Cuando Isabel muere debido a una enfermedad, su alma se transporta al mundo de la última novela que leyó: "La Duquesa Libertina". Ahora, con una segunda oportunidad, Isabel decide tomar control de su destino y cambiar el curso de la historia. Pero lo que no esperaba era que sus padres la obligaran a casarse con un duque sanguinario, misterioso y posesivo. Sin embargo, ella tratará de hacer la suya y no molestarlo, pero él desea otra cosa...
¿Podrá Isabel equilibrar su deseo de libertad con la pasión que la consume?
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Capítulo 10
Isabel al quedarse sola y no conocer a nadie aprovechó para disfrutar la noche a su manera, atacó cada plato de deliciosa comida y bebió todo el vino que pudo.
Los nobles la miraban como a un bicho raro, pero ninguno se atreve a decir nada al respecto, temen perder sus lenguas por ello. Sin embargo, no entienden que le vio el Duque a esa mujer.
Isabel nota todas esas miradas de desagrado y asco hacia su persona, pero no le interesa, menos ahora que es la Duquesa, puede hacer lo que se le venga en gana.
—¡Isa! – escucha su nombre y se vuelve rápidamente, pues sabe a quién pertenece.
—¡Theo! – exclama ella emocionada, abriendo los brazos para darle un enorme abrazo.
Ambos hermanos se fundieron en un tierno abrazo, cosa que no era muy común entre los nobles, por lo que los miraban peor.
Sin embargo, Isabel siempre quiso un hermanito, en su vida pasada no había tenido a nadie a quien abrazar así con tanto amor, y aunque tenía a su abuelito, él vivía enfermo y no podía estar siempre con ella.
—¿Bailaría conmigo Duquesa? – preguntó Theo cortésmente, haciendo una torpe reverencia.
Aquello derritió el corazón de la azabache. Ellos siempre practicaban los bailes de salón juntos y ahora lo harían por primera vez ante todos.
—Sería todo un honor caballero – respondió ella con una brillante sonrisa y media reverencia.
Los hermanos bailaron hermosamente por el salón, unque Isabel tuviera que hacerlo encorvada, y la siguiente pieza alzando a Theo. Sin embargo, podía notar la felicidad del niño al pasar ese tiempo con ella.
La familia Everly los miraba con desagrado. Creían que sólo intentaban llamar la atención hacía ellos y que eran unos maleducados por no hablar con nadie.
—¿Vieron cuánta comida estuvo engullendo esa vaca? – inquirió llena de desagrado la concubina Clara.
—Es una insensata, a este paso, el Duque se conseguirá una amante rápidamente para no estar con una gorda – comentó Beatrice avergonzada de su hija.
—Si no es que la ha conseguido ya – comentó con burla Anastasia – ¿no notaron que el Duque se retiró con una mujer hace como una hora?.
—Una cualquiera no podría ocupar ese lugar y sin dudas esta pordiosera tampoco – comentó Rosalind engreída – el Duque Cedric no estará con ninguna de las dos, pronto tendrá a una verdadera mujer.
La concubina Clara la miró con los ojos entrecerrados, creía entender lo que estaba sugiriendo su hija y sonrió venenosamente. A ella también le había parecido que su hija era quien debía ser la Duquesa, no esa mocosa.
El Marqués no hablaba nada, solo escuchaba molesto. Pues aún estaba furioso por el desplante que Isabel le había hecho en la boda y lo irrespetuosos que habían sido esos guardias con él.
Cedric a todo esto, había regresado hacía un buen rato al salón. Cordelia lo había llamado a petición de su padre, el Duque Radcliffe. Pues aún tenían varios negocios que cerrar con urgencia, y aún que lo quiso aplazar por estar en su boda, no le duele posible. Para colmo, Cordelia se había quedado con ellos revoloteándole alrededor, sacándolo de sus casillas.
Al regresar, se escondió en un rincón oscuro, observando todo lo que sucedía.
Vio a la azabache comer de todo con emoción, lo que le causó gracia y ternura.
Cuando ella comenzó a beber copa tras copa se preocupó por ella, y estaba por ir, más cuando vio la mirada de desprecio que le daban los nobles. Les arrancaría los ojos sin pensarlo dos veces.
Justo cuando estaba dando unos pasos hacía la azabache, un pequeño niño pelirrojo la llamó, iluminando la mirada de ella. Por lo que se quedó en su lugar admirando la escena.
Vió con deleite como bailaban varias piezas juntos, llenos de emoción y risa, sin prestarles atención a las miradas de desagrado o a los comentarios de su familia que escuchó a la perfección.
De pronto notó cómo un albino la invitaba a bailar y ella aceptaba encantada. Besó la mejilla de Theo, despidiéndolo y bailó con ese desconocido.
Cedric apretaba los puños con fuerza mientras veía la escena con fastidio.
—Déjeme decirle que usted está increíblemente bella esta noche... Duquesa – la aduló el albino con una sonrisa coqueta.
—Es usted muy amable – sonrió ella sonrojada.
—¿Qué le parece si seguimos bailando afuera?, bajo la luz de la luna – propuso el hombre, mirando sus labios con deleite.
Isabel notaba las miradas que el albino le echaba, y le parecía de lo más encantador, le gustaba lo coqueto que era, sin mencionar que seguía siendo respetuoso con ella.
—Estoy de acuerdo – sonrió ella mordiéndose suavemente los labios, volviendo loco al albino.
Se fueron afuera bajo unos atentos ojos rojos que echaban fuego.
—¿Cuál es su nombre? – preguntó curiosa ella, mirando con codicia, mientras bailaban bajo la luz de la luna.
—Mí nombre es insignificante cómo mí persona – comentó él intensificando el deseo de la joven por saberlo – pero sí tanto usted desea saberlo, se lo diré cuando nuestra relación sea más íntima de alguna manera... – comentó descaradamente.
—¿Qué tan íntima desea que sea joven? – pregunto ella, pegándose a su cuerpo – recuerde que yo soy una recién casada...
—Una recién casada sin su esposo... – mencionó él, deslizando su mano por su espalda baja lentamente.
Ella suspiró jadeante, el alcohol se le había subido a la cabeza y ahora estaba bailando con un hombre terriblemente sexy que no era su esposo, el cuál seguramente estaba teniendo relaciones con aquella albina. Aunque hacía rato se sentía bastante observabada y no entendía por qué.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
El jóven bailarín misterioso...
Prepárense Isabel y Leopold van a recibir sus respectivos castigos 🤭🤭🤭