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Bajo La Máscara De La Venganza.

Bajo La Máscara De La Venganza.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / CEO / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la traición y el deseo son moneda corriente, una mujer se alza entre las sombras para reclamar su lugar en el trono del poder, desatando una tormenta de venganza y seducción.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

El regreso a la mansión no fue el de una vencedora, sino el de alguien que ha encendido una mecha y espera la explosión. Mientras el todoterreno se acercaba a las puertas de hierro de la propiedad Mendoza, Clara podía sentir el cambio en la atmósfera. Los guardias en los puestos de control no la miraban con el respeto habitual, sino con la sospecha de quienes saben que el barco se está hundiendo.

En el momento en que entró en el estudio, Esteban la esperaba con noticias desastrosas.

—Se ha corrido la voz, Clara —dijo Esteban, su voz temblorosa—. Los activos internacionales han sido bloqueados. Alguien filtró el protocolo "Cenizas" antes de que pudiéramos encriptarlo por completo. No solo estamos perdiendo el dinero; las agencias federales de tres países están lanzando órdenes de captura simultáneas.

Clara se sentó frente a su monitor principal. El mapa del mundo, que antes brillaba con los puntos verdes de sus conexiones, ahora estaba tiñéndose de rojo.

—No fue una filtración, Esteban —dijo Clara, sus dedos volando sobre el teclado—. Fui yo. Activé la fase dos desde el aeródromo. Si el imperio Mendoza debe morir, morirá bajo mis términos, no bajo los de la Interpol o de un cartel rival.

—¡Has destruido el trabajo de tres generaciones! —exclamó Esteban, un hombre que había servido a su padre durante décadas—. ¡Nos has dejado a todos con una diana en la espalda!

Clara se levantó y se enfrentó a él, su mirada quemando con una intensidad feroz.

—¡Ese trabajo estaba hecho de huesos de niños y lágrimas de inocentes, Esteban! ¡No me hables de lealtad a una organización que devora a sus propios miembros! Si quieres salvarte, coge el dinero que queda en la caja fuerte del ala oeste y vete. Ahora.

Esteban la miró con una mezcla de odio y lástima antes de dar media vuelta y salir del despacho. Clara sabía que esa era la señal. El imperio no estaba cayendo por fuerzas externas; se estaba desmoronando desde el núcleo.

De repente, una explosión sacudió la mansión. Los cristales del estudio estallaron hacia dentro, cubriéndolo todo de astillas brillantes. El sonido de disparos de armas automáticas resonó en el patio principal.

—¡Vienen a por nosotros! —gritó Gabriel, derribando a Clara al suelo justo antes de que una ráfaga de balas perforara la madera del escritorio.

—Son los capitanes que sobrevivieron —dijo Clara, quitándose los cristales del cabello—. Han contratado a mercenarios para recuperar lo que creen que es suyo antes de que el sistema borre las cuentas.

—Tenemos que salir de aquí —dijo Gabriel, revisando su rifle—. El túnel bajo la bodega es nuestra única opción.

La mansión, el símbolo del poder absoluto de los Mendoza, se había convertido en un campo de batalla. Mientras corrían por los pasillos, Clara veía los cuadros de sus antepasados siendo destrozados por las balas. El lujo se convertía en escombros en cuestión de segundos.

Encontraron resistencia en la gran escalera. Seis hombres armados intentaban subir. Gabriel y Clara se cubrieron tras las estatuas de mármol del rellano superior.

—¡Escúchame bien! —gritó Clara entre disparos—. ¡Si salimos de esta, no habrá más sombras! ¡No habrá más secretos!

Gabriel le devolvió una mirada llena de una emoción cruda, una mezcla de amor y resignación.

—¡Solo salgamos de aquí, Clara! ¡El resto no importa!

Lucharon habitación por habitación. Clara sentía cada disparo como una punzada en su alma. Estaba destruyendo su hogar, su legado, todo lo que alguna vez pensó que la definía. Al llegar a la bodega, el olor a vino añejo y a pólvora era embriagador. Gabriel activó el mecanismo del túnel secreto, pero justo cuando la puerta se abría, una granada rodó por el suelo.

—¡Cuidado! —Gabriel empujó a Clara hacia el interior del túnel y se lanzó sobre ella.

La explosión fue ensordecedora. Parte del techo de la bodega se derrumbó, bloqueando la entrada por la que habían venido. Clara tosió, con los oídos pitando y la vista nublada. Se dio cuenta de que Gabriel no se movía.

—¿Gabriel? —susurró ella, el pánico floreciendo en su pecho—. ¡Gabriel, mírame!

Le dio la vuelta y soltó un grito ahogado. Un trozo de metralla se había alojado en el costado de Gabriel, y la sangre manchaba rápidamente su ropa táctica. Él abrió los ojos, haciendo un esfuerzo sobrehumano por sonreír.

—Sigue... sigue adelante, Clara —jadeó él—. Tienes que activar el último código... en la terminal de salida.

—¡No te voy a dejar aquí! —gritó ella, sus ojos llenos de lágrimas—. ¡No después de todo lo que hemos pasado! ¡No después de anoche!

Lo ayudó a levantarse, pasando el brazo de él sobre sus hombros. Cada paso era una agonía. El túnel parecía interminable, un pasaje entre la vida que dejaban atrás y el abismo que les esperaba. Por fin, llegaron a una pequeña habitación fortificada al final del túnel, situada a un kilómetro de la mansión.

Allí había una única terminal de ordenador.

Clara sentó a Gabriel contra la pared y se abalanzó sobre el teclado. Sus dedos temblaban, pero su mente estaba clara. Introdujo la clave final: *RENAISSANCE*.

En la pantalla apareció un mensaje: *¿Confirmar eliminación total de la red Sombra y transferencia de pruebas a las autoridades internacionales? [S/N]*

Miró a Gabriel, cuya respiración se volvía cada vez más superficial. Miró hacia atrás, hacia donde su pasado estaba ardiendo.

—Hazlo —susurró Gabriel—. Sé libre, Clara.

Pulsó la tecla 'S'.

En ese instante, una serie de explosiones controladas se escucharon a lo lejos. La mansión Mendoza, con todos sus secretos, sus tesoros y su historia sangrienta, voló por los aires en una bola de fuego que iluminó el cielo nocturno. Al mismo tiempo, en servidores de todo el mundo, la información que incriminaba a políticos, banqueros y mafiosos empezó a fluir hacia las redacciones de los periódicos y las oficinas de la justicia.

El imperio había caído.

Clara se dejó caer al suelo junto a Gabriel, tomando su mano con fuerza. A lo lejos, las sirenas de la policía y de las ambulancias empezaban a sonar, acercándose a las ruinas humeantes de lo que una vez fue el epicentro del poder.

—Ya está —dijo ella, llorando abiertamente mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Gabriel—. Ya se ha acabado todo. No queda nada.

—Nos queda... el mañana —susurró él, cerrando los ojos mientras el sonido del mundo colapsando a su alrededor se convertía en el telón de fondo de su nueva y aterradora libertad.

Clara Mendoza, la mujer que lo tuvo todo, ahora solo poseía el aire que respiraba y la mano del hombre que amaba, sentada en la oscuridad de un túnel mientras el imperio de su padre se convertía en cenizas y el mundo que conocía dejaba de existir para siempre.

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Mar Sol
Clara está confiada en que está vez va a resultar su plan, ella es astuta, espera no haya errores.
Equipo Motorola
excelente felicitaciones escritora, muy diferente a todo lo recurrente, solo me quedo la duda de Julian, osea, no murió jajaja
Mar Sol
Al igual que Julián, hay otra persona que no sabe de lealtad, la ambición es tan fuerte que no le importó vender información a los enemigos de Clara.
Mar Sol
¡¡Que interesante!! ¡¡esto apenas va a empezar!!
Mónica Aulet
Que fuerte!!
Mónica Aulet
Y que se queme todo!!!!
Mónica Aulet
Impresionante ,la verdad que me tiene atrapada la historia.
Irma Ruelas
❤️😍😍😍😍😍😍
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