"Él es el hombre más poderoso de la ciudad. Ellos tienen 8 años y acaban de hackear su vida."
Elara ha guardado un secreto durante cuatro años: es madre soltera de dos genios que el sistema escolar no puede controlar. Para su jefe, el implacable y frío millonario Killian Vane, ella es solo la asistente perfecta, la mujer que nunca falla y que parece no tener vida personal. Pero cuando el colegio de los gemelos exige una cuota impagable para niños superdotados y el padre biológico desaparece con las migajas de la manutención, Elara llega al límite.
Lo que Elara no sabe es que sus hijos, Evans y Edans, han tomado una decisión: Mamá necesita un respiro y ellos necesitan un papá que esté a su nivel.
Tras analizar a cientos de candidatos en la plaza local, los gemelos fijan su objetivo en el hombre que aparece en las noticias: Killian Vane. Es rico, es brillante y, según sus cálculos, es el único hombre con el ADN lo suficientemente fuerte para lidiar con ellos.
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Capítulo 2: Seguridad de papel y una emboscada de lujo
Cuando Elara cruzó las puertas de la escuela St. Jude, sentía que el corazón le iba a salir por la boca. Llevaba el teléfono apretado en la mano, releyendo el mensaje de la dirección. ¿Hackear la calefacción? Esos niños iban a terminar en el FBI antes de terminar la primaria.
—¡Directora Smith! —Elara entró en la oficina sin golpear. Estaba sudando, con el moño algo deshecho y la respiración entrecortada—. ¿Dónde están? ¿Qué hicieron ahora?
La mujer, una señora de unos sesenta años con cara de pocos amigos, se levantó de su silla, pero no tenía la expresión de autoridad de siempre. Estaba pálida. Miró a la secretaria y luego a Elara.
—Señora... —la voz de la directora tembló—. Hubo un... un pequeño inconveniente.
—¿Inconveniente? —Elara se acercó al escritorio, apoyando las manos con fuerza—. Me dijo que estaban aquí. ¿Dónde están Evans y Edans?
—Verá... después de que la calefacción se activara a máxima potencia y el sensor de humo saltara por el calor... tuvimos que evacuar el ala oeste. En la confusión de la salida al patio... los niños... —la directora tragó saliva—. No los encontramos por ninguna parte.
El silencio que siguió fue sepulcral. Elara sintió que el mundo se detenía. El miedo se transformó en una furia fría que le recorrió la espalda.
—¿Me está diciendo que mis hijos de ocho años se perdieron bajo su custodia? —la voz de Elara bajó tres tonos, volviéndose peligrosa—. ¿Una escuela que cobra cinco mil dólares de cuota mensual no puede vigilar a dos niños?
—Estamos revisando las cámaras, pero parece que el sistema sufrió un "apagón" justo en ese minuto —balbuceó la secretaria.
Elara se enderezó, recuperando su postura de jefa de oficina. Si algo sabía hacer era manejar crisis.
—Escúcheme bien. Si mis hijos no aparecen en una hora, la policía estará aquí y su prestigio se irá al fondo del río Hudson —amenazó Elara, señalando a la mujer—. Y más le vale que mientras los busco, se olvide de cobrarme la mora de este mes. Considere que el descuento es por su negligencia criminal. ¡Búsquenlos ahora!
Salió de la oficina furiosa. Conocía a sus hijos. No se habían perdido. Se habían escapado.
A tres cuadras de la Torre Vane.
Killian Vane salió del edificio con su habitual paso de depredador. Su chófer ya tenía la puerta del Rolls-Royce abierta. Killian odiaba perder el tiempo, y ese día tenía una reunión con su abuelo que lo tenía de mal humor.
De pronto, un balón de fútbol rodó por la acera y golpeó directamente su zapato italiano de mil quinientos dólares.
Killian se detuvo en seco, mirando la mancha de polvo en el cuero negro. Levantó la vista con los ojos echados fuego.
—¡Lo siento, señor! ¡Fue un error de trayectoria! —gritó un niño pequeño, vestido con el uniforme de St. Jude, que corría hacia él. Era Evans.
A pocos metros, Edans estaba sentado en un banco, sosteniendo un helado y mirando un reloj de pulsera con mucha atención.
Killian apretó los dientes. No soportaba a los niños ruidosos.
—Ten más cuidado, niño. Esto cuesta más que la matrícula de tu escuela —soltó Killian con desprecio, preparándose para subir al auto.
—En realidad —intervino Edans desde el banco, sin levantar la vista—, ese modelo de zapato es de la colección pasada. Si pagó eso, lo estafaron. Un hombre de su posición debería cuidar mejor sus activos.
Killian se congeló. Se giró hacia el niño del banco. ¿Qué demonios acababa de decir ese mocoso?
—¿Qué dijiste? —Killian cerró la puerta del auto y se acercó a los gemelos.
Evans, fingiendo inocencia, se puso frente a él con el balón bajo el brazo.
—Mi hermano es un poco directo, no le haga caso —dijo Evans, escaneando el rostro de Killian de cerca—. Pero tiene razón. El abuelo de la tele decía que usted es un genio de los negocios, pero se ve... cansado. ¿No tiene a nadie que le cuide la agenda de verdad?
Killian sintió una extraña punzada de curiosidad. Había algo en esos dos niños, algo en sus ojos azules y esa forma de hablar, que le resultaba irritantemente familiar.
—Vuelvan con sus padres —ordenó Killian, aunque su voz ya no era tan dura—. No deberían estar solos en la calle.
—No tenemos papá —soltó Edans de golpe, mirándolo fijamente—. Se fue porque no podía con el nivel intelectual de la familia. Un cobarde clásico.
Killian sintió un nudo extraño en el estómago. No sabía por qué, pero la honestidad brutal de ese niño lo dejó sin palabras por un segundo.
—Señor Vane, el coche de su abuelo acaba de llegar al restaurante —le avisó el chófer.
Killian asintió, pero antes de subir, miró a los gemelos una última vez.
—Tengan cuidado —les dijo, y por primera vez en años, no fue una orden, sino un consejo casi humano.
Cuando el Rolls-Royce se alejó, Evans sacó un pequeño dispositivo del bolsillo y sonrió.
—Paso uno completado: contacto visual y análisis de reacción.
—Tiene potencial —asintió Edans, limpiándose la boca—. Pero es muy arrogante. Habrá que bajarle los humos antes de presentárselo a mamá.
—Vámonos, antes de que Elara llegue a la plaza y nos mate de verdad.
debe ser alguien del pasado
o alguien a quien afectaron los gemelos en el pasado 💣
es un viaje de emociones ...
magnífico ,comienzo de esta historia..
Son unos diablillos adorables 👏👏