"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.
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Capítulo 20: El frío que trae la justicia
El palacio despertó bajo un manto de escarcha y un silencio sepulcral que calaba hasta los huesos. No se oía el habitual bullicio de las criadas ni el canto de las aves en los jardines interiores. Hanyang se sentía como una ciudad sitiada por un enemigo invisible, pero el verdadero peligro no venía de afuera, sino del trono.
Desperté con una debilidad que me pesaba en cada músculo, un recordatorio metálico del veneno que casi me arranca de este siglo. Youngjae no se había movido de mi lado en toda la noche. Seguía sentado en el borde del lecho, con la misma túnica manchada de mi agonía, pero su mirada había cambiado. Ya no era el hombre que lloraba de rodillas; era el soberano que estaba a punto de escribir una página de sangre en la historia que yo tanto creía conocer.
—No te levantes —ordenó con una voz tan gélida que me hizo estremecer—. El médico dice que el acónito dejó rastros en tu sangre. Necesitas reposo.
—Youngjae, ¿qué has hecho? —susurré, mi voz apenas recuperando su tono—. Escuché los gritos anoche. Escuché tu espada.
Él se giró hacia mí, y por un segundo, la oscuridad en sus ojos se suavizó. Me tomó la mano, besando mis nudillos con una ternura que contrastaba violentamente con la daga que descansaba sobre la mesa de noche.
—He hecho lo necesario para que vuelvas a dormir tranquila, Yoona. He limpiado las malezas que intentaron asfixiar a mi fénix.
—Dime quién fue —le pedí, sentándome con esfuerzo a pesar de los mareos—. ¿Fue Ha-eun?
—Ha-eun fue solo el brazo ejecutor —respondió él, levantándose y caminando hacia la ventana—. Pero la orden… la orden vino de mucho más arriba. Alguien que cree que las leyes de la sangre están por encima de mi voluntad.
El corazón me dio un vuelco. Recordé la mirada de la Gran Reina Viuda durante el banquete. Ella no quería una reina que viniera del futuro; quería un linaje que ella pudiera controlar.
La Purga del Amanecer
Youngjae me obligó a vestirme con la seda más pesada, como si la tela pudiera protegerme de la maldad del palacio. Juntos, caminamos hacia el Salón de la Justicia. A medida que avanzábamos, vi las manchas de sangre fresca que aún no habían sido limpiadas del suelo de mármol. Los guardias reales estaban alineados, mudos, con los rostros endurecidos.
Al entrar, el espectáculo era dantesco. Una docena de funcionarios de alto rango estaban arrodillados, con las manos atadas a la espalda. Entre ellos, el padre de Lady Ha-eun, el Ministro de Justicia, temblaba de forma incontrolable. Al fondo, sentada en una silla de madera tallada, la Gran Reina Viuda observaba la escena con una dignidad que se desmoronaba por momentos.
Youngjae no se sentó en el trono. Se quedó de pie frente a ellos, conmigo a su lado, sosteniendo mi mano con tal fuerza que sentí su pulso galopante.
—Anoche —comenzó Youngjae, y su voz resonó en el salón como el eco de una tumba—, alguien decidió que mi juicio no era suficiente. Alguien decidió que Kang Yoona, la mujer que ha salvado este reino, no merecía respirar. Pensaron que, al matarla a ella, matarían mi voluntad.
Se acercó al Ministro de Justicia, levantando su barbilla con la punta de una bota.
—Vuestra hija confesó antes de que el sol saliera, Ministro. Confesó que vuestro clan suministró el acónito. Confesó que la Gran Reina Viuda prometió protección si la "intrusa" desaparecía. ¿Tenéis algo que decir antes de que vuestro nombre sea borrado de los anales de Joseon?
—¡Fue por el reino! —gritó el Ministro, desesperado—. ¡Ella no tiene linaje! ¡Vuestra descendencia será impura!
Youngjae no parpadeó. Con un movimiento rápido, desenvainó su espada. No hubo juicio, no hubo debate. Solo el sonido seco del acero cortando el aire. El cuerpo del ministro cayó al suelo, y un grito de horror recorrió a los presentes. La Reina Viuda se puso de pie, su rostro pálido como la cera.
—¡Youngjae! ¡Soy tu abuela! ¡No puedes hacer esto! —exclamó ella.
—Habéis dejado de ser mi sangre en el momento en que intentasteis derramar la de ella —respondió Youngjae, señalándome—. No voy a mataros, abuela. Sería una salida demasiado fácil. En su lugar, viviréis para ver cómo esta "intrusa" se sienta en el trono que tanto despreciáis. Seréis confinada al Templo del Olvido. No volveréis a ver el sol de Hanyang, ni volveréis a escuchar el nombre de este Rey.
El peso de la corona
Regresamos a nuestros aposentos mientras los guardias se encargaban de terminar la purga. Yo estaba en estado de shock. En mis libros, Youngjae era un tirano, pero verlo actuar con esa frialdad implacable por amor a mí me hacía sentir una mezcla de terror y una devoción absoluta. Él estaba destruyendo el viejo orden para crear un espacio donde yo pudiera existir.
Al cerrar la puerta de nuestra habitación, Youngjae se desplomó contra la madera, soltando la espada. Toda su aura de poder se evaporó, dejando solo al hombre que casi me pierde.
—Lo siento, Yoona —susurró, ocultando su rostro entre sus manos—. Lo siento por obligarte a ver esto. Pero si no cortaba todas las cabezas de esa hidra, nunca estarías a salvo.
Caminé hacia él y lo abracé, rodeando su cintura, sintiendo el temblor de sus hombros. Ya no me importaba la historia, ni el futuro, ni lo que dirían los registros. Este hombre estaba dispuesto a ser el villano de la eternidad solo para que yo tuviera un mañana.
—Gracias por protegerme —dije, mi voz rompiéndose—. Pero no dejes que la oscuridad te consuma del todo. Prométeme que, después de hoy, construiremos algo que no esté hecho solo de sangre.
Él me miró, y en la penumbra del dormitorio, el erotismo y el romance volvieron a surgir como una necesidad vital de reafirmación. Me tomó en sus brazos y me llevó hacia el lecho de seda. Sus manos, que antes habían sostenido la espada de la ejecución, ahora recorrían mi cuerpo con una delicadeza que me hacía llorar.
—Solo tú puedes mantenerme en la luz —murmuró, su boca buscando la mía con una urgencia eléctrica—. Sin ti, Yoona, no soy más que el monstruo que ellos creen. Por favor… recuérdame que sigo siendo un hombre.
Nos amamos con una pasión que fue a la vez un acto de perdón y un juramento. Cada caricia era una forma de borrar el olor a muerte del salón de justicia. Youngjae me tomó con una fuerza posesiva, sus estocadas rítmicas y profundas sellando nuestro vínculo más allá del tiempo y del espacio. En medio de los gemidos y el calor de nuestros cuerpos, supe que nuestra historia ya no era una tragedia escrita en el pasado, sino una leyenda que estábamos forjando con cada latido compartido.
La purga había terminado, y aunque el palacio seguía frío, el fuego entre nosotros era lo único que mantenía al invierno a raya.
Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.
Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.
Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.
Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?
👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.
— GIA 💞