El día que cumplió dieciocho años debía ser una celebración.
Pero terminó siendo una sentencia.
Heredero de un apellido poderoso, su vida cambia cuando su padre —un CEO en decadencia— le revela la verdad: para salvar la empresa, ya ha sido prometido en matrimonio como moneda de cambio a la mafia más influyente del país. Un trato frío, cruel… y sin salida.
Lo que nadie esperaba era que el hombre que tomaría su mano no fuera el viejo y despiadado jefe de la mafia, sino su hijo: el verdadero heredero del imperio criminal. Un alfa temido, criado entre violencia y poder, que nunca quiso ese matrimonio tanto como él.
Ambos son alfas. Ambos se desprecian desde el primer encuentro.
Y ambos están atrapados en un vínculo que ninguno eligió.
Entre choques de orgullo, silencios cargados de odio y un destino que insiste en unirlos, descubrirán que el omegaverse no siempre sigue las reglas… y que incluso dos alfas pueden desafiar lo imposible.
Porque en un mundo donde el poder lo decide todo, amar p
NovelToon tiene autorización de juliana scotella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un adiós qué no será para siempre
Jean
Cuando tomó mi mentón, mi respiración se cortó.
Mis ojos se posaron en los suyos por un instante… intensos, oscuros, imposibles de descifrar. Sentí cómo mi pecho se apretaba con fuerza, como si su sola mirada pudiera leer todo lo que intentaba esconder. Sin darme cuenta, mis ojos bajaron lentamente hasta sus labios.
—No… ¿qué significa? —pregunté en un pequeño susurro.
Mi voz apenas salió. Sentía la garganta seca, el corazón golpeando con tanta fuerza que me daba miedo que él pudiera escucharlo.
¿Por qué estoy tan nervioso…?
No debería afectarme así… es solo Demon…
Pero no era “solo Demon”.
Era mi esposo.
Era mi protector.
Era también la persona que más lograba desarmarme.
Su cercanía hacía que mi piel se estremeciera. Quería retroceder… pero mis pies no respondían. Algo dentro de mí me mantenía quieto, atrapado entre el miedo y un deseo extraño de quedarme ahí.
Su mano seguía sosteniendo mi rostro, firme pero sin lastimar, obligándome a mantener la mirada en él. Tragué saliva, sintiendo el calor subir por mi cuello hasta mis mejillas.
Si sigue mirándome así… voy a romperme.
Demon
Observé cada pequeño cambio en su expresión. La forma en la que sus pupilas temblaban, cómo su respiración se volvía irregular… cómo sus ojos se detenían en mis labios antes de volver a subir con nerviosismo.
Eso encendió algo peligroso dentro de mí.
No era solo deseo.
Era una mezcla de preocupación, necesidad… y un sentimiento posesivo que me esforzaba por controlar.
—Significa… —respondí con voz baja, inclinándome apenas hacia él— que eres alguien mucho más raro… y valioso… de lo que imaginabas.
Sentí cómo su cuerpo se tensaba bajo mi brazo. Mi pulgar rozó suavemente su mandíbula, casi de forma inconsciente.
—Los híbridos no son comunes, Jean —continué, sin apartar la mirada—. Despiertan interés… y también peligros.
Y eso me aterra más de lo que voy a admitir.
Acerqué mi rostro apenas unos centímetros más, lo suficiente para notar el calor que emanaba de su piel. Su aroma me envolvía, haciendo que mi autocontrol se volviera más frágil.
—Significa que ahora hay más razones para mantenerte a salvo… incluso de ti mismo —murmuré.
Por un momento, mis ojos se deslizaron hacia sus labios también. Maldición… estaba demasiado cerca.
Apreté la mandíbula, luchando contra el impulso de borrar esa distancia.
No era el momento.
No cuando él aún estaba confundido.
Volví a mirarlo directamente a los ojos.
—Pero también significa… —añadí, con un tono más suave— que debes confiar en mí más que nunca.
Jean
Su cercanía me mareaba.
Podía sentir su respiración mezclándose con la mía. Mi corazón latía tan fuerte que dolía. Una parte de mí quería alejarse… protegerse… levantar los muros que siempre me habían mantenido a salvo.
Pero otra parte… mucho más silenciosa… quería quedarse.
—Yo… —intenté hablar, pero las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta.
¿Confíar en él…?
¿Puedo hacerlo…?
Mis manos temblaron levemente a mis costados. Sin pensarlo demasiado, terminé aferrándome suavemente a la tela de su camisa, como si necesitara asegurarme de que realmente estaba ahí.
—No estoy acostumbrado a depender de alguien… —admití en voz baja.
Bajé la mirada un segundo antes de volver a subirla, sintiendo cómo el miedo y algo más cálido luchaban dentro de mí.
—Pero… tampoco quiero seguir sintiéndome solo.
Jean
Sentí los labios de Demon rozar los míos… y el mundo pareció detenerse.
Mi respiración se entrecortó cuando el beso se volvió real, profundo, firme. Sin pensarlo, llevé mis brazos alrededor de su cuello, atrayéndolo más hacia mí. El choque de nuestros cuerpos me hizo estremecer; su calor contrastaba con el agua aún resbalando por mi piel.
El beso era… extraño.
Romántico.
Abrumador.
Seguro… y peligroso al mismo tiempo.
Sus labios dominaban el ritmo con una seguridad que me hacía perder el equilibrio. Mi corazón golpeaba contra mi pecho con fuerza, mientras una mezcla caótica de emociones crecía dentro de mí: miedo, alivio… y una necesidad que no sabía explicar.
¿Por qué se siente tan bien…?
Mis dedos se tensaron en su cuello, aferrándome como si temiera que desapareciera si lo soltaba. Cuando el aire comenzó a faltarme, me separé apenas, respirando agitado, sin atreverme a alejarme demasiado.
Nuestros rostros seguían peligrosamente cerca.
Antes de que pudiera decir algo, Demon me levantó en sus brazos con un movimiento firme, como si fuera lo más natural del mundo.
—Nos vamos —dijo con voz grave.
Su tono no era una sugerencia. Era una decisión.
Mi pecho se comprimió al escuchar esas palabras. Miré hacia la casa, recordando todo lo que había dejado atrás… intentando ordenar mis pensamientos entre el torbellino emocional que él provocaba.
—Espera… —murmuré, apoyando una mano contra su hombro—. Déjame buscar mis cosas primero.
Demon
Lo sostuve con firmeza, sintiendo su peso contra mí, el leve temblor de su cuerpo todavía recorriendo mis brazos. El beso seguía ardiendo en mi mente… demasiado intenso, demasiado fácil de desear repetir.
Eso era un problema.
Lo observé unos segundos. Sus mejillas estaban sonrojadas, sus ojos brillaban con confusión y algo más… algo que me costaba ignorar.
—No necesitas nada más —respondí con tono bajo.
Pero dudé.
Porque sabía que no hablaba solo de objetos.
Su agarre en mi hombro no era fuerte, pero sí decidido. Era la primera vez que Jean no intentaba escapar… y eso me descolocó más de lo que esperaba.
Suspiré suavemente, relajando apenas mi postura.
—Tienes cinco minutos —cedí finalmente, aunque mi voz mantuvo su dureza habitual—. No voy a dejar que estés aquí más tiempo del necesario.
Especialmente ahora…
Deslicé la mirada por su rostro, intentando memorizar cada gesto, cada emoción que intentaba ocultar. Algo dentro de mí se tensaba con fuerza. La idea de que algo pudiera pasarle… de perderlo… me resultaba insoportable.
Lo bajé con cuidado, pero mi mano permaneció en su cintura unos segundos más, asegurándome de que no se alejara demasiado.
—Jean… —murmuré.
Esperé a que levantara la mirada antes de continuar.
—No te apartes de mí.
No era una orden esta vez.
Era una advertencia… y casi una súplica disfrazada.
Jean
Fui rápidamente por mi ropa y las pastillas para el celo que mi madre me había dado. Las guardé con cuidado en mi bolso. No quería perder el control si el pre celo empeoraba… y mucho menos delante de Demon.
Todavía no entendía del todo lo que me estaba pasando… ni lo que sentía cuando estaba cerca de él.
Al salir de la habitación, noté la sonrisa en el rostro de mi hermano. Su expresión era demasiado evidente. Sabía perfectamente que había visto —o al menos sospechado— lo que acababa de pasar afuera.
Y, por alguna razón, parecía… tranquilo. Incluso feliz.
—¿Qué? —pregunté, intentando sonar molesto, aunque una pequeña sonrisa escapó de mis labios.
Mi hermano negó suavemente con la cabeza, con esa mirada protectora que siempre había tenido conmigo.
—Ven aquí, pequeño… despídete de tu hermano.
Rodé los ojos, pero aun así caminé hacia él. Cuando me envolvió en sus brazos, respondí al abrazo con todas mis fuerzas. Su calidez me recordó a cuando éramos chicos… antes de que todo cambiara, antes de que la distancia se interpusiera entre nosotros.
—Toma —dijo separándose apenas—. Tocá el botón cuando quieras hacer algo que no debas… así por lo menos tendrás mi ayuda. Y también cuando estés en peligro. Iré por vos.
Fruncí el ceño al ver la pulsera que me entregaba, pero la acepté sin discutir y me la coloqué enseguida.
El gesto hizo que algo se apretara en mi pecho.
Siempre cuidándome… incluso ahora.
—Sos demasiado sobreprotector —bromeé, intentando quitarle peso al momento.
Mi hermano soltó una risa baja.
—Lo dice la persona que está casada con un hombre que vino a buscarlo solo por no estar en su casa un día.
Sentí cómo el calor subía por mi rostro al instante.
No había elegido casarme con Demon… no de esa forma. No en esas circunstancias.
Pero… ahora…
Ahora no estaba tan seguro de odiar esa realidad.
—Cállate —murmuré, empujándolo suavemente antes de girarme para despedirme de mi madre.
Me acerqué a su cama con cuidado, temiendo lastimarla. Su cuerpo se veía frágil, demasiado débil para la mujer fuerte que siempre había sido.
La abracé con suavidad y dejé un beso en su mejilla.
—Promete que vas a cuidarte y recuperarte —le pedí en voz baja.
Ella sonrió con ternura, aunque el cansancio se notaba en sus ojos.
—Claro que lo haré… si prometés que en unos años me traerás nietos.
Mi respiración se cortó de golpe.
Sentí cómo mi corazón comenzaba a latir con fuerza descontrolada, y una mezcla de vergüenza, nervios y pensamientos que no estaba listo para enfrentar invadió mi mente.
¿Nietos…?
¿Con Demon…?
La idea me golpeó con una intensidad que me dejó completamente sin palabras.
—No te preocupes, mamá… lo hará —intervino mi hermano con una sonrisa divertida, claramente disfrutando de mi sufrimiento.
Le lancé una mirada fulminante, pero no dije nada. Sentía que si abría la boca, solo iba a empeorar la situación.
—Tengo que irme… —dije finalmente, intentando recuperar la compostura—. Voy a venir a visitarlos. Y, cuando mamá esté mejor, ustedes también pueden venir.
Mi voz sonó más firme de lo que me sentía realmente.
Tomé mis cosas y caminé hacia la salida. Cada paso se sentía extraño… como si estuviera dejando algo importante atrás, aunque supiera que debía hacerlo.
Cuando salí de la casa, el aire fresco golpeó mi rostro. Levanté la mirada y vi el auto de Demon esperándome.
Mi corazón volvió a acelerarse.
No sabía si era por el pre celo…
o por él.
Apreté con fuerza la pulsera que mi hermano me había dado antes de avanzar lentamente hacia el auto.
Sin importar cuánto intentara convencerme de lo contrario…
Sabía que mi vida estaba cambiando.
Y que Demon estaba en el centro de todo.
eso duele mas que mil palabras demon sabiendo que Jean es tan inestable inexperto a como debe actuar y sentirse verse descontrolado por algo que no sabe manejar y dices una cosa asi no es justo idiota /Scare//Scare//Scare//Scare//Scare/
jean tu significa de ancla para ti estabilidad lealtad compromiso verdadero te brinda seguridad apoyo firmeza te mantiene en tierra y tranquilo en medio de la tormenta emocional o en dificultades de la vida todo eso es para ti demon tu ancla la persona favorita en tu mundo /Scream//Scream/
pero por el otro lado jean también razón el decide sin tomarlo en cuenta ambos son culpables por no comunicarse y ser sinceros con el uno con el otro/Shy//Shy//Shy//Shy/
por que el creyó que lo habia arruinado sin ni siquiera tener algo /Sly//Sly//Sly//Sly//Sly/
y poder pensar con claridad y ordenar bien tus dudas y temores aunque
implique que demon se enoje por lo que acabas de hacer /Grievance//Whimper//Grievance//Whimper//Whimper//Grievance/
oh que sera!!!!! lo que le estara pasando /Doge//Doge//Doge//Doge/
o un enigma!❤!/Scream//Panic//Scream/
por jean tiene 18 no es como un adolescente destrozado emocionalmente no tiene experiencia en relaciónes con un padre que lo uso para su propia salvación /Scream//Scream//Scream//Scream/