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LÁGRIMAS DE CRISTAL ROTO

LÁGRIMAS DE CRISTAL ROTO

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Traiciones y engaños / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Anastasia Valenzuela Herrera huyó de la opulencia y del peso de ser la heredera del imperio de los magnates número uno del mundo, ocultándose bajo la falsa identidad de Anastasia Riquelme. Buscando forjar su propio camino en el extranjero, su vida da un giro devastador la noche en que es brutalmente violada en la oscuridad por un desconocido. Meses después, un desmayo en la universidad revela una verdad inquebrantable: está esperando un hijo de su agresor. En un intento desesperado por proteger a su bebé y evitar la intervención de su poderosa familia, comete el error de aceptar casarse por lo civil con Patricio Zapata, un compañero machista y manipulador.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL PACTO DE LA SANGRE Y EL ACERO

​El murmullo de las sirenas policiales se ahogó en la entrada principal del centro médico. En el pasillo de la suite privada, el tiempo parecía haberse detenido tras el desgarrador abrazo en el que Anastasia, Carmelo y el pequeño Ariel intentaban zurcir las heridas del pasado.

​Adriel Valenzuela Riquelme dio tres pasos al frente. El patriarca, un hombre cuya presencia solía hacer temblar los consejos de administración de medio continente, observó la escena con una rigidez de piedra. Sus ojos oscuros pasaron del rostro de su hija, aún pálido y surcado por el llanto, a las marcas violáceas en la piel blanca de su nieto, y finalmente se fijaron en Carmelo Victorino.

​Adriel levantó la mano derecha hacia los dos oficiales de policía que aguardaban con las esposas en la mano.

​—Oficiales, dennos un momento a solas —ordenó Adriel con una voz cavernosa y serena que no admitía réplicas—. Mi equipo legal se comunicará de inmediato con el fiscal de guardia. No habrá obstrucción a la justicia, pero en este instante hay asuntos de seguridad prioritaria que debo resolver con el señor Victorino.

​El oficial al mando vaciló un segundo, mirando la imponencia del dueño del centro médico, y terminó por asentir.

​—Tiene diez minutos, señor Valenzuela. Permaneceremos en el vestíbulo del piso.

​Cuando los policías se retiraron hacia el ascensor, Adriel se giró hacia sus hijos.

​—Andrés, Adrián... lleven a su hermana y a Ariel a la suite contigua. Natalia, ve con ellos. Necesito que el niño descanse y que el equipo de pediatría examine y documente formalmente cada una de esas lesiones.

​Anastasia, exhausta y sostenida por su madre y el pequeño Ariel, se puso de pie despacio. Miró a Carmelo una última vez. El magnate permanecía de rodillas, levantando la mirada hacia ella con un profundo dolor y una súplica implícita de perdón. Anastasia no dijo nada, pero la frialdad de su mirada inicial había sido reemplazada por una tormenta de emociones indescifrables antes de dejarse guiar hacia la suite contigua junto a su familia, doña Sandra y Sandro.

​El pasillo quedó en un silencio sepulcral. Solo permanecieron de pie Adriel Valenzuela y Carmelo Victorino, quien finalmente se incorporó con lentitud, ajustándose la chaqueta del traje.

​—Acompáñame a la oficina —sentenció Adriel, dando media vuelta sin esperar respuesta.

​La puerta de roble macizo de la dirección general se cerró con un chasquido seco. El amplio recinto, sobrio y elegante, quedó sumergido en una atmósfera de tensión absoluta. Adriel caminó hacia el mueble de licores, sirvió dos dedos de whisky en un vaso de cristal esmerilado y, sin probar un solo trago, lo dejó caer sobre el escritorio.

​—El resultado de la prueba de ADN está ahí —dijo Adriel, señalando el sobre amarillo abierto sobre la mesa—. Eres el padre biológico de Ariel. Y acabas de confesar, ante testigos y ante mi propia hija, la barbarie que cometiste hace casi siete años.

​Carmelo se mantuvo de pie en el centro de la habitación, con la cabeza erguida y las manos al frente.

​—No voy a negar nada, Don Adriel —respondió Carmelo con una voz rasposa pero categórica—. Lo que ocurrió esa noche me ha perseguido como una maldición. Fui drogado, sí, pero el daño se lo infligí a Anastasia. Si usted decide entregarme a las autoridades en este mismo segundo, me someteré al juicio y a la condena sin presentar un solo recurso legal ni usar mi influencia. Aceptaré la cárcel.

​Adriel caminó lentamente alrededor del escritorio hasta quedar a escasos centímetros del magnate. Sus miradas se cruzaron como dos hojas de acero.

​—La cárcel es un destino demasiado piadoso para lo que le hiciste a mi hija, Carmelo —espetó Adriel en un susurro cargado de veneno—. Pero en este momento hay algo que me quema las entrañas más que tu propia confesión.

​Adriel apoyó ambas manos sobre la mesa de madera, inclinándose hacia adelante.

​—Ese miserable de Patricio Zapata y su madre, Petra, torturaron a mi nieto. A un niño de seis años de mi propia sangre. Se aprovecharon de la indefensión de Anastasia para golpear a Ariel en la sombra.

​Carmelo apretó la mandíbula con tal fuerza que los músculos de su rostro se tensaron al límite. Sus ojos azules ardieron en una furia sanguinaria.

​—Ese infeliz no solo golpeó a su nieto, Don Adriel... Golpeó a mi hijo —corrigió Carmelo con un tono helado que transmitía una promesa devastadora—. Y le voy a ser muy claro: Patricio y Petra no van a pisar la cárcel, Don Adriel. Yo mismo voy a hacerle pagar cada una de las lágrimas de mi hijo. La cárcel les daría un techo y comida; yo les voy a quitar hasta el aire que respiran.

​Adriel observó detenidamente la expresión de Carmelo. Conocía al hombre de negocios implacable, pero ahora veía frente a él a un padre acorralado por el remordimiento y una rabia pura e incontrolable.

​—Mis investigadores tienen acorralado a Patricio —dijo Adriel—. Pero la familia Zapata tiene redes de complicidad en los barrios bajos de la frontera. Si logra cruzar la línea divisoria antes del anochecer, se nos escapará de las manos.

​Carmelo dio un paso al frente, sacando de su bolsillo interior un teléfono encriptado de última generación.

​—Mis empresas manejan el control de las telecomunicaciones y la red de satélites privados más avanzada del continente —expresó Carmelo con una frialdad matemática—. Además, Sandro tiene acceso directo a los servicios de inteligencia privados más feroces del mercado. Puedo rastrear el teléfono de Patricio Zapata y el de su madre en tiempo real, incluso si han cambiado de dispositivo. Puedo bloquearles cualquier intento de escape en menos de quince minutos.

​Adriel guardó silencio durante tres segundos que parecieron una eternidad. La rivalidad comercial entre los dos grupos se había disuelto en el pasillo del hospital, pero una nueva alianza, oscura y letal, acababa de nacer sobre las cicatrices del pequeño Ariel.

​—Un pacto, Carmelo —sentenció Adriel, extendiendo su mano firme hacia el magnate—. Un pacto temporal de cacería.

​Carmelo miró la mano del patriarca.

​—Escucho sus condiciones, Don Adriel.

​—Usaremos todo tu poder tecnológico y de inteligencia junto a la red de influencia de mi familia —declaró Adriel sin pestañear—. Cazaramos a Patricio Zapata y a Petra. Los dejaremos sin un solo refugio, acorralados y a nuestra merced, hasta que paguen por cada pellizco, cada golpe y cada lágrima que le sacaron a mi nieto.

​Adriel hizo una pausa, apretando el puño.

​—Y una vez que hayamos terminado con ellos y Ariel esté a salvo de ese tormento... tú te entregarás a la justicia por lo que le hiciste a Anastasia. Sin trucos, sin apelaciones y sin huir.

​Carmelo no dudó un solo milisegundo. Extendió su mano y sujetó la de Adriel Valenzuela con un agarre de hierro, sellando el acuerdo.

​—Acepto el pacto —afirmó Carmelo con una firmeza aterradora—. Pongo a su disposición toda mi fortuna, mis satélites y mis recursos. Yo mismo me encargaré de que Patricio y Petra sufran el infierno en vida por lo que le hicieron a mi niño. Y cuando mi hijo esté vengado, entregaré mi libertad sin objetar una sola palabra.

​Adriel asintió con la cabeza, soltando la mano del magnate y tomando su teléfono para llamar a su hijo Andrés.

​—Que comience la caza —dijo el patriarca de los Valenzuela.

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Graciela Saiz
pero si la empresa era familiar, debe haber parte de su madre y sus hermanos 🤷
Graciela Saiz
que mujer tan tonta 🤷
Tere Jimenez
muy buena tu novela hermosa ojalá y nos regales el final muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo
Naibelys Perez: un millón de gracias ❤️ bendiciones 🫂🥰
total 1 replies
Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Mar Sol
¿Cómo es posible que Anastasia sea tan boba? a ella le han hecho la vida imposible, patricio y su madre, no se pone a pensar que su pequeño, puede ser víctima de violencia y lo peor que sus padres lo saben y ni así cree, si a ella le gusta que la maltraten, que lo viva, pero el niño, no.
Mar Sol
Ese cobarde de Patricio y su madre son despreciables, me pregunto ¿dónde está la vigilancia de la familia de Anastasia, por que eso fue lo que dijo el padre de ella.
Mar Sol
Una novela que muestra, que la comunicación es importante en la familia, por cualquier cosa que se presente.
neumidia ruiz
hermosa historia! quiero que paguen los que drogaron a. armero y tambien que la pareja tenga gemelos seria genial para el hermano mayor 👏👏👏👏
neumidia ruiz
hermosa historia! quiero que paguen los que drogaron a. armero y tambien que la pareja tenga gemelos seria genial para el hermano mayor 👏👏👏👏
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