Aleska es una jovencita ilusionada con su boda, con una vida de amor y felicidad, pero llega la traición, la peor de todas.
Su prometido la vende a mafiosos, ¿la razón?, quiere deshacerse de ella lo más rápido posible, ha conseguido enamorar a una niña rica, la cual quiere que termine lo más rápido con esa pobretona. Pero cuando ella había perdido las esperanzas, algo extraño pasa, ¿una coincidencia?, ¿algo planeado?, nadie lo sabe, o tal vez solo una persona lo sepa.
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Cap. 16 ¿Y qué le dijiste?
Valentina, desde su escondite, apretó tanto la copa que estuvo a punto de romperla. Su plan había salido terriblemente mal. En lugar de sembrar dudas, Aleska había demostrado un control y una frialdad sobrehumanos.
Había expuesto a Mateo como el títere débil que era, y había dejado en claro que no guardaba ni un ápice de sentimiento por él. Peor aún, había mencionado el almacén en público, un recordatorio sutil pero letal del crimen que vinculaba a Mateo y Clarissa.
Esa noche, en el penthouse, Aleska le contó el incidente a Drago con tono de informe, sin emoción.
—Valentina intentó usar a Mateo. Quería que pareciera que había algo entre nosotros, para que dudarás de mí.
Drago, que estaba escuchando con los ojos entornados, dejó escapar un gruñido que era casi una risa.
—¿Y qué le dijiste?
—Le dije que daba lástima. Y le mandé un recuerdo a Valentina.
Una sonrisa lenta, cargada de orgullo y algo más intenso, se dibujó en el rostro de Drago. Se acercó a ella, invadiendo su espacio personal de una forma que no era estratégica, sino personal.
—Sabía que intentarían algo así. Lo que no sabía era que tu respuesta sería tan… perfecta. No te defendiste. Los atacaste mostrando desprecio, no celos. —Su mirada recorrió su rostro.
—Eso le duele más a Valentina. Porque significa que no solo no me quitaste nada… sino que lo que tengo a mi lado es más fuerte de lo que ella jamás podría ser.
Aleska sostuvo su mirada, sintiendo el calor de su cuerpo, esa aura de poder y masculinidad que ahora reconocía abiertamente.
—No lo hice por ella. Lo hice porque era la jugada lógica. Él es débil. Ella está desesperada. Mostrar debilidad ante eso habría sido estúpido.
—Lo sé —susurró Drago, su voz un roce grave.
—Y eso es lo que más me impresiona. La chica del almacén habría gritado o llorado. La mujer que está frente a mí… calcula y ejecuta. —Hizo una pausa, su mirada bajando a sus labios por una fracción de segundo antes de volver a sus ojos.
—Cada día, me demuestras que confiar en ti fue la mejor decisión de mi vida.
El elogio, dicho tan cerca, con esa intensidad, fue más electrizante que cualquier discurso sobre alianzas. Aleska sintió ese mismo calor que había imaginado ante la broma de Mónica, pero ahora era real, palpable entre ellos.
Valentina había querido crear desconfianza. En cambio, sin quererlo, había cementado la lealtad y atracción entre ellos, demostrando a Drago que Aleska no era una vulnerabilidad, sino su activo más valioso e implacable. Y a Aleska, le había dado la certeza de que su enemigo estaba acorralado, jugando cartas tan débiles que sólo confirmaban su derrota inminente.
La guerra continuaba. Pero en ese frente, Aleska acababa de ganar otra batalla sin sudar. Y Drago la miraba no como a un peón, sino como a la reina que siempre supo que podría ser.
La humillación pública de Mateo fue la puntilla. Valentina vio cómo los mismos círculos que una vez la adulaban ahora le dirigían sonrisas compasivas o, peor, la evitaban discretamente.
Su hija Clarissa estaba convertida en un erizo de furia impotente, encerrada en su loft y negándose a salir. La pensión de Drago, efectivamente, se había congelado. Los bancos empezaban a llamar con una cortesía gélida. Se estaba quedando sin dinero, sin aliados y sin tiempo.
El documento ya no era una estrategia. Era una obsesión. La única llave para salir de la tumba social y financiera en la que se encontraba.
Su error no fue la falta de cuidado, sino la desesperación que la hizo confiar en la persona equivocada. En lugar de usar a Mateo o a investigadores anónimos, decidió ir directo a la fuente: un excomisario corrupto, Rogelio "El Tuerto" Mercado, jubilado y viviendo de sobornos pasados.
Él había estado en la nómina de Kólikov, el jefe gánster de Drago, y sabía cosas. Valentina lo había usado antes para asuntos sucios menores. Pero esto era distinto. Esto era sacar un demonio de hace treinta años.
Se encontraron en un bar de puerto, lleno de sombras y olores a sal y cerveza rancia. Rogelio, con un parche sobre un ojo y las manos manchadas de nicotina, escuchó su propuesta con una sonrisa desdentada.
—El incendio del almacén Vasiliev… claro que me acuerdo —dijo, su voz un graznido.
—Fue mi caso. Hasta que dejó de serlo. Kólikov puso mucho dinero para que se archivara como "accidente". Pero yo… yo soy un hombre precavido.
Valentina contuvo el aliento. Precavido. Era la palabra que esperaba.
—¿Tiene algo? ¿Alguna prueba que vincule ese accidente con la nueva identidad de Drago?
Rogelio la miró con su ojo bueno, evaluando su desesperación.
—Tengo algo mejor que papeles, señora. Tengo un testigo. El tipo que prendió la mecha, un pirómano a sueldo llamado "El Fósforo". Sobrevivió a la purga de Kólikov años después. Está escondido, viviendo con una nueva identidad en el sur, pensando que todos lo olvidaron. Él no solo puede contar quién dio la orden, sino que guardó una cosa… un encendedor de plata con las iniciales "D.V." que el vigilante, el viejo, dejó caer mientras intentaba salir. El fósforo lo recogió como trofeo. Esa pieza une todo: el lugar, la víctima, y las iniciales del verdadero Drago. Dmitri Vasiliev.
Valentina sintió un vuelco triunfal y venenoso en el estómago. Era más de lo que jamás había soñado. Un testigo vivo y un objeto físico. Era una bomba de relojería perfecta.
—¿Cuánto? —preguntó, sin rodeos.
Rogelio nombró una cifra astronómica. Valentina, sin parpadear, asintió. Vendería las joyas que le quedaban, el coche, lo que fuera. Pero cometió su error crucial: pagó la mitad por adelantado, con la promesa de la otra mitad al entregar al testigo y el encendedor. Y lo hizo desde una cuenta personal que Drago ya estaba monitoreando de cerca.