Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.
Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.
Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".
Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.
Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.
NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 19: No te dejare ir
La sala de juntas quedó en silencio cuando los ejecutivos se fueron. El presentador, un hombre llamado Ricardo, se quedó solo un momento revisando sus notas. Luego, tomó su teléfono y marcó un número.
—Leo, soy Ricardo —dijo, con voz profesional—. La reunión terminó. Todos los invitados asistieron. Los principales competidores son Moretti, Santander, y también el grupo Fernández, como esperábamos.
—Bien —respondió Leo del otro lado—. ¿Cómo fue el ambiente?
—Tenso, como siempre. Moretti y Santander no se soportan, pero mantuvieron las formas. También estuvo El grupo Fernández también mostró interés. Su representante parecía confiado.
—Eso era de esperarse —dijo Leo—. ¿Ya les comunicaste la siguiente fase?
—Sí. Les dije que recibirán visitas de evaluación en los próximos días. Que nuestro equipo irá a revisar sus instalaciones y su capacidad operativa.
—Perfecto —respondió Leo—. Entonces ya sabes lo que sigue. Prepara los informes de cada uno. Quiero saber todo sobre sus operaciones, sus fortalezas y sus debilidades.
—Lo tendré listo en un par de días.
—Bien. Te llamo si necesito algo más.
Colgaron.
Leo guardó el teléfono y se dirigió a la oficina de Alessandra. La encontró revisando unos papeles, con el cabello recogido en un moño desordenado y una expresión de concentración.
—Jefa —dijo Leo, entrando—. La reunión terminó. Todo salió como esperábamos.
Alessandra levantó la vista y sonrió.
—¿Y? ¿Quiénes asistieron?
—Los grandes nombres del sector, como esperábamos. Moretti, Santander, el grupo Fernández, y varios otros. Todos mordieron el anzuelo.
—Perfecto —dijo ella, recostándose en su silla—. ¿Y la siguiente fase?
—Les dijimos que recibirán visitas de evaluación en los próximos días. Nuestro equipo irá a revisar sus instalaciones, su personal, su capacidad operativa. Todo para que podamos decidir quién es el mejor candidato.
Alessandra asintió, con una sonrisa de satisfacción.
—Y mientras ellos se esfuerzan por impresionarnos —dijo, con un tono divertido—, nosotros estaremos observando. Viendo cómo se mueven, cómo presentan sus fortalezas, cómo intentan ocultar sus debilidades.
—Exactamente, jefa —respondió Leo—. Y de paso, podremos conocer mejor a cada uno de ellos. Saber con quién estamos tratando realmente.
—Así es —dijo Alessandra—. Pero hay uno que me interesa especialmente.
Leo levantó una ceja.
—¿Cuál?
—El grupo Fernández —respondió ella, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Quiero saber todo sobre ellos.
Leo la miró con curiosidad.
—¿Por qué el grupo Fernández, jefa? No son los más grandes, pero tampoco los más pequeños. Están en el medio.
Alessandra lo miró fijamente, sin inmutarse.
—Porque quiero entender cómo se mueven —dijo, con una calma que resultaba casi peligrosa—. Y Porque estoy interesada en ellos.
Leo asintió, aunque no entendía del todo el interés de su jefa en esa empresa en particular. Pero no preguntó. Sabía que Alessandra siempre tenía razones para hacer lo que hacía.
—Lo tendré listo, jefa —dijo—. Los informes de evaluación incluirán un análisis detallado de cada empresa. Pero si quiere un enfoque especial en el grupo Fernández, me encargaré de que sea más profundo.
—Perfecto —dijo Alessandra—. Y asegúrate de que los equipos de evaluación sean minuciosos. Quiero saber todo sobre ellos.
—Así lo haré, jefa.
Leo salió de la oficina, dejándola sola.
Alessandra se quedó mirando la puerta, con una sonrisa que se fue desvaneciendo lentamente.
Su padre. La empresa de su padre. Ahora estaba en su lista de evaluación. Y ella iba a descubrir todo lo que había detrás de esa fachada de familia perfecta.
...----------------...
El auto se deslizaba por las calles vacías de la noche. Alessandra iba en el asiento trasero, con los ojos fijos en los papeles que Leo le había conseguido. Las hojas estaban ordenadas con precisión: solicitud de divorcio, acuerdo de separación de bienes, renuncia a cualquier pensión alimenticia, y todos los documentos legales necesarios para iniciar el proceso.
Llevaba horas mirándolos, desde que Leo se los había entregado en la oficina. Había leído cada palabra, cada cláusula, cada detalle. Todo estaba en orden. Solo necesitaba que Dante firmara.
Una sonrisa amarga se formó en sus labios.
Poco duró su ilusión de disfrutar de un hombre que pensó que la amaba. Pero el destino es tan cruel. Le había dado una segunda oportunidad, una nueva vida, un cuerpo hermoso y poderoso. Y también le había dado un esposo que solo la veía como un reemplazo.
El auto se detuvo frente a la mansión. El chofer abrió la puerta y Alessandra bajó con la carpeta bajo el brazo, sus pasos firmes sobre el camino de piedra.
Entró a la casa sin mirar a Clara, que la saludó desde la cocina. Subió las escaleras con determinación, sintiendo que cada paso la acercaba más al final de una etapa.
Llegó al despacho de Dante. La puerta estaba entreabierta. A través de la rendija, lo vio sentado detrás de su escritorio, con el traje aún puesto pero la corbata aflojada, el cabello ligeramente despeinado. Tenía una expresión de cansancio mientras revisaba unos documentos.
Alessandra empujó la puerta y entró.
Dante levantó la vista. Su rostro se iluminó apenas al verla, pero la expresión se congeló cuando notó la seriedad en sus ojos.
—Alessandra —dijo, con voz neutra—. Llegas tarde. Pensé que...
Ella no lo dejó terminar. Se acercó al escritorio y extendió la carpeta hacia él, sosteniéndola con ambas manos. Su mirada estaba fija en los papeles, no en él.
—Toma —dijo, con voz fría—. Lee esto.
Dante frunció el ceño. Tomó la carpeta sin entender, abriéndola lentamente. Sus ojos recorrieron las primeras líneas. Luego, el rostro se le tensó.
—¿Qué es esto? —preguntó, con voz baja pero cortante.
—Lee —respondió ella, sin mirarlo—. Todo está ahí.
Dante leyó en silencio. Su mandíbula se apretó. Sus dedos se aferraron a los papeles con fuerza, arrugando los bordes. Cuando terminó, levantó la vista y la miró fijamente.
—¿Divorcio? —dijo, y su voz era un susurro helado—. ¿Estás loca?
—No estoy loca —respondió Alessandra, con una calma que dolía más que cualquier grito—. Estoy siendo clara. Quiero el divorcio.
Dante se levantó de su silla lentamente, sin soltar los papeles. Su altura imponente llenó el espacio entre ellos. Dio la vuelta al escritorio y se detuvo frente a ella, tan cerca que podía sentir su respiración.
—No —dijo, con una voz que no admitía discusión—. No voy a firmar esto.
Alessandra levantó la mirada y lo enfrentó sin titubear.
—No tienes opción.
Dante soltó los papeles sobre el escritorio con un golpe seco. Sus manos se cerraron sobre los hombros de ella, sujetándola con firmeza, sin lastimarla pero sin dejarle espacio para retroceder. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad que ella no le había visto antes, una mezcla de frustración y desesperación contenida.
—¡No me voy a divorciar de ti, carajo! —dijo, con una voz que no era un grito pero que vibraba con una rabia contenida—. Mi esposa no se va a ninguna parte.
Alessandra sintió el peso de sus manos en sus hombros, la fuerza de su agarre, la intensidad de su mirada. Su corazón latía con fuerza, pero no iba a retroceder.
—No te quiero —dijo ella, con la voz firme—. ¿Cuándo lo vas a entender?
Dante la miró fijamente, y entonces, su voz se volvió más baja, más grave, más desesperada.
—Te quiero a ti —dijo, y la frase salió como un disparo—. Solo a ti. ¿Cuándo demonios lo vas a entender?
El silencio se instaló entre ellos. Las palabras de Dante colgaron en el aire, pesadas, reales. Alessandra sintió que el aire se le escapaba, pero no podía creerlo. No después de todo lo que había visto.
—No te creo —susurró.
—No me importa si me crees o no —respondió él, sin soltarla—. Pero no voy a dejar que te vayas.
Alessandra lo miró largamente. Luego, con un movimiento suave, se liberó de sus manos.
—Firma los papeles, Dante —dijo, con la voz firme—. No hagas esto más difícil.
—No —respondió él, con la misma firmeza—. No voy a firmar.
Alessandra lo miró un momento más. Luego, se giró y caminó hacia la puerta.
—Mañana enviaré a mi abogado —dijo, sin mirar atrás.
Y salió.
Dante se quedó solo, con los papeles sobre el escritorio y el eco de sus propias palabras resonando en la habitación.
—Maldita sea —murmuró, para sí mismo—. Porque eres tan terca.
ANA FERNÁNDEZ
por que dejó así de rápido dieran con ella la descubrirán que ella es la dueña de esa agencia
será que ése viejo sabe que Fernanda mato a Ana y por eso no quiso investigaciónes.!!?? 😱
Alessandra mal interpretó todo o no puede que el todavía sienta algo por la zorra esa