Anna Marín muere a los 32 años con seis puñaladas en el pecho, asesinada por su hermanastra Mariana mientras su esposo Javier observa sin intervenir. Sus últimos pensamientos son de arrepentimiento: por amar demasiado, por callarse demasiado, por convertirse en invisible.
Pero cuando abre los ojos, está de vuelta dos años antes de su muerte.
Con todos los recuerdos intactos.
Anna sabe exactamente lo que viene: cómo Mariana manipulará a sus hijas gemelas para que la odien, cómo Javier la torturará durante meses para robarle la herencia de la abuela, cómo morirá sola en el mismo piso de mármol donde alguna vez creyó que construiría un hogar.
Esta vez no será la esposa sumisa que se arrastra por amor.
Esta vez será la Loba Blanca que todos temían en los tribunales.
Esta vez cada traidor pagará por adelantado.
Pero cambiar el futuro tiene un precio. Y Anna descubrirá que la venganza, aunque dulce, puede costarle lo único que aún le importa: el alma de la mujer que alguna vez fue.
Una histo
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CAPÍTULO 21
🔥✨ MENSAJE DEL DÍA ✨🔥
Lo prometido es deuda… y yo sí cumplo 😏📚
Hoy les dejo MARATÓN para que se den gusto como se merecen.
Pero ojo 👀, las quiero activas, comentando, reaccionando y diciéndome qué les está pareciendo la novela, porque si hoy veo los capítulos llenos de comentarios, mañana les dejo MÁS 🔥🔥
Así que lean, disfruten y hagan ruido…
que cuando ustedes se ponen intensas, yo escribo el doble 💋📖
CAPÍTULO 21
Anna se queda parada frente al basurero mirando las rosas rojas que acaba de tirar.
Flores caras. Del tipo que Javier nunca le compró en diez años de matrimonio. Del tipo que se compran en floristerías elegantes que cobran el triple porque saben que el cliente está desesperado. Del tipo que compras cuando tu mundo se está desmoronando y no sabes qué más hacer.
Demasiado tarde.
Diez años tarde.
Anna camina hacia el sofá. Se sienta. Mira la puerta cerrada por donde Javier acaba de salir. Puede imaginarlo en el pasillo. Confundido. Furioso. Herido.
Bien.
Que sienta lo que ella sintió durante una década.
Anna sonríe.
No es una sonrisa feliz. No es una sonrisa triste. Es la sonrisa de alguien que sabe exactamente lo que viene. De alguien que ha visto el final de la historia y sabe que va a ganar. De alguien que murió una vez y regresó con todas las respuestas.
"Esto es solo el comienzo de lo que tendrás que vivir, Javier."
Lo piensa, pero no lo dice en voz alta. No hay nadie que la escuche. Solo las paredes vacías de su apartamento. Solo el silencio que quedó después de que Javier se fue diciendo que "esto no termina aquí."
Pero sí termina.
Ya terminó hace mucho tiempo. En otra vida. En un callejón oscuro donde Mariana la apuñaló seis veces mientras Javier miraba. Terminó ahí. Y cuando Anna despertó dos años antes con todos sus recuerdos intactos supo exactamente lo que tenía que hacer.
Destruir a Mariana.
Liberarse de Javier.
Proteger a las gemelas.
Y recuperar su vida.
Anna se recuesta en el sofá. Cierra los ojos. Respira profundo. Piensa en el rostro de Javier cuando ella dijo "no te amo." Piensa en cómo se quedó helado. Como si esas tres palabras fueran un puñal directo al corazón.
Porque lo fueron.
Y Anna no siente culpa. No siente pena. Solo siente... alivio.
En su vida anterior Javier nunca vino a buscarla. Nunca trajo flores. Nunca intentó recuperarla. Simplemente la dejó ir porque era más fácil. Porque Mariana estaba ahí. Porque las niñas ya habían elegido.
Pero en esta vida todo es diferente.
En esta vida Anna tiene poder. Tiene trabajo. Tiene a Leonardo. Tiene el testamento de la abuela que convierte a Anna en dueña del sesenta por ciento de Grupo Rojas.
Y Javier no sabe nada de eso todavía.
Cuando lo sepa va a ser demasiado tarde.
Anna abre los ojos. Mira el techo. Piensa en las gemelas llorando en su cuarto. Piensa en Sofía gritándole a Mariana. Piensa en Valentina diciendo que extraña a mamá.
Y siente algo apretarse en su pecho.
Pero no puede volver. No puede ceder. Porque si vuelve todo esto habrá sido en vano. Todo el dolor. Todo el sacrificio. Todo lo que dejó atrás.
Las niñas van a estar bien. Eventualmente. Cuando entiendan. Cuando crezcan. Cuando vean que mamá no las abandonó. Mamá las salvó.
Anna se levanta del sofá. Camina hacia la ventana. Mira la ciudad brillando abajo en la oscuridad.
Y piensa en Mariana.
En la mujer que lo planeó todo. Que la drogó hace diez años. Que causó el accidente que le hizo perder el primer embarazo. Que intentó matar a la abuela. Que ahora anuncia un embarazo falso para forzar a Javier a casarse con ella.
Mariana cree que está ganando.
Pobre Mariana.
No entiende que cada movimiento que hace solo la acerca más a su propia destrucción.
Anna sonríe otra vez.
Sí. Esto es solo el comienzo.
Dos días después Anna gana el juicio contra la empresa de construcción.
Caso brutal. Complicado. Político. Nadie en Grupo Lin quería tocarlo. Leonardo se lo dio a Anna diciéndole que era una prueba. Una manera de demostrar que la Loba Blanca no había perdido su toque.
Anna lo ganó sin sudar.
El juez falla a favor del sindicato. Los trabajadores obtienen indemnización completa. La empresa tendrá que pagar millones. Los abogados de la otra parte salen destruidos.
Leonardo está esperando a Anna cuando sale de la sala.
—Eso fue brutal —dice con admiración—. Los destruiste.
—Tenían un caso débil. Solo lo hacían largo para cansar al sindicato.
—Aun así. Fue impresionante.
Anna guarda los documentos en su maletín.
—Es mi trabajo.
—No. Es arte.
Anna lo mira de reojo. Leonardo está sonriendo de esa manera que tiene cuando está genuinamente impresionado.
—¿A dónde vas ahora? —pregunta Leonardo.
—A casa. Tengo que revisar el caso Morrison.
—Olvida Morrison. Ven a cenar conmigo.
—Leonardo...
—Por favor. Ganaste un caso importante. Mereces celebrar.
Anna duda. Pero está cansada. Y la idea de volver a su apartamento vacío la hace sentir más cansada.
—Está bien. Pero nada lujoso.
Leonardo sonríe.
—Conozco el lugar perfecto.
El lugar perfecto es un restaurante pequeño en las afueras de la ciudad. Sin estrellas Michelin. Sin precios absurdos. Solo comida buena y ambiente tranquilo.
Leonardo pide vino. Anna acepta una copa.
Hablan del caso. De la estrategia. De cómo el juez casi se ríe cuando Anna desmontó el argumento principal de la empresa con sus propios documentos.
Y luego hablan de otras cosas. De la universidad. De los primeros casos. De cuando Leonardo empezó Grupo Lin con un préstamo que apenas cubría la renta.
Anna se ríe. Es la primera vez que se ríe realmente en semanas. No una sonrisa cortés. Una risa real.
Leonardo la mira con algo en los ojos que Anna no puede nombrar.
—Te extrañé —dice Leonardo de repente.
Anna deja de reír.
—¿Qué?
—Durante todos estos años. Cuando estabas casada con Javier. Cuando desapareciste de mi vida. Te extrañé.
Anna baja la vista hacia su copa.
—Leonardo...
—Espera. Déjame decir esto. Sé que no es el momento. Sé que estás pasando por un divorcio. Sé que tienes mil cosas en la cabeza. Pero necesito que sepas algo que debí decirte hace diez años.
Anna levanta la vista.
—Nunca dejé de amarte —dice Leonardo con voz firme—. Desde la universidad. Desde el primer día que te vi en clase de derecho corporativo discutiendo con el profesor sobre un caso que todos daban por perdido. Estabas furiosa porque el profesor dijo que era imposible ganar. Y tú le demostraste que estaba equivocado. Frente a toda la clase. Desde ese día supe que eras la persona más increíble que iba a conocer en mi vida.
Anna siente algo apretarse en su pecho. Recuerda ese día. Recuerda a Leonardo mirándola desde la tercera fila con admiración.
—Leonardo, no...
—Déjame terminar. He esperado diez años para decir esto.
Anna asiente. Las lágrimas ya están ahí.
—Cuando te casaste con Javier pensé que iba a morir. Tuve que verte desaparecer durante diez años. Verte convertirte en alguien que ya no reconocía. La Anna brillante se apagó. Y yo no podía hacer nada. Porque tú lo elegiste a él. Tuve que verte casarte con un hombre que nunca te mereció. Y cada día me preguntaba si estabas bien. Si eras feliz. Si Javier te trataba como mereces.
Leonardo toma un sorbo de vino. Deja la copa.
—Pero ahora estás aquí. Y eres tú otra vez. La Anna que recuerdo. La Anna que pelea. Y necesito que sepas que nunca dejé de esperarte.
Las lágrimas caen. Anna no puede detenerlas.
—No llores —dice Leonardo tomando su mano—. Por favor.
—No es por ti —dice Anna—. Es por... todo.
—Lo sé.
Anna respira profundo. Intenta controlar las lágrimas pero no puede.
—En otra vida —dice Anna con voz quebrada— tú moriste por intentar salvarme.
Leonardo parpadea.
—¿Qué?
—Mariana te mató. Te apuñaló seis veces en un callejón porque intentaste detenerla antes de que me matara a mí. Y yo estaba ahí. Te vi morir. Vi la sangre. Vi la luz apagarse en tus ojos.
Leonardo se queda en silencio.
—Anna...
—Olvídalo —dice Anna limpiándose las lágrimas—. Solo... quédate cerca. Te necesito. Pero quédate lejos de Mariana. No te acerques a ella. No intentes salvarme si algo pasa. Prométeme eso.
—No puedo prometerte eso.
—Leonardo...
—No puedo prometerte que no voy a protegerte. Eso es pedirme que deje de ser quien soy.
Leonardo se levanta. Camina alrededor de la mesa. Se arrodilla junto a Anna.
—Anna, mírame.
Anna abre los ojos.
—No sé qué pasó. No sé si estás hablando metafóricamente o si realmente crees que viviste otra vida. Pero sí sé esto: no me moveré de tu lado. No importa lo que pase. No importa quién intente hacerte daño. Voy a estar ahí. Y si tengo que morir protegiéndote entonces moriré. Porque eso es lo que haces por la persona que amas.
—Leonardo...
—No me moveré de tu lado —repite—. Lo prometo.
Anna se inclina hacia adelante. Apoya la frente contra el hombro de Leonardo. Y llora.
Leonardo la abraza. No dice nada. Solo la sostiene.
Cuando Anna se separa tiene los ojos rojos. El maquillaje corrido.
—Debo verme horrible.
—Te ves hermosa.
Leonardo vuelve a su silla.
—¿Qué hacemos ahora?
—No lo sé.
—¿Quieres intentarlo? Tú y yo. Ver a dónde nos lleva.
Anna lo piensa.
—No puedo. Todavía no. Todavía estoy casada con Javier. Todavía estoy rota.
—Puedo esperar.
—No sé cuánto tiempo voy a tardar.
—No me importa.
Anna lo mira. Ve sinceridad. Ve paciencia. Ve amor.
—Está bien. Pero despacio.
Leonardo sonríe.
—Despacio está bien. Tenemos todo el tiempo del mundo.
Anna quiere creerle. Quiere pensar que tienen tiempo. Que Mariana no va a destruir esto también. Pero sabe que no es verdad. Porque Mariana siempre encuentra la manera. Y esta vez Anna tiene que estar lista.
Vamos a ver como se destruyen Javier y Mariana 😅😅