“El misterio de las dos hermanas y los gemelos comienza cuando una oscuridad ancestral marca a una de ellas, mientras los hermanos descubren que su destino está ligado a dos lunas muy distintas que podrían salvar… o destruir… el bosque.” 🌒✨
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Susurros en la oscuridad
La primera noche fuera del bosque fue más fría de lo esperado.
Se refugiaron entre formaciones rocosas, lejos del antiguo territorio. El padre permaneció despierto, vigilando. Alison y Alisa se recostaron cerca una de la otra, buscando calor y tranquilidad.
El cansancio terminó venciendo.
Pero el sueño de Alison no fue descanso.
Al principio, todo parecía normal.
Caminaba sola por un bosque que no reconocía. No era el suyo. Los árboles eran más altos, más delgados, y el cielo no tenía luna.
Entonces lo escuchó.
Un susurro.
—Alison…
Se detuvo.
Miró alrededor.
No había nadie.
El suelo bajo sus patas comenzó a oscurecerse, extendiéndose como tinta derramada.
—No tengas miedo…
La voz no era fuerte.
Era suave.
Casi amable.
Una sombra comenzó a tomar forma frente a ella. No tenía rostro, pero parecía inclinarse ligeramente.
—Tú no eres como ellos.
Alison retrocedió.
—¿Quién eres?
La figura no respondió directamente.
—Has sentido el poder crecer. Has sentido cómo te escucha.
La marca en su hombro ardió dentro del sueño.
—Yo puedo enseñarte —susurró la entidad—. No tienes que contenerlo. No tienes que temerle.
Alison sintió que las sombras a su alrededor se movían con más libertad. Más fuerza.
Más obediencia.
Y por un instante…
Fue tentador.
No luchar.
No resistir.
Dejar que el poder fluyera sin límites.
—Podrías proteger a tu hermana mejor que nadie.
Eso la hizo dudar.
Las sombras se alzaron, envolviéndola sin dañarla.
—Ellos te temerán si te muestras débil.
Pero si abrazas lo que eres… nadie podrá tocarte.
Alison cerró los ojos.
Y en ese momento, una luz suave atravesó la oscuridad.
No fuerte.
No agresiva.
Solo constante.
La figura retrocedió levemente.
La voz cambió.
—No la necesitas.
La luz creció un poco más.
Y Alison escuchó otra voz.
—No estás sola.
Alison abrió los ojos dentro del sueño.
Alisa estaba allí.
No físicamente, pero su presencia se sentía real.
La luz que salía de ella no atacaba a la sombra.
La mantenía a distancia.
Equilibrio.
La entidad siseó, distorsionándose.
—Esto no termina aquí.
El sueño se quebró como cristal.
Alison despertó sobresaltada.
Respiraba agitadamente.
A su lado, Alisa también abrió los ojos al mismo tiempo.
—Lo sentí —susurró Alisa.
Alison la miró, confundida.
—¿Qué?
—Tu miedo.
Se incorporaron lentamente.
El padre las observó desde la entrada del refugio improvisado.
—¿Qué ocurrió?
Alison dudó.
Pero sabía que callar no ayudaría.
—Algo me habló.
El aire se tensó.
Alisa bajó la mirada.
—Intentó convencerla.
El padre cerró los ojos un momento.
Temía que esto pasara.
—La oscuridad antigua no solo ataca con fuerza —dijo finalmente—. Ataca con duda.
Alison sintió un escalofrío.
—No parecía querer destruirme.
—No todavía —respondió él con gravedad.
El silencio volvió a caer.
Alison miró sus patas.
La sombra bajo ella estaba más definida.
Más estable.
Pero no se movía sola.
La controlaba.
Y ahora sabía que algo más también intentaba hacerlo.
Alisa apoyó su frente contra la de su hermana.
—No le creas.
Alison asintió.
Pero una parte de ella recordaba la sensación.
La facilidad.
La fuerza sin límites.
Y eso era lo más peligroso.
Porque la entidad no había mentido del todo.
El poder sí estaba creciendo.
Y si volvía en sueños…
Tal vez la próxima vez no sería tan fácil rechazarlo.
Muy lejos, en el bosque que dejaron atrás, la sombra se reagrupó.
No estaba derrotada.
Solo estaba aprendiendo.
Había sentido la interferencia de la luz.
Había sentido el equilibrio.
Y ahora sabía cuál era la grieta que debía abrir.
La duda.
Porque destruir el cuerpo es difícil.
Pero sembrar inseguridad…
Es mucho más sencillo.
En el Norte, esa misma noche, Jael se removió inquieto en su descanso.
No vio claramente a la loba esta vez.
Solo sintió inquietud.
Como si algo hubiera intentado tocar el mismo hilo invisible que los conectaba al sur.
Dael abrió los ojos segundos después.
—Algo cambió —dijo en voz baja.
Jael asintió lentamente.
La conexión ya no era tranquila.
Ahora tenía una tensión leve.
Un desequilibrio pequeño.
Y aunque aún no sabían los nombres de las hermanas…
Ambos comprendieron una cosa con claridad:
El sur ya no estaba en calma.
Y si seguían ignorándolo,
podrían llegar demasiado tarde.