El destino teje hilos oscuros, pero el poder verdadero reside en decidir qué nudos desatar y cuáles cortar con tu propia voluntad
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Capítulo 17
La Transformación Definitiva
Alessia caminó hacia el estanque de mercurio. Metió las manos en el líquido plateado y, en lugar de reflejar su imagen, empezó a absorberlo. La magia prohibida que había cultivado en el Abismo reconoció su origen. El contrato que estaba grabado en su sangre empezó a reescribirse.
Valerius observó con horror y fascinación cómo el cuerpo de Alessia era envuelto en una crisálida de sombras y plata. Podía oír sus huesos rompiéndose y reformándose, su esencia misma siendo purgada de cualquier rastro de la niña que alguna vez fue.
—Alessia, detente... —susurró Valerius, dando un paso adelante.
—No te acerques —la voz de ella sonaba como si mil personas hablaran a la vez—. El Lobo Negro quería unirse a una reina. Aquí la tienes.
Cuando la luz y la sombra se disiparon, Alessia estaba de pie, transformada. Su armadura ya no era de acero; era una piel de obsidiana viva que latía con el ritmo de su corazón. Su cabello blanco flotaba en un aire inexistente, y de su espalda no brotaban alas, sino zarcillos de oscuridad pura que parecían tener vida propia.
Ya no era una mujer. Era la personificación de la Deuda no Pagada.
—¿Alessia? —preguntó Valerius, buscando a la mujer que había besado en las montañas.
Ella se giró hacia él. Por un segundo, un destello de humanidad regresó a sus ojos.
—Sigo siendo yo, Valerius. Pero ya no tengo miedo de lo que hay en mi espalda. Ya no es una marca de vergüenza. Es mi derecho de propiedad sobre este mundo.
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El Retorno a la Luz Fría
Salieron del templo bajo una luna roja que parecía sangrar sobre la nieve. Silas y los Sombríos retrocedieron al ver a Alessia. Muchos cayeron de rodillas, no por respeto, sino por el peso de la autoridad que emanaba de ella.
—¡Escuchadme! —la voz de Alessia se extendió por el valle, apagando el aullido del viento—. ¡Nos han mentido! ¡Vuestro reino no se construyó sobre el honor, sino sobre la sangre de los inocentes! ¡Vuestros padres y vuestros reyes os vendieron a las sombras para salvar sus cobardes pellejos!
Los soldados se miraron entre sí, el murmullo de la indignación empezando a crecer.
—¡Caleb no es vuestro salvador! —continuó ella—. ¡Es el carcelero que esperaba que yo muriera para poder seguir disfrutando de un sol que no le pertenece! ¡Pero hoy, el sol de Vyrwel se apaga! ¡Hoy comienza la noche de la verdad!
Valerius desenvainó su espada y la levantó hacia la luna roja.
—¡POR LA REINA OSCURA! —rugió.
—¡POR LA REINA OSCURA! —respondieron mil voces, un grito que hizo temblar los cimientos de la tierra.
Alessia miró hacia el sur, hacia donde se encontraba Vyrwel. Ahora lo veía todo con una claridad dolorosa. El palacio no era una fortaleza; era una tumba. Y ella era la que venía a cerrarla.
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El Plan de Invasión
Se reunieron en la tienda de mando. El mapa de Vyrwel estaba extendido sobre la mesa, pero Alessia ya no necesitaba mapas. Podía sentir las debilidades del reino en su propia piel.
—Caleb cree que la magia del reino lo protege —dijo Alessia, señalando las murallas de la capital—. Cree que los muros son inexpugnables porque fueron bendecidos por los Antiguos. Pero esa bendición está atada a mi contrato. En el momento en que yo cruce la puerta de la ciudad, esas protecciones se desvanecerán como el humo.
—¿Y el ejército real? —preguntó Silas—. Todavía nos superan en número de diez a uno.
—No por mucho tiempo —intervino Valerius—. Cuando la gente sepa que su "héroe" vendió a su propia prometida a las sombras, la mitad de sus soldados bajarán las armas. No luchas por un hombre que sacrifica a los suyos para salvarse a sí mismo.
—Y para los que no las bajen... —Alessia cerró el puño, y el mapa sobre la mesa se prendió fuego en una llama negra— ...tengo un regalo del Abismo. No solo marcharemos nosotros. Los muertos de Vyrwel, aquellos que fueron sacrificados antes que yo, se levantarán para reclamar su parte.
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