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El Vínculo De Escarlata

El Vínculo De Escarlata

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Vampiro / Completas
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda

​El sacrificio es solo el comienzo.
​Para salvar a su hermana de una muerte segura, Elisabeth toma una decisión irrevocable: entregar su libertad y su sangre a la realeza de las sombras. Como la nueva sierva de sangre personal del príncipe Damián, su vida ahora se mide en gotas y se consume tras los muros de un palacio donde la luz del sol es un recuerdo lejano.
​Damián es todo lo que las leyendas advierten: frío, letal y poseedor de una belleza tan peligrosa como su linaje. Sin embargo, tras la máscara de heredero implacable, Elisabeth descubre a un hombre atrapado en su propia inmortalidad. Lo que comienza como un contrato de supervivencia se transforma en una atracción magnética y prohibida que desafía las leyes de la naturaleza y los prejuicios de siglos de guerra.
​Pero en el mundo de los inmortales, el amor es una debilidad que los enemigos no perdonan. Mientras su conexión crece, el destino comienza a tejer una red de traiciónes, secretos y una profecía antigua

NovelToon tiene autorización de Fernanda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 4: El despertar en el nido de víboras

La cama, aunque cubierta con sábanas que en mi aldea habrían costado una pequeña fortuna, se sentía como un lecho de espinas. Pasé las horas moviéndome entre las sombras de la habitación, incapaz de cerrar los ojos por más de unos minutos sin que la oscuridad jugara con mi mente.

​Cada crujido de la madera vieja me hacía saltar, esperando que la puerta volviera a abrirse. En el silencio de la noche, el eco de las palabras de los hermanos se repetía en un bucle tortuoso. Cerraba los ojos y sentía de nuevo el frío de los colmillos de Damián rozando mi piel; los abría y la sonrisa depredadora de Silas parecía flotar en las esquinas de la alcoba.

​"Peligro", me había dicho uno. "Oportunidad", me había sugerido el otro.

​Mis pensamientos eran una maraña imposible de desenredar: la seguridad de mi hermana, el aroma de mi propia sangre llenando la copa de cristal y esa extraña chispa eléctrica que todavía sentía donde Damián me había tocado. Para cuando la primera luz azulada del amanecer se filtró por la ventana, no me sentía descansada. Al contrario, sentía que había librado una batalla interna que me había dejado más exhausta que cualquier jornada de trabajo en el campo. Tenía el cuerpo pesado, el alma en vilo y la certeza de que, en este palacio, el sueño era un lujo que no podía permitirme.

A LA MAÑANA SIGUIENTE

​El "amanecer" en el Palacio de las Sombras no traía consigo el canto de las aves ni el calor del sol. En su lugar, el cambio de guardia y el sonido metálico de las antorchas de fuego azul siendo renovadas anunciaron el fin de mi noche en vela. No había pegado ojo; cada vez que cerraba los párpados, veía el brillo gris de los ojos de Damián o la sonrisa calculadora de Silas.

​Me levanté de la cama con el cuerpo pesado. Mi mano ya no sangraba, pero la cicatriz era una línea rosada y extraña, demasiado cerrada para el corte que me había hecho. La lavé con agua helada, intentando despejar la bruma de mi mente.

​Tenía que moverme. En este lugar, la quietud se sentía como una invitación a ser devorada.

​Al salir de mi alcoba, el pasillo parecía diferente a la luz (o la falta de ella) del día. Las sombras eran largas y densas. Mi tarea hoy era clara, aunque me aterraba: debía presentarme de nuevo ante el príncipe. Pero ahora, llevaba conmigo un secreto que él no sabía que yo compartía con su hermano.

​El encuentro en el jardín de invierno

​Mientras me dirigía a los aposentos reales, el destino —o la crueldad de este palacio— me hizo pasar por el jardín de cristal. Allí estaba Damián. No llevaba la armadura ni las galas de la cena anterior; vestía una camisa de seda negra abierta en el cuello, dándole un aire mortalmente humano. Estaba de espaldas a mí, observando una rosa que parecía estar hecha de escarcha.

​—Has tardado —dijo sin girarse. Su voz ya no era un gruñido, sino un susurro cortante—. ¿Acaso el miedo te paralizó las piernas, Elisabeth?

​Me detuve a unos pasos de él, notando cómo mi corazón, traidor, volvía a galopar.

​—No es miedo lo que me detiene, alteza —respondí, tratando de que mi voz no temblara—. Es la duda. Me llamó peligro, y sin embargo, aquí sigo. ¿Por qué no me ha enviado de vuelta o... acabado conmigo?

​Él se giró lentamente. La luz azulada resaltaba la palidez de su piel y las ojeras que delataban que él tampoco había descansado. Su mirada bajó a mi mano vendada y luego subió a mis ojos, buscando algo que ayer le había perturbado.

​—Porque el peligro tiene una cualidad hipnótica —admitió, dando un paso hacia mí que me obligó a contener el aliento—. Y porque anoche, mi hermano Silas no fue el único que visitó tus pensamientos. Puedo oler su rastro en ti.

​Él lo sabía. Sabía que Silas había estado en mi cuarto. El palacio no solo tenía paredes, tenía oídos y olfatos demasiado agudos. Estaba atrapada en medio de un juego de ajedrez entre dos monstruos, y yo ni siquiera sabía si era una pieza o el tablero en el que estaban luchando.

1
Eliana
👏👏👏
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