con el traje elegante, le resultó difícil creer lo que estaba pasando. Maximiliano iba a casarse, y para ella era algo inesperado y difícil de aceptar.
Desde hacía tiempo guardaba sentimientos por él, aunque nunca se los había dicho a nadie y él no lo sabía.
Bajó la mirada por un instante, intentando disimular lo que sentía mientras avanzaban entre el movimiento de invitados y preparativos.
Nadie alrededor parecía notar la incomodidad que ella trataba de ocultar.