Nací entre lujos, rodeada de poder, creyendo que el amor sería el único territorio donde nadie podría obligarme.
Me equivoqué.
Mi padre decidió mi destino con una firma.
Mi esposo selló mi condena con su desprecio.
Y yo… yo aprendí demasiado tarde que no todos los cuentos de hadas comienzan con una boda.
y que incluso en jaulas doradas se puede morir lentamente.
NovelToon tiene autorización de Liose Tess para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 17 miradas que queman
El ambiente en la casa había cambiado.
No de forma evidente de forma peligrosa y silenciosa.
Antonio Valderrama estaba… distinto, no más cálido, no más atento.
Pero sus ojos permanecían demasiado tiempo sobre mí, demasiado atentos y demasiado conscientes.
Como si algo invisible lo irritara o lo inquietara.
Y Adrián lo notaba, por supuesto que lo notaba.
Porque Adrián Villavicencio no observaba... acechaba.
Desayunamos en silencio, otra vez.
Pero esta vez no fue el silencio habitual fue uno cargado, tenso.
Antonio hojeaba el periódico.
Adrián bebía café.
Yo fingía normalidad.
Hasta que sentí la mirada de Antonio, Directa, Fría.
Persistente.
Levanté la vista.
—¿Sucede algo?
pregunté con serenidad.
Antonio inclinó apenas la cabeza.
—¿Debería?
—Eso depende de lo que estés buscando.
Sus labios se curvaron, no en una sonrisa
no exactamente.
—Nada que no termine apareciendo solo.
El mensaje fue claro.
Adrián levantó la vista lentamente.
Miró a Antonio y Luego a mí.
Y sonrió esa sonrisa leve, provocadora, irritantemente tranquila.
Antonio apretó el periódico, Pero sigui fingiendo desinterés en su hermano luego del desayuno salió a la empresa
deambule por la casa,hasta encontrarme a Adrián en la biblioteca estaba de pie junto a la ventana, llevaba un camisa estilo polo oscura, acompañada de una mirada pensativa.
—Te está observando.
dijo sin girarse.
—Antonio siempre observa.- dije algo que era obvio.
—No así.
Me acerqué lentamente hacia el.
—¿Así cómo?
Adrián se giró, sus ojos marrones se clavaron en los míos.
—Como un hombre que empieza a darse cuenta de algo que no le gusta.
Mi pulso se tensó.
—¿me estás diciendo que ahora siente celos?
pregunté inquieta y un poco burlona pues eso era imposible.
—quizas no sean celos, si no algo más como Territorial.
respondió, aún pensativo.
—No tienes idea de lo que eso puede provocar en alguien como él.
—Créeme…
murmuré.
—Sí la tengo.
Sus ojos descendieron hacia mi hombro cubierto.
Como si aún pudiera ver el moretón bajo la tela.
—Renata…
Su voz cambió a un tono más grave.
—Tienes que decirle a tu padre.
Sentí el impacto como un golpe seco.
—No.
—Él no puede permitir que Antonio te haga daño de esa manera.
—No.
repetí, casi que gritando
Adrián frunció el ceño.
—Antonio te lastimó, ¿entiendes la gravedad de la situación?
—Y mi padre lo justificaría.
dije con la cabeza gacha.
—¿Qué?
Solté una risa amarga, Sin humor.
—Mi padre es un maldito machista, Adrián.
Sus ojos se endurecieron.
—Siempre estará del lado de Antonio.
—Eso no tiene sentido.
—Claro que lo tiene.
Lo miré fijamente.
—Antonio es el esposo perfecto, pero no solo eso también es el socio ideal, el apellido conveniente.
Mi voz descendió, cargada de rabia contenida.
—Yo solo soy la hija que debe soportar.
Adrián guardó silencio pero su mirada ardía.
—Si le digo algo…
añadí suavemente.
—no defenderá mi dignidad, defenderá el contrato.
El aire se volvió espeso.
—Maldita sea…
murmuró Adrián.
—Así funciona mi mundo.
Sus ojos no se apartaron de mí.
—Entonces déjame hacerlo yo.
Mi respiración se detuvo.
—Ni lo intentes.
—Renata—
—No.
Mi voz fue firme.
—No necesito un héroe.
—Pero tal vez…
susurré.
—sí necesito un aliado.
Algo peligroso brilló en sus ojos.
—Eso ya lo tienes.
Y por un segundo…el aire entre nosotros se volvió incendiaramente íntimo.
Hasta que la puerta se abrió de golpe y Antonio aparecio, su presencia cayó como una tormenta helada. Sus ojos se deslizaron entre nosotros.
Calculadores y Afilados.
—¿Interrumpo algo?
—Nada importante.
respondí con calma impecable.
Antonio sonrió.
— que Curioso, porque desde afuera parecía… muy interesante.
Adrián sostuvo su mirada sin inmutarse.
—Solo conversación.- dijo Adrián.
—Claro.
Antonio caminó lentamente hacia mí.
—Mi esposa es fascinante cuando conversa.
La tensión se volvió insoportable.
—Antonio…
Sus dedos se cerraron sobre mi brazo, no brutalmente, pero con advertencia.
—Ven.
No fue una invitación , fue una orden.
La puerta del dormitorio se cerró con violencia contenida a penas entramos.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo?
—¿Perdón?
Antonio se acerco, sus ojos eran puro hielo.
—No juegues conmigo, Renata.
—No estoy jugando.
—¿No?
Soltó una risa seca.
—Porque desde donde yo lo veo…te comportas como una maldita trepadora.
—Ten cuidado con lo que dices.- intenté defenderme.
—Tú ten cuidado.
Su voz descendió, cruel.
—Porque puedo cortarte el dinero cuando quiera.
El aire se congeló.
—Antonio…
—Sí.
Se inclinó peligrosamente cerca.
—Puedo dejarte sin un solo peso.
Mi pulso rugió en mis oídos.
—Y créeme…
susurró.
—no tendré ningún problema en explicarle a tu padre que no verá las mismas ganancias, solo por qué su hija se arrastra detrás de mi hermano.
El impacto fue devastador.
—Eso es mentira.
—¿Lo es?
Sus ojos ardían.
—Porque la forma en que lo miras…no parece muy inocente.
—Estás enfermo.
—Estoy harto de sus juegos
—Recuerda algo, Renata.
Su voz fue helada.
—Todo lo que tienes… Existe por mí.
Sus palabras cayeron como cadenas.
—Tu posición, tu vida, tu maldita comodidad.
Se enderezó lentamente
—asi que No me provoques.
Y salió, dejando la amenaza vibrando en el aire.
Me quedé inmóvil, respirando con dificultad.
Antonio tenía Las armas perfectas, incluyendo el apoyo del bastardo de mi padre.
y Ahora sabía exactamente cómo utilizarlas.
El silencio que dejó Antonio aún vibraba en la habitación, como una presencia invisible.
como una plegaria suspendida.
"Todo lo que tienes… existe por mí."
Cerré los ojos Y por primera vez en mucho tiempo…
no pensé en Antonio, pensé en mi padre y lo cruel que era.
Mi familia era más rica que los Valderrama, más antigua, más poderosa.
Los Soler no necesitaban alianzas, las imponían.
Imperios construidos sobre apellidos, influencias... descendencia tras descendencia pero hombres, Siempre hombres.
porque en mi mundo… el poder tenía género.
Y yo nací con el incorrecto.
Nunca fui “la heredera”, fui la decepción elegante la hija impecablemente educada.
La mujer diseñada para representar…pero no gobernar.
—Si hubieras sido varón…-
La frase había perseguido mi infancia, Mi adolescencia, mi existencia entera.
Si hubieras sido varón Renata....
Como si mi valor estuviera definido por algo que jamás pude elegir mi padre jamás lo dijo con crueldad abierta.
lo decía con esa frialdad impecable que era peor.
—Renata, entiéndelo el apellido Soler necesita continuidad.
Continuidad
No soy el hijo varón primogénito.
No soy quien heredará la empresa.
Ni el poder.
Ni el control.
Solo soy la hija de la mujer que amo y por respeto a la memoria de mi madre tenia un poco de compasión.
pero aún así era la pieza de negociación perfecta.
La alianza viva, el contrato con rostro humano.
por eso el matrimonio arreglado.
no fue por amor.
No fue por tradición.
No fue por felicidad.
fue por estructura.
Por control.
Por legado masculino.
Porque en la mente de mi padre…
el imperio Soler no podía quedar en manos de una mujer debía ser administrado por un hombre.
Aunque ese hombre fuera Antonio Valderrama, aunque ese hombre me despreciara, aunque ese hombre me lastimara, el recuerdo me heló la sangre.
—Antonio es ideal.
Había dicho mi padre.
—Inteligente. Ambicioso. Discreto
—Y lo más importante…
Su mirada había sido brutalmente clara.
—Es un hombre.
Un hombre, la única cualificación verdaderamente relevante.
Abrí los ojos lentamente.
Ahora lo entendía con una claridad devastadora.
Antonio no era solo mi esposo, era el instrumento de mi padre, el guardián del legado que jamás me permitirían tocar.
Mi matrimonio no era una unión, era una transferencia de poder Y yo…solo el vehículo.
Una risa amarga escapó de mis labios.
Antonio amenazaba con quitarme el dinero, como si alguna vez hubiera sido realmente mío.
Como si yo no viviera desde siempre…bajo la administración masculina de mi propia vida.
Si realmente quería poder ver un poco de ese patrimonio, tendría que darle un primogénito a Antonio, lo que se hacía difícil ya que el jamás me había tocado.
Pero eso ya no importaba por qué algo había cambiado, ahora había un elemento que ninguno de ellos había previsto.
Adrián Villavicencio.