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Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: La verdad bajo la piel

La respiración de Liam seguía acelerada.

No por el esfuerzo físico.

No por el dolor de la herida.

Sino por el recuerdo.

El recuerdo que había golpeado su mente con la violencia de un trueno.

Un destello. Un fragmento incompleto. Una escena rota… pero real.

Mía lo sujetaba de los hombros, intentando estabilizarlo. Él apretó los ojos, tratando de atrapar ese flash entre los dedos de su memoria, pero solo obtuvo el eco lejano de algo que dolía demasiado.

—Liam, mírame —susurró ella, con voz suave pero firme.

Él abrió los ojos lentamente. Estaban rojos, cargados de emociones que ni siquiera sabía nombrar.

—Vi… —jadeó—. Vi la sangre. Vi el vidrio en el suelo… y tú estabas ahí. Tirada. Inconsciente. Yo… yo llegué tarde. Muy tarde.

Mía tragó saliva con dificultad.

Ese recuerdo.

Esa parte.

No quería que volviera así.

—Liam, no tienes que forzarlo —dijo ella, acercando su rostro al suyo—. Deja que venga por sí solo. No intentes abrirlo todo de golpe.

Él reaccionó como si le hubieran tocado una herida abierta.

—No puedo dejarlo ir —susurró, con los ojos clavados en los de ella—. Es la única cosa que siento real desde que desperté. ¡La única! Tú. Esa noche. Ese hombre.

Su voz tembló al pronunciarlo:

—Calder.

Mía sintió que el aire se volvía más denso. Ese nombre no debía sonar en voz alta. Era un fantasma, un monstruo de su pasado que no merecía existir en el presente.

Liam apretó los dientes.

—Si ese hombre trabaja para mi padre… entonces toda mi vida es una mentira. Todo lo que construí… todo lo que creí…

Mía tomó su mano, antes de que el temblor lo consumiera.

—No eres tu padre, Liam.

Esa frase lo detuvo.

Como si le hubiera dado un golpe directo al corazón.

Él la miró. En su mirada había furia. Miedo. Perdición.

Y algo más profundo.

Algo parecido a devoción.

—No, no lo soy —murmuró—. Porque él te dejó sola esa noche. Pero yo… —la voz se le quebró, casi dolida— yo no lo hice. Yo fui por ti. Corrí hacia ti.

Mía bajó la mirada.

Quería decirle la verdad.

La verdad completa.

Quería decirle que él no solo había corrido hacia ella: había gritado su nombre, había golpeado puertas, había amenazado a su propio padre para que la dejaran ir.

Pero esa verdad… todavía era dinamita.

—Liam —susurró—, no puedes recordar todo de golpe.

Él tomó su mano con ambas manos, aferrándose como si fuese la última cuerda en un abismo.

—Entonces ayúdame —rogó—. Ayúdame tú. No quiero recordar sin ti a mi lado.

El corazón de Mía tembló.

Quiso abrazarlo.

Besarlo.

Protegerlo.

Todo al mismo tiempo.

Pero sabía que ese tipo de cercanía… sería una caída.

—Estoy aquí —prometió—. No voy a dejarte.

Liam alzó la vista hacia ella.

Su mirada era un fuego oscuro, intenso, obsesivo, pero cálido.

—No sé qué eres para mí —admitió con una honestidad que la dejó sin aire—. Pero sé que… que si te pierdo otra vez, no voy a soportarlo.

Mía cerró los ojos.

Ese “otra vez” la atravesó.

Él aún no recordaba todo… pero su corazón sí.

Un golpe seco interrumpió el momento.

¡Toc, toc!

Ambos se sobresaltaron.

Mía se puso en guardia.

—¿Quién es? —preguntó, sin acercarse a la puerta.

No hubo respuesta.

Otro golpe.

Más fuerte.

Liam intentó levantarse, pero Mía lo empujó suavemente de vuelta a la cama.

—No —susurró—. Déjame ver primero.

Él no quiso… pero obedeció.

Mía se movió hacia la puerta, despacio, su corazón latiendo con fuerza. Se asomó por la mirilla.

Su sangre se congeló.

Era Olivia.

Vestida impecable, maquillaje perfecto, un brillo frío en los ojos.

Y detrás de ella… dos hombres de traje gris.

No guardias.

No doctores.

Hombres de seguridad privada.

—Liam —susurró Mía, girándose hacia él—. Quédate detrás de mí. Por favor.

Él la observó sin entender del todo.

—¿Es… seguridad del hospital?

Mía negó lentamente.

—No. Es seguridad de ella.

La puerta se sacudió otra vez.

—¡Sé que están ahí! —la voz de Olivia sonaba dulce… pero falsamente dulce—. Abre, Mía. Tenemos que hablar.

Mía sintió un escalofrío recorrerla.

No abrió.

—No tenemos nada que hablar —respondió ella, fuerte.

La sonrisa de Olivia se oyó incluso a través de la puerta.

—Ay, Mía. Pobrecita. ¿De verdad crees que puedes decidir eso?

Uno de los hombres golpeó la puerta con más fuerza.

El marco vibró.

Liam se incorporó.

—¿Qué demonios está pasando? —preguntó, sintiéndose traicionado incluso sin recordar la historia.

Mía retrocedió hasta quedar frente a él.

—Iba a pasar tarde o temprano —susurró ella—. Olivia quiere que renuncies, Liam. Quiere tu puesto. Y si tú no lo firmas por voluntad propia… te lo va a quitar a la fuerza.

Liam frunció el ceño.

—¿Cómo? ¿Con qué autoridad?

—Con tu supuesta incapacidad mental —respondió Mía, tragando saliva—. Quiere declarar que no estás en condiciones de dirigir la empresa y que alguien “más competente” debe reemplazarte.

Liam apretó los puños.

—¿Y quién es ese alguien?

Mía lo miró directamente a los ojos.

—Ella.

La puerta volvió a vibrar.

—¡Liam! —llamó Olivia, ahora con voz aguda, ansiosa—. Por favor, cariño. Necesitamos aclarar esto. Alexander está de acuerdo. Solo abre la puerta.

Liam se puso de pie, tambaleante.

—No abras —le dijo Mía, acercándose a él.

—No la dejaré que tome decisiones por mí —replicó él.

—Liam, ella no viene a “hablar”. Viene con dos hombres armados. Viene a sacarte del hospital a la fuerza. Viene a que firmes lo que ella quiere.

Liam se detuvo.

La palabra armados retumbó en su mente.

—¿Ella… me haría eso?

Mía se acercó más.

—Te haría cosas peores —susurró— si eso significa quedarse con tu poder.

Liam apretó los dientes.

—Y yo no tengo recuerdos para defenderme.

—La miró—. Pero tengo a alguien que sí.

Mía sintió un calor profundo en el pecho, pero no había tiempo para sentirse vulnerable. La falta de miedo de Olivia era un peligro.

—Liam —susurró ella—. Si abres esa puerta… vas a perder todo. Tu empresa. Tu nombre. Tu libertad.

Él la miró como si esas palabras fueran la verdad más grande del mundo.

—¿Y tú? —preguntó él, con voz ronca—. Si abro esa puerta… ¿te pierdo a ti?

Mía sintió las lágrimas arderle detrás de los ojos.

—Sí —confesó—. Porque ella vendrá también por mí. Quiere que yo desaparezca.

La puerta recibió un golpe tan fuerte que casi se abrió.

—¡ABRE, MÍA! —gritó Olivia, perdiendo la compostura.

Fue entonces cuando Liam tomó una decisión.

Una peligrosa.

Una impulsiva.

Una que ella no esperaba.

—Mía —dijo él—. Búscame la carpeta que está debajo de la cama.

Ella parpadeó, confundida.

—¿Qué carpeta?

—La que dejé allí anoche. La que tenía antes del accidente.

—Su voz se volvió firme—: Es la carpeta que mi padre nunca quiso que alguien viera.

Mía se agachó y buscó entre las sombras.

Encontró algo.

Una carpeta negra, pesada. Sin etiquetas.

Sellada.

Ella la levantó, sintiendo el peso real de esa decisión.

Liam la tomó, con las manos temblorosas, pero seguro.

La puerta tembló otra vez.

Olivia gritó:

—¡ABRE, LIAM! ¡SÉ QUE ESTÁS AHÍ!

Él respiró hondo.

Miró a Mía.

Y dijo:

—Mía…

—su voz era un susurro, pero cargado de peligro—

…creo que esta carpeta contiene la verdad.

La verdad sobre Calder.

Sobre mi padre.

Y sobre ti.

El corazón de Mía se detuvo.

El tiempo también.

La puerta volvió a sacudirse.

Y justo antes de que cediera, Liam susurró:

—Dime que estás conmigo… pase lo que pase.

Ella, sin pensar, sin miedo, sin dudar:

—Estoy contigo.

La puerta comenzó a romperse.

Y el pasado, al fin, estaba a punto de entrar.

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
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