Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.
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Capitulo 4
Unos días más tarde, Eleonor salía de un hotel en California junto a su asistente. El sol de la mañana la encandilaba apenas, pero no lograba borrar el cansancio que llevaba encima. Ahora debían viajar a Canadá para una junta importante.
Iban en el auto en silencio. Eleonor miraba por la ventanilla, con el semblante triste, agotado. No dormía bien desde hacía días. Pensar en Alex era inevitable, incluso cuando se prometía a sí misma no hacerlo.
—Señora —dijo Aron con cautela—, me acaba de llamar Sebastián Shaw.
—Dice que su esposo no quiso firmar los papeles. Quiere hablar con usted… quiere verla.
Eleonor cerró los ojos un instante.
—Bueno —respondió al fin—. Veremos cuando lleguemos al país.
Suspiró, cansada.
—Tengo su departamento preparado para cuando llegue —agregó Aron.
—Bien.
—Otra cosa… quiero que llames a la doctora Walt. Necesito hablar con ella.
—Sí, señora.
Cuando llegaron al aeropuerto, Aron bajó del coche para verificar que todo estuviera listo. A los pocos minutos volvió con el ceño fruncido.
—Señora… hay un problema.
—¿Pasa algo con el avión?
—Sí. El piloto se enfermó y el copiloto tiene problemas con los permisos.
—Si le parece, puedo programar un pasaje VIP en otro avión.
Eleonor no dudó.
—Hacelo. Debo estar en Canadá mañana. No podemos retrasarnos.
Una hora después, subía a un avión con toda la zona VIP preparada solo para ella. Las azafatas se desvivían por atenderla.
—Cualquier cosa, estamos a su disposición —dijo una de ellas con una sonrisa.
—Por favor, la señora tiene que descansar —intervino Aron.
—Son muy amables —respondió Eleonor—. Las llamaré si necesito algo.
Se acomodó en el asiento. Le trajeron un té caliente.
—Señora King, trate de descansar. No trabaje, por favor.
—Gracias. Vos también descansá.
En el otro lado del avión, Jonny viajaba con su representante.
—Acomodate —dijo Mark—. Tengo que hacer una llamada antes de guardar el teléfono.
Jonny se sentó en clase turista, con gorra y gafas oscuras. Cuando Mark se alejó, se las quitó, respirando más tranquilo.
—Oh, por Dios… ¿es usted? —dijo una azafata—. ¿Puedo sacarme una foto, por favor?
—Eh… sí, claro.
Minutos después, la misma azafata regresó con otra de mayor rango.
—Señor, queremos ofrecerle un lugar en la zona VIP, de forma gratuita. El vuelo nocturno está casi vacío.
—¿En serio? —sonrió—. Muchas gracias.
Pidió que avisaran a su representante y se dirigió a su nuevo asiento, a pocos metros de Eleonor.
Jonny observaba todo con asombro. Nunca había viajado así. Venía de una familia humilde, y ese lujo todavía le parecía irreal.
Era la una de la madrugada cuando Eleonor escuchó música a lo lejos. Se levantó y comenzó a buscar de dónde venía, hasta que vio a un joven con auriculares.
—Disculpe —le tocó el hombro—.
Él se giró, sorprendido.
—Le estoy hablando…
Jonny se quitó los auriculares.
—Perdón, no me di cuenta. Pensé que el avión estaba vacío.
—Está muy fuerte —dijo ella—. Se escucha desde mi asiento.
—Lo siento, de verdad.
Eleonor asintió y volvió a su lugar.
—Wow… bellísima —murmuró Jonny, siguiéndola con la mirada—. ¿Debí pedirle el número?
Un rato después, Eleonor trabajaba en su computadora cuando alguien se acercó.
—Perdón… ¿tiene una lapicera?
Ella levantó la vista.
—¿Una lapicera? Debería pedirle a una azafata.
—Ah… sí, claro.
—Espere —dijo ella—. Creo que tengo una.
Revisó su bolso y se la tendió.
—Gracias —respondió Jonny, sin apartar la mirada—. ¿No nos conocemos, no?
—No —dijo ella, seca.
—Pensé que tal vez me había visto en la televisión. Hice algunas publicidades… actué en Sweet Valentine.
Eleonor seguía escribiendo.
—¿Qué? Perdón, no lo escuché.
—Disculpe, pero estoy ocupada. ¿Necesita algo más?
—No… perdón.
Jonny volvió a su asiento, algo avergonzado.
—Muy hermosa… —pensó—. Y muy distante.
Una hora después, ella miraba un documental cuando Jonny se acercó otra vez.
—¿Está viendo algo interesante?
—Dudo que le interese —respondió ella—. Es un documental sobre una cantante de ópera.
—Ah…
—¿Sucede algo con el caballero? —preguntó Aron, atento.
—No, tranquilo.
—Descanse —le dijo a Eleonor—. Tiene cara de cansada.
—Si necesita algo más, debería pedirle a la azafata —añadió ella, refiriéndose a Jonny.
—Claro… buenas noches.
Al llegar a Canadá, Eleonor bajó primero. Autos la esperaban para llevarla al hotel.
Jonny intentó alcanzarla, pero fue detenido por algunas personas que le pidieron fotos y autógrafos. Cuando salió del aeropuerto, la buscó con la mirada sin saber por qué.
—¿Qué pasa? —preguntó Mark.
—Nada… solo miraba.
—Qué suerte la tuya. Primera clase.
—Ojalá me acostumbre.
—Vamos. El hotel es bueno. La marca lo paga.
Jonny subió al auto, pero algo le decía que ese encuentro no había terminado ahí.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?