Aria,una asesina letal marcada por una enfermedad incurable, acepta su muerte con serenidad…hasta que despierta en el cuerpo de Alaysha, un personaje de su novela favorita cuya vida fue arrebatada, inesperadamente vuelve al día en el que el padre de la original entrega las cartas de compromiso que decidirá el destino de ambas hermanas. Con los recuerdos intactos de la original y un don que viaja con ella, Aria elegirá su propio camino. Pero inesperadamente descubre que Rosse ha renacido, cuando esta se apresuró en tomar la carta de compromiso del segundo príncipe .Sin decir palabra alguna -Aria- ahora Alaysha sonríe con frialdad y acepta el compromiso con el temido primer príncipe . Si bien Rosse recuerda su pasado , no imagina que la mirada que la observa desde el rostro de su hermana pertenece a otra persona …alguien que conoce la historia al detalle y ha vuelto a reescribirla..
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Escena 14
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Minutos después, Alaysha bajó la escalera principal con pasos medidos. El salón estaba en silencio, aunque a lo lejos se podían escuchar a los sirvientes preparando la mesa. Las puertas dobles del comedor principal se abrieron al ella acercarse. Dentro, la mesa larga estaba preparada; velas altas encendidas, vajilla de plata reluciente, copas de cristal tallado y platos cubiertos que desprendían vapor aromático. Al fondo, de pie junto a la chimenea encendida, esperaba él.
El príncipe Cassian.
El príncipe Cassian era alto, más de lo que los rumores sugerían, con una presencia que llenaba la habitación sin necesidad de moverse. Su cabello era de un rojo intenso, con dos mechones sutiles que enmarcaron su frente y le daban un aire ligeramente desordenado, pero atractivo, como si acabara de quitarse el yelmo después de una batalla. Los ojos dorados, del mismo tono profundo y brillante que los de Alaysha, la miraron directamente al entrar, sin parpadear, con una intensidad que parecía capaz de desarmar a cualquiera que no estuviera preparado. Vestía de negro riguroso, una túnica ajustada con bordados dorados, similares a los de su uniforme de batalla; la tela pesada aún llevaba el leve olor a humo y metal de la frontera, y su espada colgaba al cinto como una extensión natural de su cuerpo, lista para ser desenfundada en cualquier momento.
Su expresión era seria, casi evaluadora, la mandíbula marcada y los labios apretados en una línea que no revelaba nada. Pero en el fondo de esos ojos dorados había algo más: una curiosidad contenida, como quien encuentra una pieza inesperada en un tablero conocido, y un toque de reconocimiento, de respeto silencioso ante alguien que no se inclinaba ante nada ni nadie. No sonreía, pero tampoco había frialdad hostil; era la mirada de un hombre que había visto demasiadas traiciones y batallas, que medía a las personas en silencio antes de decidir si valían su tiempo. Sus hombros anchos y la postura recta hablaban de años de mando en el campo, de alguien que no necesitaba alzar la voz para ser obedecido. En resumen, era exactamente lo que los rumores decían: letal, distante, implacable… pero fuera de todo, eso era un hombre de gran apariencia.
Ella se detuvo solo un momento cerca de la puerta, sosteniendo aquella mirada penetrante de Cassian sin parpadear; pero no pasó mucho tiento cuando decido avanzar.
—Buenas noches, alteza— dijo con la voz serena y formal, inclinando la cabeza en un saludo respetuoso.
Cassian correspondió con una inclinación idéntica.—Buenas noches, princesa Alaysha.
Ella avanzó y tomó asiento en la silla indicada, frente a él, y la princesa a su derecha. La pequeña no dijo pero no le quitaba la mirada de encima. En cuanto lo hizo los sirvientes entraron en silencio, sirviendo los platos; sopa caliente de verduras, carne asada con hierbas, pan recién horneado y vino tinto. Nadie habló mientras comían. El único sonido era el tintineo de los cubiertos contra la porcelana y el crepitar de la chimenea. Cassian cortaba su carne pero cada vez le dedicaba una que otra mirada; Alaysha en cambio comía despacio, sin prisa, sin mirar a nadie más que al plato, aunque ahora sentía no solo una sino dos miradas curiosas. La niña picoteaba su comida con delicadeza, sus ojos pasaban de un lado a otro como si esperara algo que nunca llegaba. La cena transcurrió tranquila en un silencio absoluto, denso pero nada incomodo.
Cuando todos terminaron ,la cuidadora se acercó a la pequeña.
—Es hora de dormir, mi lady—le dijo con voz suave. Ella asintió, y sin protestar bajo de su silla con ayuda y salió de la mano de la mujer, lanzó una última mirada hacia atrás antes de desaparecer por la puerta.
Al final solo quedaron ellos dos. Alaysha apartó la servilleta, se puso de pie y habló con un tono formal. —Con su permiso, alteza, me retiro a mis aposentos. Buenas noches.
—Espere un momento, princesa. —la detuvo él.
Alaysha se detuvo, giró despacio y lo miró. Él se puso de pie, y dio varios pasos hasta llegar a ella, deteniéndose a una distancia prudente. —Mañana deberá acompañarme al palacio real—informó, con una voz grave y formal—La ceremonia del té con mis padres se ha adelantado.
Alaysha mantuvo la compostura, y habló con una voz serena. —¿Qué no estaba previsto para dentro de tres días?—preguntó frunciendo el ceño.
Cassian asintió lentamente, sin apartar la mirada de ella.
—Así es, pero debido a asuntos importantes se decidió que fuera mañana…Mi madre suele ser algo impaciente cuando algo le interesa..
—Entiendo. Estaré preparada al amanecer. —hizo una breve reverencia.—Buenas noches, Alteza.
Esta vez él se apartó, dejándola pasar..
Ella salió del comedor, y el sonido de sus tacones resonó en el pasillo vacío hasta que llegó a su habitación. Estaba un poco oscura, solo iluminada por la luz de la luna que entraba por las ventanas altas. Livia la estaba esperando para ayudarla a quitarse el vestido. Con cuidado, le sacó el vestido negro y la dejó con una camisola ligera de seda roja que apenas le llegaba a medio muslo. La camisola era fina y se veía un poco translúcida con la luz de la luna, y encima llevaba una bata roja abierta sobre los hombros.
Alaysha se quitó los zapatos, se desató el cabello y se metió sin prisa en la cama grande, con una daga de plata escondida bajo la almohada. Livia apagó las velas, hizo una reverencia y salió, cerrando la puerta suavemente. El silencio llenó la habitación. Alaysha miró el techo un momento; su cuerpo estaba relajado, pero su mente estaba alerta. Finalmente, el sueño la venció y se sumergió en un profundo descanso, respirando lenta y regularmente. Una hora, tal vez dos, después, la puerta se abrió con un clic casi imperceptible. Alaysha abrió los ojos de inmediato, sus sentidos ya estaban agudizados por años de instinto. Sintió pasos ligeros pero firmes acercándose a la cama, el roce de las botas sobre el suelo de mármol. Sin dudarlo, su mano derecha se deslizó bajo la almohada, tomó la daga y atacó en un movimiento fluido, la hoja plateada brillando en la oscuridad hacia la figura que se inclinaba sobre la cama.
QUE PUTERIA
QUE NOVELAZA
ESTÁ DE INFARTO
ES BRILLANTE
UNA DE LAS MEJORES QUE ESTO LEYENDO HASTA AHORA
QUE GRANDE LA ESCRITORA
QUE MENTE TAN PRIVILEGIADA
OJALÁ Y NOS DE MÁS HERMOSOS CAPÍTULOS PRONTO
MIS RESPETO A LA DAMA ESCRITORA👏👏👏😘🥰