Giovanna es obligada a casarse con un hombre que detesta. Ese hecho desencadena una serie de eventos qué la llevan a descubrir verdades qué habían permanecido enterradas.
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Capítulo 5
...APTO PARA MAYORES DE 18 AÑOS...
Teodoro explota apenas llega a su mansión. No esperaba que la chica lo enfrentase de esa manera.
- ¡Te haré pagar caro cada ofensa, Giovanna! De ti depende que te trate como a una reina o una esclava.
Es consciente de que no será fácil domesticar a esa fiera, pero vale la pena para tenerla en su cama.
Seguro de que ella va a negarse a organizar la boda, decide contratar a alguien que lo haga. No le interesa una ceremonia religiosa, con la civil será más que suficiente.
Obviamente, habrá una gran celebración. Quiere que toda Italia se entere de su enlace.
El altercado le quita el sueño, fastidiado de dar vueltas en la cama, decide llamar a alguien para que le haga compañía.
Media hora después una joven mujer llega a la mansión. Su ropa delata su oficio, el más viejo del mundo.
Teodoro no pierde el tiempo y sacia sus más bajos instintos con ella. Una vez finalizado el depravado acto, lanza un puñado de billetes sobre la cama.
- Vístete y lárgate- exige antes de entrar al cuarto de baño- No quiero verte aquí cuando salga de la ducha.
Hay marcas visibles en todo el cuerpo de la mujer, excepto en su rostro. Adolorida, se incorpora, toma su ropa y se viste. Guarda el dinero en su cartera y se marcha.
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El tiempo no da tregua, los preparativos para la boda avanzan y Giovanna se siente asfixiada.
Stella y Allesia planean un fin de semana de chicas, el objetivo: sacar a su amiga de la depresión qué amenaza con instalarse.
Hablan con la madre de su amiga para que les ayude a conseguir el permiso de Antonio. Han alquilado una casa en Rimini; una ciudad qué se caracteriza por sus playas y su vida nocturna.
Micaela consigue convencer a su marido y se lo hace saber a las amigas de su hija. Se marchan el viernes al salir de la Universidad.
- ¿Cómo lograron convencer a mi padre?
- En realidad fue tu mamá quien lo logró.
- Sí, Allesia y yo solo le contamos nuestros planes.
- Gracias chicas.
- No agradezcas. Mereces un fin de semana alejada de todo. Propongo no hablar de tu boda ni de ningún tema que genere estrés.
- Totalmente de acuerdo con Stella. Es un fin de semana para disfrutar al máximo.
- Hagámoslo.
Es de noche cuando llegan a la casa que alquilaron, tiene tres habitaciones, una cocina equipada qué seguramente no usarán y una hermosa piscina.
- El lugar está divino- señala Giovanna.
- ¿Por qué no nos refrescamos y salimos a cenar?- pregunta Allesia.
- Magnífica idea.
Las tres se duchan y se preparan para salir. Hay muchas opciones, cada lugar toca la música de moda y ofrece comida y tragos.
Por fin se deciden por uno de los clubes, les asignan mesa, ordenan sus bebidas y varios platillos para compartir.
- ¡Brindemos por nuestra amistad!
Chocan sus copas y beben el contenido. La música invita a bailar y eso hacen. Se mueven en la pista olvidando sus problemas.
Dos chicos beben en la barra, uno de ellos no quita la mirada de Giovanna. No puede creer que sea aquí donde vuelva a ver a la chica que le robó el sueño en París.
- Esto es inusual, amigo. Mira que encontrar a tu dulce tormento aquí.
- No esperaba volver a verla.
- ¿Y qué esperas? Te la van a ganar- dice al ver que se acercan a ella otros hombres.
Sin dudarlo se levanta y camina a paso firme hasta llegar frente a ella. Sin mediar palabra comienzan a bailar. Stella y Allesia deciden alejarse y observarlos desde su mesa.
- Me llamo Giancarlo.
- Hola, yo soy Francesca.
- Eres hermosa, Francesca.
Giovanna decide mentir con su nombre, no debe de quedar evidencia de este fin de semana. Está dispuesta a divertirse y relajarse al máximo. Todo lo que la haga olvidar qué pronto estará casada con un hombre al que no tolera es bienvenido.
Giancarlo es un hombre muy guapo, le calcula unos 27 años y claramente es italiano al igual que ella. Ambos se dejan llevar por el ritmo de la música y sus cuerpos se acercan más a cada movimiento.
Sus amigas deciden intervenir al notar que la distancia entre ellos es nula, el baile se torna demasiado sensual a su parecer.
- Perdón, ahora volvemos- se disculpa Stella mientras Allesia toma a Giovanna por el brazo y se refugian en los baños del lugar.
- ¿Estás bien?
- Perfectamente.
- Ese hombre está muy cerca de ti- comenta Stella.
- Lo sé y yo se lo he permitido.
- No queremos que hagas algo de lo que te puedas arrepentir.
- Chicas, quiero olvidarme de todo. Este fin de semana quiero vivir a plenitud. Me espera una vida infeliz y me gustaría tener buenos recuerdos.
- Ok, te apoyamos. Con una condición- dice Allesia.
- ¿Cuál?
- Qué si quieres llegar a algo más con él, sea en la casa donde estamos hospedadas. Nosotras no los vamos a molestar.
- Coincido, toma en cuenta que lo acabas de conocer.
- Y eso lo hace mejor, le he mentido con mi nombre y después de este fin de semana no nos volveremos a ver.
- ¿Dices que estás dispuesta a todo?- pregunta Stella haciendo énfasis en la última palabra.
- Sí, me quitaron el derecho a elegir con quien casarme. Pero yo voy a elegir a quién entregarle mi virginidad.
- Ok, estaremos pendientes, sin estorbar.
- Gracias, chicas.
Al salir, Giancarlo se acerca nuevamente.
- Te invito algo de beber.
- Gracias.
Beben un par de tragos y regresan a la pista. La distancia entre sus cuerpos es nula. Giancarlo se acerca cada vez más a su boca. Giovanna está más que dispuesta a dejarse llevar.
Decidida a dejar el raciocinio de lado, roza los labios de su pareja de baile. Él reacciona devolviendo el beso con más pasión de la qué ella esperaba.
Una corriente eléctrica recorre su columna vertebral, es la sensación más intensa y embriagadora qué ha tenido en su vida.
Los besos se intensifican y la temperatura de sus cuerpos se eleva. Giancarlo la guía con destreza lejos de la pista hasta un rincón en dónde puede deslizar sus manos por su cuerpo sin ser vistos.
- ¿Te gustaría ir a un lugar más privado?
- Sí, sácame de aquí.
- Vamos a mi hotel- toma de su mano y la lleva fuera del club.
- Mejor vamos a la casa donde me hospedo. Podemos meternos a la piscina.
- ¿Y tus amigas?
- Ellas estarán aquí hasta la madrugada.
- Ok, vamos.
El trayecto es corto, bajan del vehículo y apenas ingresan en la casa comienzan a besarse. Giovanna lo lleva hasta la piscina. Sin pudor se despoja del vestido, de los zapatos y se lanza al agua en ropa interior.
- ¿Qué esperas? Está deliciosa.
Giancarlo se apresura a sacarse la ropa, en bóxer se lanza al agua. Ella nada para alejarse y provocarlo. No tarda en darle alcance y capturar su boca con urgencia embriagadora.
Las piernas femeninas se enredan en su cadera. La lleva a la orilla y presiona su cuerpo contra el borde. Ambos están listos para culminar lo que iniciaron. Es ella quien toma la iniciativa para salir del agua.
- Espera, necesitamos protección.
De su pantalón extrae un par de preservativos y vuelve a su lado. En la habitación continúan besándose. Las caricias son cada vez más atrevidas. Se despojan de la poca ropa que aún los cubre. Ella se recuesta y espera paciente a que él coloque el preservativo.
Una vez listo, se recuesta junto a ella. Giovanna lo besa con desesperación, no puede, ni quiere esperar. Él la incita a montarlo, ella se deja guiar.
La presión qué ejerce el miembro masculino en su intimidad es por demás placentera. A él le resulta imposible contenerse, toma sus caderas y con fuerza la atrae. La repentina intromisión la hace soltar un grito de dolor.
Giancarlo, al darse cuenta de la situación se detiene y preocupado le dice:
- Debiste haberme dicho que tú nunca...
- No te detengas, por favor- susurra suplicante.
Él cambia de posición, con delicadeza la gira y queda sobre ella. Eso le permite tomar el control, se mueve lento. Besa sus labios y baja por su cuello. Puede sentir como se estremece y comienza a dejarse llevar por sus instintos.
Sus movimientos se adaptan a las exigencias de ella. La falta de experiencia le parece excitante y lo está volviendo loco. Se asegura de complacerla antes de dejarse ir.
Se recuesta junto a ella. La respiración de ambos es agitada. El corazón de Giovanna late acelerado.
- ¿Te arrepientes?- le pregunta.
- No, fue mucho mejor de lo que imaginaba.
- Supongo que estabas esperando a casarte.
- No, sencillamente estaba enfocada en otras cosas.
- Te va a sentar bien un baño caliente.
Lo ve dirigirse al cuarto de baño completamente desnudo y no deja pasar la oportunidad para admirar su cuerpo.
Regresa con una toalla envuelta en la cintura, la toma en brazos, la baja con cuidado al llegar a la ducha y la ayuda a asearse.
Giovanna pensó que se marcharía de inmediato, pero estaba equivocada. Después de ducharse y asegurarse de que ella use ropa cómoda, se acurruca en la cama a su lado. Casi de inmediato, ambos caen en un profundo sueño.