Stellan Von Krause, fue el villano en una historia romántica, pero, también fue el príncipe heredero, aquel que se ganó su puesto siendo el héroe del imperio, aquel que desde joven lucho en las guerras para proteger su imperio, solo para finalmente morir en manos del "protagonista ", porque amo tontamente a una mujer que nunca supo apreciar su amor. Pero ahora, el rey de las sombras ha renacido en su cuerpo, y a ahora, lo que menos le importa es el amor de esa mujer, lo único que desea es mantener su puesto de príncipe heredero y aplastar a quien se interponga en su camino.
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Capitulo 20.
Las flechas se detienen, pero Cordelia ve salir del bosque un grupo de hombres armados con espadas y ocultando sus rostros en capuchas negras. Estos rodean a la pareja, observando a Stellan en el suelo, y uno comenta que el veneno funcionó, que probablemente no demora en morir. Pero, la mano de Stellan se mueve quitando la flecha de su hombro mientras se pone de pie.
Los hombres se asombran en especial al ver los ojos de Stellan brillar. Stellan mira la flecha y sonríe.
—que astutos, si yo fuera un humano normal, esto habría acabado conmigo.— tira la flecha.
Cordelia le mira, y si, estaba sorprendida de verlo bien.
—su herida...
—no se preocupe mi lady, no fue nada.— asegura.
—de acuerdo, entonces yo me encargo. Lamentaran haber atacado de esa forma.—
Cordelia levanta las manos hacía adelante dejando ver chispas eléctricas en sus palmas, y cuando junta ambas manos, los rayos salen disparados hacía los hombres, causando una descarga por sus cuerpos que los manda a volar lejos.
Los pocos que lograron vivir se levantan pero, al mirar frente a ellos, las sombras ya estaban de pie a pocos pasos y aunque intentan huir las sombras los atrapan mordiendo sus cuellos hasta que dejan de moverse.
—dejen uno vivo.—ordena Stellan.
Las sombras se apartan y una de ellas solo sostiene a uno de los hombres y lo arroja cerca de Stellan. Cordelia se acerca y sostiene al hombre del cabello obligandolo a mantenerse arrodillado.
—¿quien te ha enviado?— le pregunta la albina.
El hombre se niega a hablar, asegurando que no dirá nada porque sabe que mataran de todas formas.
—efectivamente, si hablas te mató, pero, si no quieres hablar, entonces, haré que supliqués por tu muerte.— responde Stellan.
Cordelia se aparta y del suelo empiezan a salir las raíces con espinas y se enrollan su cuerpo, apretando con las espinas clavandose en su piel. El hombre deja escapar un grito de dolor, pero asegura que no piensa hablar, las lianas se mueven en su cuerpo, como si fuese una serpiente apretando el cuerpo de su víctima.
—¡oh!, por cierto, mi lady, ¿de casualidad trae alguna daga?— pregunta.
—no, solo creí que sería un paseo normal.— responde la albina.
—supongo que no queda de otra...—
Stellan se acerca al hombre y sostiene su brazo. El hombre grita cuando Stellan le rompe un dedo, seguido de otro, y otro.
—si fuera tú, hablaría, porque, aun quedan tus pies y una mano, y muchas partes más que lastimar.— advierte Cordelia.
El hombre niega, hasta que siente que le rompen los dos dedos que faltaban de esa mano.
—e-espere...si hablo...¿me dejan ir?— pregunta nervioso.
—mmm...de acuerdo, seré generoso, te dejaré ir.— asegura Stellan.
—u-un hombre...llego al gremio de asesinos...ofreció mucho por usted...por su vestimenta era noble...pero no de este imperio...quizás era de otro país.— informa.
—¿alguna idea de quien podría ser?— pregunta Cordelia.
—no, quizás no. Pero, eventualmente saldrá el verdadero culpable.— responde el azabache.
Stellan libera al hombre, y le permite irse. Este empieza a correr hacía el bosque, pero, una descarga eléctrica impacta en su cuerpo y lo hace caer. El hombre se arrastra un poco y ve acercarse a Cordelia.
—d-dijo que me dejaría ir...— reclama.
—si, su alteza prometió dejarte ir, y cumplió, pero, yo no prometi nada.— sonríe con malicia.
El hombre mira con terror a la joven y recibe otra descarga que deja su cuerpo completamente quemado.
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Al volver al palacio, de inmediato Stellan hace saber que fue atacado durante su paseo, pero que los asesinos habían sido detenidos, incluso se dice que dos de ellos fueron detenidos y llevados al calabozo, esto, con el fin de ver la reacción de los nobles de la corte y las concubinas.
—herma...alteza, escuche lo que paso, es bueno ver que te encuentras bien.— Harry estaba de pie ante Stellan.
—obviamente nada me pasaría, he peleado en una guerra, ¿que son un par de bandidos?— presume.
—su alteza no es tan fácil de eliminar, menos cuando los enviados son humanos tan débiles.—
Harry ve a Cordelia pasar llevando consigo una botella de vino. Se sienta alado de Stellan llenando su copa.
—s-señorita Von Kleist...así que, usted y su alteza...
—estamos juntos.— interviene Stellan.— planeo anunciar pronto un compromiso con ella.
—¿que?, pero ella fue mi prometida y...
—¿y qué?, lo fue, tiempo pasado.— bebe un poco de vino.— yo estoy apreciando a esta joya...— sostiene la mano de la albina.— algo que tú no supiste apreciar por preferir una baratija.
Cordelia sonríe con burla debido a las palabras de Stellan y este deja un beso en el dorso de la mano. Harry frunce los labios, porque puede ver como la albina mira a Stellan, con completo interés y una sonrisa genuina, algo que a él nunca le mostró. Cordelia siempre fue fría e inexpresivo ante él, siendo cortante las pocas veces que se veían.
—su alteza, tan halagador, hace que me sonroje.— Cordelia apoya la mano en el pecho del azabache.
—alteza, señorita Von Kleist, aun no es oficial su compromiso, no deberían tener esa clase de cercanía...las personas miran y pueden hablar mal de ambos.—
—descuide Marqués, si alguien habla de más, solo hay que callarlo...y yo se perfectamente como hacerlo.— sonríe ladino.
Harry sintió un leve escalofrío ante las palabras de Stellan. Harry solo hace una reverencia y se retira de ese lugar.
Mientras tanto, la concubina Dafne estaba en una fiesta de té y en ella estaba presente Agnes. La rubia solo escucha como las mujeres hablan y critican a quienes no están presentes, todo era normal en esa platica, hasta que alguien menciona a Cordelia y su estadía en el palacio.
—concubina Dafne, ¿es verdad que su alteza el príncipe heredero planea casarse con la señorita Von Kleist?— pregunta una mujer.
—en la fiesta del príncipe ella estaba a su lado, eso refuerza los rumores.— interviene otra.
—al parecer si, son los planes de su alteza...— responde Dafne.— aunque...la señorita Von Kleist fue prometida de mi hijo Harry, así que...se me hace de mal gusto que su alteza quiera casarse con una mujer que ya estuvo comprometida.
Las mujeres enseguida empiezan a murmurar, y es que, el hecho de que una mujer sea abandonada en su compromiso, era un verdadero escándalo, porque los hombres pocas veces las aceptan insinuando que ya no son aptas para casarse.
—la concubina Dafne tiene razón, jamás aceptaría una nuera así.—
—oh no, que horror, que mal gusto, su alteza debería elegir una dama decente.—
—es verdad, tantas jóvenes decentes en la capital y trae a esa...mujer demoníaca.—
La concubina sonríe con gusto, arruinar la reputación de la supuesta futura emperatriz, hará que sea mal vista y que haya una presión en la corte para que Stellan encuentre a otra mujer, y así, puede perder el apoyo de los Von Kleist.
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