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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Telepatía / Completas
Popularitas:54.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 35

Capítulo 35: Esposa

Cristian no respondió de inmediato.

No porque no quisiera.

Porque si respondía demasiado rápido, quizá decía algo que no sabía controlar.

Ximena estaba frente a él, con la pierna lesionada sobre la cama, los ojos abiertos de miedo y vergüenza, la frase todavía viva entre ambos.

Te extrañé.

Cristian se apartó de golpe.

—Voy a ducharme.

Ximena parpadeó.

—¿Qué?

—No te muevas.

—¿Ese es tu comentario?

Cristian no confiaba en su voz.

—Vuelvo.

Entró al baño y cerró la puerta.

Ximena se quedó sola sobre la cama.

Luego se cubrió la cara con ambas manos.

—Idiota —murmuró.

*Idiota yo. Idiota histórica. ¿Quién confiesa que extraña a su esposo en medio de una pelea por llaves para su ídolo pop? Nadie. Solo yo. Me deberían quitar el derecho a hablar después de las ocho de la noche.*

El agua de la regadera empezó a sonar.

Ximena miró hacia la puerta del baño.

*¿Se fue a enfriar? Claro. El señor hielo necesita agua para no derretirse. O quizá para no estrangularme. No, no. Me miró raro. Como si le hubiera dado algo. Como si...*

No quiso terminar el pensamiento.

En el baño, Cristian apoyó ambas manos contra el mármol y dejó que el agua fría le cayera sobre la nuca.

No sirvió de mucho.

La voz de Ximena seguía ahí.

Te extrañé.

No en su mente. No como pensamiento robado. En voz alta.

Para él.

Cristian cerró los ojos.

Había querido que ella dijera la verdad. La había presionado, la había acorralado, y cuando al fin la verdad apareció, no estaba preparado para recibirla sin sentir que el mundo cambiaba de lugar.

Cuando salió, Ximena estaba sentada muy derecha, como si hubiera decidido esperar una sentencia.

Cristian llevaba el cabello húmedo y una camiseta negra. No se había puesto saco, ni corbata, ni ninguna armadura.

Ximena lo vio y perdió medio enojo de forma humillante.

*No. Injusticia. Sale mojado, con camiseta negra, después de arruinarme emocionalmente. ¿Qué hago con eso? ¿Aplaudo? ¿Demando? ¿Muerdo?*

Cristian se detuvo frente a la cama.

—¿De verdad?

Ella tragó saliva.

—¿Qué?

—¿Me extrañaste?

Ximena quiso retroceder, pero la pared y la férula no colaboraban.

—Ya lo dije.

—Dilo otra vez.

—No.

—Ximara.

—No uses esa voz.

—¿Cuál?

—La que hace difícil seguir enojada.

Cristian se inclinó, apoyando una rodilla en el borde de la cama, cuidando no tocar su pierna lesionada.

—Yo también.

Ximena se quedó quieta.

—¿También qué?

—Te extrañé.

La frase no fue perfecta.

No fue poética.

Fue casi torpe.

Por eso le llegó más hondo.

*No. No, no. Si dice cosas así, ¿cómo se supone que una mujer mantenga un plan de salida, una dignidad y un odio funcional?*

Cristian le tomó la mano.

—No quiero pelear contigo por Mauricio.

—Entonces no lo hagas.

—Lo intentaré.

—Esa no es una promesa muy fuerte.

—Es una honesta.

Ximena bajó la mirada a sus dedos entrelazados.

—Yo tampoco quiero pelear contigo.

—Pero vas a seguir provocándome.

—Probablemente.

—Y pensando cosas.

—No puedo controlar mi mente.

*Y menos si sales del baño así. ¿Quién te autorizó a existir húmedo?*

Cristian soltó una respiración que casi fue risa.

—Entonces tendré que acostumbrarme.

Ximena levantó los ojos.

—¿A qué?

—A ti.

El silencio que siguió ya no fue de pelea.

Cristian se acercó despacio, dándole tiempo a apartarse. Ximena no lo hizo. Cuando la besó, no hubo desafío ni público ni intento de marcar territorio. Solo una paciencia nueva, caliente y cuidadosa, que le aflojó a Ximena todas las defensas.

Ella le rodeó el cuello.

—Mi tobillo —susurró contra su boca.

—Lo sé.

—No quiero que pares.

—También lo sé.

*Claro que lo sabe. Maldito hombre atento. Tócame sin romperme, por favor. Y si puedes romper un poquito mi orgullo, tampoco me quejo.*

Cristian cerró los ojos.

—Dímelo si algo duele.

—Me duele haber hablado de más.

—Eso no cuenta.

—Debería.

Él volvió a besarla.

La noche empezó sin prisa.

Después dejó de obedecer.

Cristian cuidó su pierna como si fuera una promesa puesta entre ambos: una almohada bajo el tobillo, una mano firme detrás de su espalda, el cuerpo inclinado de forma exacta para no cargar peso donde no debía. Esa paciencia, lejos de enfriarla, la volvió más peligrosa. Cada beso medido le encendía algo distinto. Cada pausa le daba tiempo de desearlo peor.

Había pasado más de un mes desde la última vez que el cuerpo de los dos había dejado de discutir con palabras. La lesión, la furia, Sebastián, Mauricio, los bocetos, la guerra fría: todo había construido una distancia hecha de cosas pequeñas y pesadas.

Esa noche, Cristian la deshizo con la boca.

Primero la besó lento, casi con rabia contenida, como si quisiera castigar la distancia sin lastimarla a ella. Luego bajó al borde de su cuello, a la línea sensible bajo la mandíbula, al hombro que la camiseta dejaba al descubierto. Ximena se aferró a su espalda y sintió la humedad fría de su cabello contra los dedos.

*Así no se juega limpio. Sale mojado, me dice que me extrañó y ahora me toca como si fuera a perderme. ¿Cómo voy a fingir que esto es solo hambre?*

Cristian se detuvo con la respiración rota.

—Importa.

Ximena abrió los ojos.

—¿Qué?

Él la miró desde arriba, serio, con una ternura tan caliente que le quitó el aire.

—Tú.

Fue una respuesta incompleta.

También fue suficiente para desarmarla.

Ximena no preguntó cómo había sabido qué decir. No esa noche. No quería romper la burbuja para encontrar el mecanismo escondido.

Solo le tomó la cara con ambas manos y lo besó como si, por una vez, pudiera aceptar el regalo sin calcular cuánto dolería devolverlo.

Cristian perdió el último resto de distancia.

El ritmo llegó despacio, contenido al principio por la pierna herida, por el miedo de hacerle daño, por esa necesidad suya de cuidarla incluso cuando se le notaba en la voz que estaba al borde de romperse. Pero Ximena no quería que se apartara. No quería más cuidados con forma de ausencia. Lo quería ahí, encima, caliente, real, temblando por ella.

—Cristian... —gimió, hundiendo los dedos en sus hombros.

Él cerró los ojos contra su cuello.

—Si duele, me detengo.

—No duele.

—Ximara.

—No duele —repitió, y esta vez le clavó las uñas en la espalda, dejando una marca breve, desesperada—. No pares.

Cristian soltó un sonido bajo, casi una rendición.

Entonces el cuidado se volvió intensidad.

No brusquedad.

No descuido.

Intensidad.

La cama crujió apenas bajo ellos. Ximena tuvo que morderse el labio para no hacer más ruido, pero el esfuerzo no le duró. El siguiente movimiento le arrancó un gemido claro, uno que la habría avergonzado si todavía le quedara espacio para la vergüenza.

Cristian la besó para apagarlo.

No lo logró.

Ella arqueó la espalda, sintiendo cómo cada respiración se volvía más corta, cómo el calor subía desde el vientre hasta la garganta, cómo su orgullo se le deshacía entre los dedos. El ritmo se hizo más firme, más profundo, más imposible de resistir. Ximena dejó una segunda marca en su hombro y oyó cómo Cristian perdía por fin esa calma impecable que tanto la desesperaba.

Eso la encendió más.

El hombre que siempre parecía de hielo estaba temblando por ella.

Por ella.

—Más bajo —murmuró Cristian, con la voz rota.

—Entonces no me mires así...

Él volvió a besarla, y Ximena ya no pudo contener nada.

La cima llegó con una violencia dulce, una ola completa que le cerró los ojos y la dejó sin voz durante un segundo antes de arrancarle un grito ahogado contra el hombro de él. Todo su cuerpo se tensó y luego se soltó de golpe, temblando, mientras Cristian la abrazaba con una fuerza casi desesperada, cuidando todavía su pierna incluso en medio del desorden.

Mucho después, con la habitación a oscuras y el mundo reducido a respiraciones lentas, Ximena pensó que debía decir algo inteligente.

No dijo nada.

Cristian tampoco.

Pero las marcas rojas en su espalda hablaron por los dos.

Al amanecer, Ximena despertó con el cuerpo tibio, la pierna elevada correctamente sobre una almohada y la camisa de Cristian arrugada bajo su mejilla.

Cristian estaba sentado junto a la cama, revisando mensajes en silencio.

—¿No dormiste? —preguntó ella, con voz ronca.

Él bajó el celular.

—Dormí.

—Mentiroso.

—Un poco.

*Se quedó cuidándome. O presumiendo camiseta. Ambas opciones me gustan demasiado.*

Cristian se inclinó para tocarle la frente, luego revisó con cuidado la férula.

—¿Dolor?

—Menos.

—Bien.

—¿Y tú?

—Bien.

Ximena lo miró con sospecha.

—Estás demasiado tranquilo.

—Estoy cansado.

—Eso suena más creíble.

Cristian tomó el vaso de agua y se lo ofreció.

—Bebe, esposa.

Ximena se quedó inmóvil.

La palabra no era nueva en el mundo.

Pero sí en su voz.

Esposa.

Sin ironía. Sin fachada. Sin obligación social. Natural, baja, cálida, como si hubiera estado ahí todo el tiempo esperando permiso para salir.

—¿Qué dijiste?

Cristian la miró.

—Bebe.

—No eso.

Él sostuvo el vaso.

—Esposa.

Ximena no tomó el agua.

Tampoco parpadeó.

*Ay. Me llamó esposa. Así. Como si fuera cierto. Como si yo pudiera quedarme. Como si no hubiera reloj. Como si no estuviera perdida.*

Cristian sintió el filo oculto detrás de la emoción.

No preguntó.

No esa mañana.

Solo acercó el vaso un poco más.

—Bebe, esposa —repitió.

Ximena lo obedeció en silencio, pasmada, mientras el calor de esa palabra le llenaba el pecho con una felicidad tan dulce que daba miedo tocarla.

1
Victoria
👏👏👏
Mer Agrás
La historia en general me había gustado aunque me recordó otra donde también el esposo escuchaba los pensamientos de su esposa pero la trama es muy diferente.

Desafortunadamente todos hablan igual, el humor negro, sarcasmo, el estilo de Ximena parece que se los transmitió a todos, que la amiga lo hiciera suele pasar pero la suegra, la mamá Tencha hasta el suegro en las pocas participaciones que tuvo, así los demás personajes.

La historia se alargó de más, relleno innecesario y pésimo final con esa dimensión alterna. Todo lo bueno se fue perdiendo al final.
Mer Agrás
Pésimo final, que pena de una historia que en general venía bien.
Mer Agrás
¡No arruines la historia! 🥹
Mer Agrás
Ya se siente relleno.
Mer Agrás
La historia a estas alturas ya la empiezo a sentir muy larga 😒
Mer Agrás
¿Cuándo se reconciliaron?
Mer Agrás
¿Ya no es Mauricio?
Mer Agrás
Valeria estaba en Guadalajara y Ximena en cdmx haciendo videollamada ¿en qué momento se fue Ximena a Guadalajara?
Mer Agrás
Como que ya es exagerado.
Mer Agrás
Emiliano ya lo sabe.
Mer Agrás
La historia me gusta pero creo que ella ya está abusando de la paciencia de él.
Mer Agrás
Creo que ya definitivamente no es Julián.
Mer Agrás
No entendí, no tomó el celular de Ximena, llamó del suyo pero aún así le dice que no tome llamadas que no son para él, más bien Cristian le marcó a Emiliano o entendí mal 😒
Mer Agrás
Ella también mintió 😒
Mer Agrás
¿No iban juntos en el carro?
Mer Agrás
Y dale con Mauricio 😒
Mer Agrás
Creo que ya empieza a parecer un comportamiento infantil.
Mer Agrás
Tampoco hay que ser grosera 😒
Kira Javan
ella es ximena, pero el doctor la llamo xiomara, entonces no tiene hermana gemela? interpreta dos mujeres distintas...ya me enredé 🙈
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