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El Heredero Del Imperio

El Heredero Del Imperio

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Polania

Han pasado 20 años.
El hijo de Frank y Valery ya no es un bebé.
Es el heredero del imperio Morello
Él no quiere el trono.
No quiere ser rey. No quiere sangre. No quiere alianzas forzadas.
Quiere una vida normal.
Y eso, en una familia como la suya… es traición.

NovelToon tiene autorización de Polania para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entre luces y sombras

CAPÍTULO 6

Matías no improvisaba.

Nunca.

Pero con Isabella… estaba aprendiendo a hacerlo.

No eligió un restaurante lujoso.

No reservó el lugar más exclusivo de la ciudad.

No llevó escoltas visibles.

Eligió algo peor.

Algo personal.

La llevó al mirador más alto de la ciudad, un lugar donde las luces de México parecían un cielo invertido bajo sus pies.

Cuando Isabella llegó, vestía sencillo. Jeans oscuros, blusa blanca, chaqueta ligera. El cabello suelto esta vez.

No parecía una chica intentando impresionar.

Parecía ella.

—¿Siempre cita a las mujeres en lugares donde podrían empujarlo al vacío? —preguntó mirando la altura.

—Solo a las que creo que no lo harían.

Ella lo miró de lado.

—No me conoce tanto.

—Quiero hacerlo.

Eso cambió la energía.

El viento movía su cabello. Las luces titilaban abajo. La ciudad vibraba, indiferente a lo que estaba comenzando entre ellos.

Caminaron hasta el borde protegido por barandas metálicas.

—¿Siempre habla en acertijos? —preguntó ella.

—Solo cuando estoy nervioso.

Isabella soltó una risa suave.

—¿Usted? ¿Nervioso?

Matías sostuvo su mirada.

Y esta vez no había cálculo.

—Contigo, sí.

El silencio se volvió denso.

No incómodo.

Expectante.

Ella bajó la mirada por un segundo.

Eso fue todo lo que él necesitó para entender que el juego estaba cambiando.

 

Hablaron durante horas.

Sobre su padre.

Sobre la medicina.

Sobre cómo Isabella había decidido estudiar después de ver morir a alguien por falta de atención adecuada.

—No me gustan las injusticias —dijo ella—. Me enfurecen.

Matías la observó con atención.

Si supiera.

Si supiera cuántas injusticias él había provocado indirectamente.

—¿Y tú? —preguntó ella—. ¿Qué te enfurece?

Él dudó.

Eso era nuevo.

—La traición.

Ella frunció ligeramente el ceño.

—Eso sonó específico.

—Lo es.

No explicó más.

Pero por primera vez, Isabella sintió que debajo de su calma había algo más oscuro.

Algo que no encajaba del todo con el hombre que la miraba como si fuera lo único real en su mundo.

Y aun así…

No se alejó.

 

Más tarde, se sentaron en el capó del auto.

La ciudad extendida frente a ellos.

El aire más frío.

El silencio más íntimo.

Isabella jugaba distraídamente con el anillo sencillo que llevaba en el dedo.

—Hay algo que no me dices —murmuró sin mirarlo.

Matías tensó la mandíbula.

—Todos tenemos cosas que no decimos.

—Sí. Pero lo tuyo pesa.

Esa frase lo atravesó más que cualquier bala.

Ella no sabía nada.

Y aun así… lo sentía.

—No soy peligroso para ti —dijo finalmente.

Error.

Porque no era verdad.

Isabella lo miró fijamente.

—Eso no fue lo que pregunté.

El aire entre ellos cambió.

No era discusión.

Era tensión cruda.

Matías alzó la mano y, con suavidad inesperada, apartó un mechón de cabello que el viento le llevaba al rostro.

El gesto fue lento.

Deliberado.

Ella no se apartó.

Sus respiraciones comenzaron a sincronizarse.

—Isabella… —su voz bajó medio tono.

—Matías…

No terminaron las frases.

No fue un beso impulsivo.

Fue uno inevitable.

Lento.

Cargado.

Como si ambos supieran que cruzaban una línea invisible.

No hubo prisa.

Solo electricidad contenida durante días.

Cuando se separaron, Isabella lo miró como si intentara memorizar su rostro.

Y él la miró como si acabara de descubrir algo que no sabía que necesitaba.

—Esto es una mala idea —susurró ella.

—Probablemente.

—No te conozco.

—Entonces conoce.

Ese fue el momento exacto en que Isabella empezó a caer.

Y el momento exacto en que Matías empezó a perder el control.

 

A unas cuadras de allí, dentro de un vehículo oscuro estacionado discretamente, una cámara capturó el beso.

La imagen fue enviada en menos de un minuto.

El hombre de las llamadas observó la pantalla.

Silencio.

Luego sonrió.

—Ahora sí…

Dejó el teléfono sobre la mesa.

—Prepárense.

 

De regreso a casa, Isabella tenía el corazón acelerado.

No por el beso.

Por la sensación.

Había algo en Matías que la atraía con fuerza.

Pero también algo que la inquietaba.

Cuando entró a su edificio, notó algo extraño.

La puerta principal estaba ligeramente abierta.

Ella estaba segura de haberla cerrado.

Se detuvo.

Escuchó.

Silencio.

Entró con cuidado.

Nada fuera de lugar.

Pero sobre la mesa de la sala…

Había una pequeña tarjeta negra.

Sin firma.

Solo una frase:

“Aléjate antes de que aprendas demasiado.”

El pulso se le disparó.

¿Era una broma?

¿Una amenaza?

¿Una coincidencia?

Su mente buscó lógica.

Pero su intuición gritaba otra cosa.

Tomó el teléfono.

Miró el nombre de Matías en la pantalla.

Dudó.

Y no llamó.

 

En su apartamento, Matías observaba la ciudad desde su balcón.

No sabía que esa misma noche…

El juego había cambiado de nivel.

Y que alguien acababa de tocar lo único que empezaba a importarle.

Por primera vez desde que llegó a México…

No estaba pensando en el imperio.

Estaba pensando en ella.

Sin saber que amar a un Morello…

Nunca es gratuito.

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