Ingrid tiene diecinueve años, nunca ha salido de su rancho en California y su mayor preocupación es ponerle moños a las vacas. Sueña con estudiar medicina, viajar por el mundo y ayudar a quien lo necesite. De casarse no sabe nada. De la mafia, menos.
Cuando Ares la elige como su esposa y se presenta en el rancho a llevársela, la familia de Ingrid no tiene opción: obedecer al Don o morir. En cuestión de horas, la chica del rancho se convierte en la esposa de un monstruo.
Pero Ingrid no es la niña frágil que todos esperaban. Detrás de su inocencia hay una inteligencia afilada, un humor que desarma y una valentía que ni ella sabía que tenía. Lo que nadie le dijo a Ares es que la mujer que eligió para ignorar sería la única capaz de destruir cada muro que construyó alrededor de su corazón.
Ella eligió luchar. No contra él, sino por él.
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Acontecimientos...
Ares
*Después de prenderle fuego al cuarto una vez más, nos fuimos a bañar juntos. Creo que el pie de ella ya está bien, pero ni me importa si me mintió lo del pie. Conozco bien a la gente, e Ingrid parece estar disimulando con lo del pie... Lo importante es que descubrí que tengo una esposa ardiente, y eso me deja muy satisfecho y sorprendido, en el buen sentido de la palabra.
Nos bañamos juntos y no funcionó; claro que no iba a funcionar. Está buenísima, tiene una sonrisa que me hace perder el rumbo...
Y fue una rapidita más en el baño... Estoy rendido, y creo que mi esposa también.*
Nos acostamos un rato.
Ingrid
*Después de repetirlo dos veces más —¡sí!—, ni sabía que aguantaba y que lo desearía todas esas veces.
Al final estábamos agotados. Literalmente caímos en la cama y morimos...*
Ares
*Desperté. ¡Ya estaba oscuro! Me acosté a descansar y me dormí, me desmayé con Ingrid.
Por primera vez en la vida dormí con una mujer. Bueno, es mi esposa. Es extraño; me gusta estar con ella.
Ella despertó rodando por la cama y no pude evitar reírme del susto que se llevó al ver que era de noche.*
—¡Ares! ¡Dios mío! ¿Será que nos morimos o dormimos todas estas horas? Estoy tratando de ubicarme. Parezco perdida. ¿Sabes cuando duermes tan profundamente que crees estar en otro planeta? —dijo Ingrid, sentándose en la cama.
—No nos morimos; solo dormimos. Y tengo hambre —dijo Ares, sonriendo.
—Me gusta cuando sonríes...
¿Hambre? Hmm, estoy de acuerdo contigo; tengo mucha hambre —dijo Ingrid, brincando de la cama.
—Entonces vamos a bajar a cenar. ¿Puedes caminar? Porque brincar de la cama sí pudiste —dijo Ares, riendo.
Ingrid
Desperté tan desubicada que olvidé lo del pie.
—¡Es verdad! Esto es casi un milagro... Creo que sí. Debió haber sido solo el golpe, por eso no podía caminar. Pero no quería arriesgarme —dijo Ingrid.
—Ya... Está bien, ¿quieres que te lleve en brazos? Eres ligera y no me molesta —dijo Ares, sonriendo y cargándola.
—Qué bueno es tener un marido fuertote —dijo Ingrid.
Ares acabó riéndose de la manera en que habla y gesticula.
Edith
*Mi pareja del corazón bajó a cenar. Y Ares con Ingrid en brazos.
¡Qué hermosos se ven! Veo a un Ares diferente: ligero, y hasta tiene un semblante más agradable.
Por increíble que parezca, hasta sonrió. ¡Gracias, Dios, por mandar a esta niña loquita a nuestras vidas!*
Ingrid
*Ares y yo cenamos. Edi puso una excusa bastante mala, pero está bien; entiendo que quiere ayudar.
Platicamos un poco, bueno, más yo que él.
Enseguida subimos y era evidente que estaba muy cansado. Le pregunté por la misión; se resistió un poco, pero al final me contó más cosas de las que imaginé.
Estoy empezando a ver a Ares con otros ojos.
Tal vez no sea tan abominable como parece.*
Ares
*Fue bueno platicar con ella.
Ingrid realmente se interesó en mi misión. Vi lo entusiasmada que estaba con lo que le contaba. Terminé emocionándome y contando más de lo normal.*
Al otro día.
Ares
Me desperté muy temprano; me siento muy bien. Volteé a ver a mi esposa, que seguía dormida. Cuando me iba a dar la vuelta, sin querer le pegué en el brazo y...
—Dios mío, Jolie, todavía es de madrugada. No puedo creer que ya llegaste a entrenar —dijo Ingrid, tratando de abrir los ojos.
Ares rio.
—No soy Jolie —dijo Ares.
Ingrid dio un brinco.
—Ares, querido, ¡me quieres matar del susto! Estaba soñando, o mejor dicho, ¡teniendo una pesadilla! Sí: Jolie llamándome "ven, vamos a entrenar". Eso es aterrador; casi me mata con sus entrenamientos básicos —dijo Ingrid.
—Lo creo. Jolie no tiene paciencia y es buenísima; mejor que muchos que conozco y se creen la gran cosa —dijo Ares, sonriendo.
—No te rías, Ares. Sé que te estás riendo, solo que... (él la interrumpió)
—Solo que hoy voy a entrenar contigo —dijo Ares.
—¡Ya estuvo! ¡Mírate! ¡Mira tu tamaño, el tamaño de esas manos, esos brazos! Un golpe tuyo y adiós Ingrid —dijo Ingrid.
Ares rio.
—Dramática mi esposa. Pero no es de esa manera como vamos a empezar los entrenamientos, sino aquí —dijo Ares, jalándola y besándola.
Ingrid
¡Guau! Eso sí es buen entrenamiento...
Ares
*Después de despertar de una manera nada tradicional —también, Ingrid está loquita y traía un camisoncito que papá...—, y despertar con mi esposa todavía es muy nuevo. Bajé a desayunar con ella y terminé desayunando solo. Jolie llegó y se llevó a Ingrid al entrenamiento a rastras. No pude evitar reírme e ir solo; menos mal que está Edi.
Me voy a la sede de la mafia; tengo mucho trabajo hoy...*
Ingrid
*Jolie, como siempre, nada de ir liviano. Y eso es bueno; si tengo resistencia, fuerza... se lo debo mucho a ella.
Me quedo pensando en cómo Ares está cambiando conmigo. Hasta se rio algunas veces y sonrió muchas.
Lo único que no puedo hacer es darles ventaja a esas "amiguitas" suyas.*