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El Pequeño Heredero Que Domó Al CEO

El Pequeño Heredero Que Domó Al CEO

Status: Terminada
Genre:CEO / Madre soltera / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Valentina Ríos huyó de la ciudad cinco años atrás con el corazón destrozado y un secreto que jamás pensó revelar.
Ahora ha regresado con su pequeño hijo, Leo, decidida a comenzar una nueva vida.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7 — El padre que llegó demasiado tarde

—Yo voy a recuperar a mi hijo.

La determinación en la voz de Adrián hizo que Daniel guardara silencio.

Había visto a su jefe enfrentarse a accionistas, competidores y empresarios mucho más poderosos que él.

Pero nunca lo había visto así.

No era el CEO Montenegro.

Era un padre.

Un padre que acababa de descubrir que había perdido cinco años de la vida de su hijo.

—Señor —dijo Daniel con cautela—, debemos actuar con inteligencia.

—Lo sé.

—Si hacemos un movimiento equivocado, podrían poner al niño en peligro.

Adrián cerró los ojos durante unos segundos.

—Entonces no cometeremos ningún error.

Tomó el teléfono.

—Quiero todas las cámaras de seguridad de las últimas cuarenta y ocho horas.

—Ya las estamos revisando.

—También quiero saber quién tiene acceso a los archivos de mi padre.

—Entendido.

—Y nadie fuera de este despacho debe saber que Leo es mi hijo.

Daniel asintió.

—¿Ni siquiera su madre?

Adrián levantó la mirada.

—Valentina ya lo sabe.

Valentina caminaba de un lado a otro de su apartamento.

No podía quedarse quieta.

Leo seguía desaparecido.

Cada minuto parecía una eternidad.

Miró su teléfono.

Nada.

Ninguna llamada.

Ningún mensaje.

Entonces sonó.

—¿Adrián?

—Soy yo.

—¿Encontraste a Leo?

—Todavía no.

Valentina sintió que las lágrimas volvían a aparecer.

—¿Cómo puedes decirlo tan tranquilamente?

—No estoy tranquilo.

Ella guardó silencio.

—Valentina, escucha. Ya sé la verdad.

Su corazón se detuvo.

—¿Qué verdad?

—Leo es mi hijo.

Ella cerró los ojos.

Durante cinco años había temido ese momento.

—¿Cómo lo sabes?

—Tengo una prueba.

Valentina se sentó lentamente.

—Entonces ya no hay nada que ocultar.

—No quiero discutir contigo.

—¿Qué quieres?

Adrián respiró profundamente.

—Quiero encontrar a nuestro hijo.

Aquella palabra la estremeció.

Nuestro.

Por primera vez, Adrián había hablado de Leo como suyo.

Y aunque una parte de ella se resistía, otra sabía que el pequeño también necesitaba conocer a su padre.

—¿Qué vas a hacer?

—Lo que sea necesario para traerlo de vuelta.

—Adrián…

—¿Sí?

—No permitas que le pase nada.

La voz de Valentina se quebró.

—Es lo único que te pido.

Adrián cerró los ojos.

—Te lo prometo.

Horas después, Daniel encontró una pista.

—Señor, tenemos algo.

Adrián se acercó.

—Habla.

—El teléfono desde el que enviaron las fotografías dejó de emitir señal después de salir del almacén.

—¿Dónde?

Daniel señaló el mapa.

—En esta zona.

Adrián reconoció el lugar.

—Es una propiedad de mi familia.

—Exactamente.

—¿Quién la administra?

Daniel revisó los registros.

—Una empresa que pertenece a Sebastián.

Adrián apretó la mandíbula.

—Entonces está involucrado.

—Eso parece.

—Quiero una orden de revisión.

Daniel dudó.

—¿Legalmente?

—Todo dentro de la ley.

—Sí, señor.

Mientras tanto, Leo estaba sentado en una habitación.

La puerta estaba cerrada.

Había juguetes sobre una mesa y comida en una bandeja.

Pero el niño no quería comer.

—Quiero a mi mamá.

El hombre que vigilaba la puerta permaneció en silencio.

—¿Cuándo va a venir?

—Pronto.

Leo frunció el ceño.

—Siempre dicen eso.

El hombre no supo qué responder.

Leo tomó un lápiz.

—Voy a hacer un dibujo.

Se sentó frente a la mesa.

Dibujó a su madre.

Después se dibujó a sí mismo.

Y finalmente dibujó al hombre que había conocido días atrás.

El señor serio.

El hombre que había visto junto a su madre.

Leo miró el dibujo.

—Él es mi papá.

El guardia lo observó sorprendido.

—¿Quién te dijo eso?

Leo respondió con total naturalidad:

—Nadie.

—Entonces, ¿cómo lo sabes?

El pequeño señaló el dibujo.

—Porque nos parecemos.

El hombre guardó silencio.

En la mansión Montenegro, Victoria caminaba nerviosamente por el salón.

No podía dejar de pensar en la conversación que había tenido con Adrián.

Sabía que su hijo terminaría descubriendo la verdad.

Lo que no sabía era cómo reaccionaría cuando descubriera quién había provocado la separación.

Su teléfono vibró.

Un mensaje.

“Adrián ya sabe que Leo es su hijo.”

Victoria palideció.

Respondió:

“¿Qué piensan hacer?”

La respuesta llegó segundos después.

“Lo que debimos hacer hace cinco años.”

Victoria dejó caer el teléfono.

—No…

En el apartamento de Valentina, alguien llamó a la puerta.

Ella se quedó quieta.

No esperaba visitas.

Se acercó lentamente.

—¿Quién es?

No hubo respuesta.

Volvieron a tocar.

Valentina miró por la mirilla.

No vio a nadie.

Retrocedió.

Entonces su teléfono vibró.

Número desconocido.

Contestó.

—¿Hola?

—Si quieres volver a ver a tu hijo, sal de la ciudad.

Valentina sintió que el miedo le recorría el cuerpo.

—¿Quién eres?

—Alguien que conoce toda la verdad.

—¡Déjame hablar con Leo!

—Todavía no.

—¡Por favor!

La llamada terminó.

Valentina quedó inmóvil.

Entonces escuchó un golpe en la puerta.

Retrocedió.

Otro golpe.

Esta vez más fuerte.

—¡Valentina!

Reconoció la voz.

Era Adrián.

Abrió rápidamente.

Él entró.

—¿Qué sucedió?

Valentina lo miró.

—Me llamaron.

—¿Quién?

—No lo sé.

—¿Qué dijeron?

—Que debo abandonar la ciudad si quiero volver a ver a Leo.

Adrián apretó los puños.

—No vas a irte.

—¿Y qué quieres que haga?

—Quedarte conmigo.

Valentina levantó la mirada.

—¿Qué?

—Hasta que encontremos a Leo.

—No puedo vivir contigo.

—No te estoy pidiendo que vivas conmigo.

Hizo una pausa.

—Te estoy pidiendo que confíes en mí.

Valentina permaneció en silencio.

Adrián se acercó.

—Cinco años atrás te perdí.

—No me perdiste.

Ella sostuvo su mirada.

—Me dejaste ir.

Adrián bajó los ojos.

—Entonces déjame hacer algo que no hice aquella vez.

—¿Qué?

—Buscarte.

Valentina sintió que sus defensas comenzaban a quebrarse.

Pero antes de poder responder, Adrián recibió una llamada.

—¿Sí?

Era Daniel.

—Señor, encontramos la propiedad.

Adrián se puso serio.

—¿Leo está ahí?

—No lo sabemos.

—Entonces vamos.

La propiedad estaba completamente rodeada.

Adrián bajó del automóvil acompañado por Daniel.

Valentina quiso ir con ellos.

—No.

—Es mi hijo.

—Precisamente por eso.

Adrián la miró.

—Quédate aquí.

—No.

—Valentina…

—No pienso volver a quedarme esperando mientras alguien decide el destino de mi hijo.

Adrián finalmente cedió.

Entraron juntos.

La casa estaba vacía.

Demasiado vacía.

No había señales de Leo.

Pero en una habitación encontraron una pequeña mochila.

Valentina la reconoció inmediatamente.

—Es de él.

La tomó contra su pecho.

—Está aquí.

Adrián revisó la habitación.

Sobre la mesa había una hoja.

La tomó.

Era un dibujo.

Tres personas.

Valentina.

Leo.

Y él.

Adrián sintió que algo se quebraba dentro de él.

—Nos dibujó juntos.

Valentina lo miró.

—Quizás ya sabía que eras su padre.

Adrián levantó la mirada.

—¿Tú le hablaste de mí?

—No.

—Entonces, ¿cómo…?

Daniel entró apresuradamente.

—Señor.

Adrián se volvió.

—¿Qué sucede?

Daniel mostró su teléfono.

—Acabamos de recibir una transmisión.

En la pantalla apareció un video.

Leo estaba sentado frente a una cámara.

El pequeño miró directamente al objetivo.

—Mamá, no tengas miedo.

Valentina comenzó a llorar.

—Leo…

El niño continuó:

—El señor que está conmigo dice que tú y mi papá tienen que elegir algo.

Adrián se acercó a la pantalla.

—¿Qué?

Leo miró hacia un lado.

Entonces apareció una persona detrás de él.

El rostro estaba oculto.

—Señor Montenegro —dijo la voz—, si quiere recuperar a su heredero, tendrá que venir solo.

La transmisión terminó.

Adrián quedó mirando la pantalla negra.

Valentina tomó su brazo.

—No vayas.

Él la miró.

—Tengo que hacerlo.

—Es una trampa.

—Lo sé.

—Entonces no puedes ir solo.

Adrián sostuvo su mirada.

—No pienso perder a mi hijo.

Y mientras salía de la habitación, Valentina comprendió algo.

Adrián estaba dispuesto a enfrentarse a cualquiera por Leo.

Pero ella también.

Porque aquella vez no permitiría que nadie volviera a separarla de su hijo.

Y ninguno de los dos sabía que la persona detrás de todo estaba mucho más cerca de ellos de lo que imaginaban.

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Eliana Angulo
me gustó tu novela.. te felicitó
Maria Garcia
muy buena su novela
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Gracias por este apoyo tan lindo... Me motiva muchísimo 💙 te invito a leer otras mis novelas
total 1 replies
Eliana Angulo
Leo es increíble... niño muy inteligente.. tiene la fe más fuerte🥹
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Totalmente de acuerdo! Su fe y su valentía lo hacen especial, vienen momentos hermosos con él
total 1 replies
Eliana Angulo
lo explica todo.. estaba planeado desde antes😱
Eliana Angulo
Quién les manda las advertencia... será un amigo o enemigo... necesito saberlo ya🤭
Eliana Angulo
tiene dos caminos para recuperar a Leo o perderlo todo...la tensión está al máximo y cada frase me hace querer saber más👏👏
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Me alegra muchísimo que te atrape.. Cada decisión cuenta y el destino de Leo está en juego… ¡sigue leyendo!😉
total 1 replies
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