Él fue su primer amor. Ella fue quien arruinó su sueño. Años después, se reencuentran en la universidad y la guerra entre ellos está lejos de haber terminado. Lo que ninguno esperaba era que detrás del odio siguieran existiendo sentimientos imposibles de olvidar.
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Demasiado cerca
Bella pasó el resto de la tarde intentando concentrarse en sus apuntes.
Intentando.
Porque cada vez que bajaba la vista hacia el cuaderno, terminaba recordando la sonrisa de Scott.
Y eso era molesto.
Muy molesto.
Años atrás había sido fácil.
Scott sonreía y ella sonreía también.
Era algo natural.
Ahora, en cambio, cada pequeño gesto parecía una amenaza para la estabilidad emocional que había construido durante años.
Por suerte, el entrenamiento terminó y los niños comenzaron a abandonar la pista.
Mateo fue el último en irse.
Antes de salir, señaló a Scott desde la distancia.
—¡No te quites la curita!
—Me la voy a quitar en cinco segundos.
—¡Te estoy viendo!
—Eso es aterrador.
El niño soltó una carcajada y salió corriendo hacia su abuela.
Bella observó la escena sin darse cuenta de que estaba sonriendo.
—Te gustan los niños.
La voz de Scott apareció a su lado.
Ella levantó la vista.
No lo había escuchado acercarse.
—Son adorables.
—La mitad de ellos son pequeños demonios.
—Demonios adorables.
—Eso sí.
Durante unos segundos caminaron juntos alrededor de la pista vacía.
El hielo reflejaba las luces del techo y el ruido habitual había desaparecido.
Por primera vez en mucho tiempo no estaban discutiendo.
Ni lanzándose comentarios venenosos.
Simplemente caminaban.
Y aquello resultaba extrañamente incómodo.
Porque la tranquilidad entre ellos era más peligrosa que cualquier pelea.
—Nunca te imaginé estudiando esto.
La voz de Scott rompió el silencio.
Bella acomodó la carpeta contra su pecho.
—¿Enfermería?
—Sí.
—¿Por qué?
Scott se encogió de hombros.
—No lo sé. Siempre pensé que terminarías siendo profesora.
Ella soltó una pequeña risa.
—¿Profesora?
—Eras la única adolescente que disfrutaba explicando matemáticas.
—No disfrutaba explicarlas.
—Mentira.
—No.
—Bella.
—Bueno… un poco.
Scott sonrió.
Y ella odió que todavía recordara esas cosas.
Pequeños detalles.
Pequeñas tonterías.
Cosas que nadie debería recordar después de cinco años.
Sin embargo él las recordaba.
Igual que ella recordaba que Scott odiaba el tomate.
Que siempre se ponía nervioso antes de los partidos importantes.
Y que cuando estaba preocupado se rascaba el cuello sin darse cuenta.
Justo como estaba haciendo ahora.
Bella se quedó observándolo unos segundos.
Y entonces se dio cuenta.
Scott estaba nervioso.
La pregunta era…
¿Por qué?
—¿Qué pasa?
Él bajó la mano inmediatamente.
—Nada.
—Mentira.
—¿Ahora lees mentes?
—No. Solo te conozco.
Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.
Ambos quedaron en silencio.
Porque aquello era cierto.
A pesar de todo.
A pesar de los años.
A pesar del odio.
Seguían conociéndose demasiado bien.
Scott bajó la mirada.
Por primera vez parecía no saber qué decir.
Y aquello era raro.
Muy raro.
Porque Scott siempre tenía una respuesta.
Siempre tenía algo que decir.
Pero no esta vez.
No cuando Bella estaba tan cerca.
No cuando podía ver las pequeñas pecas junto a su nariz.
No cuando el aroma a vainilla volvía a distraerlo.
No cuando, por un instante, parecía exactamente la chica que había amado a los quince años.
Bella también lo notó.
La cercanía.
El silencio.
La forma en que ninguno parecía dispuesto a alejarse.
Y aquello la puso nerviosa.
Porque había pasado años imaginando cómo sería volver a verlo.
Y nunca había imaginado esto.
Nunca imaginó que lo más difícil no sería odiarlo.
Sino recordar cuánto le había importado.
Afortunadamente para ambos, una voz apareció desde el otro lado de la pista.
—¡BELLA!
Nora.
Por supuesto.
La salvadora involuntaria.
—¡Te estaba buscando!
Bella se apartó tan rápido que casi se sintió ridícula.
—¿Qué pasó?
—Marta tiene chisme nuevo.
Los ojos de Bella se iluminaron automáticamente.
—¿Qué tipo de chisme?
—Del bueno.
—¿Muy bueno?
—Escandalosamente bueno.
Bella ya estaba caminando.
—Lo necesito.
—Lo sé.
Nora la tomó del brazo y prácticamente la arrastró.
Scott observó cómo se alejaban.
Escuchando las risas de ambas.
Y sintiendo una extraña mezcla de alivio y decepción.
Porque había estado demasiado cerca.
Mucho más cerca de lo que debería.
Y por primera vez desde que Bella volvió a aparecer en su vida…
Ya no estaba seguro de querer seguir fingiendo que la odiaba.