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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

La noche se arrastraba en silencio por aquella casa lujosa, hora en que la quietud se convertía en el telón de fondo perfecto para la traición. En la habitación principal, Tania y Diego volvieron a representar su farsa nocturna. Tania fingía dormir, mientras Diego se removía inquieto, el deseo encendido por los mensajes provocadores de Farah. El arrepentimiento de aquella tarde se había evaporado sin dejar rastro. Diego esperó a que la respiración de Tania se acompasara y se escabulló de la habitación.

Avanzó con pasos cautelosos por el corredor. Las dudas que lo habían asaltado por la tarde se desvanecieron por completo, desplazadas por un deseo ardiente. Farah le había enviado un mensaje apenas minutos después de que Diego entrara al dormitorio tras la cena, un mensaje que lo provocó sin piedad.

Diego se deslizó dentro de la habitación de Farah. En cuanto la puerta se cerró, la envolvió en un abrazo apretado.

Farah, aunque satisfecha con su presencia, no dejó de mostrar su irritación.

—¿Qué te pasa, Diego? ¡Estuve furiosa contigo todo el día!

—¡No me contestaste ni un solo mensaje!

—Perdóname, cariño —susurró Diego—. Tania estaba cerca, no podía arriesgarme.

—¡Siempre con las mismas excusas! ¡Ya me cansé!

Farah se soltó de su abrazo y lo encaró con la mirada encendida.

—¡Estoy celosa, Diego! Anduviste de lo más cariñoso con Tania frente a mí. ¿De verdad me quieres o no? ¿Hasta cuándo vamos a seguir jugando al gato y al ratón?

—Estoy agotada, ¿sabes? Quiero que volvamos a ser como antes. Me siento asfixiada aquí, Diego.

Diego empezó a engatusarla con palabras dulces.

—Claro que te quiero, mi amor. Tania solo es mi esposa en el papel. Es una tonta, una simple ama de casa que no entiende nada de nada —cada palabra destilaba desprecio, y cada frase era una mentira despiadada.

—Entonces, ¿por qué le tienes tanto miedo a que ella se entere? —exigió Farah.

—Siempre me dices lo mismo, pero yo lo que veo es otra cosa. Yo veo a un marido que le tiene miedo a su esposa.

Diego exhaló un suspiro largo, preparándose para revelar su secreto más guardado.

—Escúchame bien, cariño. Antes de casarnos, Tania y yo firmamos un acuerdo. Todos los bienes pasarían a ser propiedad de una sola parte si se comprobaba una infidelidad dentro del matrimonio.

Farah abrió los ojos de par en par.

—¡Un acuerdo estúpido! ¿Cómo pudiste aceptar algo así, Diego?

—Por eso mismo no puedo ser imprudente —replicó Diego—. Por eso te traje a vivir a esta casa haciéndote pasar por mi prima. Es la forma más segura y la que menos riesgo tiene de que Tania descubra la verdad. Confía en mí, cariño: muy pronto todo será nuestro.

* * *

En la habitación principal, Tania escuchaba cada palabra a través de sus auriculares inalámbricos. Esta vez se limitó a oír la conversación sin intervenir; le resultaba repugnante, pero aquella información era demasiado valiosa. Al escuchar lo que Diego dijo sobre el acuerdo prenupcial, Tania se sobresaltó. Casi había olvidado aquel documento crucial. Su mente se puso a trabajar a toda velocidad; un escalofrío momentáneo la recorrió: Diego sin duda planeaba deshacerse de ese papel.

Tania se incorporó de la cama. Con movimientos rápidos y silenciosos, se dirigió a la pequeña caja fuerte oculta detrás del cuadro. Tenía que asegurar el acuerdo antes de que Diego cayera en cuenta de lo astuta que era su esposa. Abrió la caja fuerte, tomó la carpeta con el documento y lo escondió en un lugar mucho más seguro.

—Me subestimas, Diego —susurró al silencio de la noche, mientras una sonrisa gélida se dibujaba en sus labios—. Pero no voy a ser tan idiota como para dejarte ganar.

* * *

La mañana regresó, pero la tensión de la noche anterior seguía suspendida como una niebla fría entre los habitantes de la casa. Tania llevaba en la cocina desde el amanecer, preparando el desayuno. El aroma del café que flotaba en el aire no lograba templar la atmósfera incómoda del comedor. Los platos estaban dispuestos con esmero; cada movimiento de Tania era calculado, consciente de que el acuerdo prenupcial descansaba ya a salvo en su nuevo escondite.

De pronto, Diego apareció a paso apresurado en el comedor.

—¡Tania! ¡Ayúdame con la corbata, ya voy tarde! —pidió con voz un poco más alta de lo necesario, ignorando la presencia de Farah, que ya estaba sentada a la mesa.

Farah, que vio en eso una oportunidad de oro para lucirse delante de Tania y Diego, se levantó de inmediato. Con un movimiento rápido, quiso apoderarse de esa tarea, olvidando que en aquella casa su papel era el de prima de Diego, y que ninguna prima se atrevería a ponerle la corbata a su supuesto primo delante de la esposa.

Pero Tania fue más rápida. Al girar con la cafetera en la mano, avanzó un paso justo cuando Farah se acercaba. No fue un accidente; Tania sonrió para sus adentros: una pequeña venganza por el asco de la noche anterior.

El hombro de Tania golpeó a Farah, que perdió el equilibrio. ¡Pum! Farah cayó sentada al suelo con un ruido que sobresaltó a Doña Carmen, que acababa de entrar. Un velo de lágrimas le nubló los ojos, conteniendo el dolor y la humillación.

Tania fingió sorpresa.

—¡Ay, Farah! ¡Perdón, no te vi! —exclamó sin detenerse ni un instante en su tarea de ayudar a Diego.

Tania se concentró en anudarle la corbata, con una sonrisa casi imperceptible oculta en el rostro, visible únicamente para ella misma.

En el suelo, Farah apretó los puños con fuerza, clavando en Diego una mirada cargada de amenaza, como si le gritara en silencio: ¡Ya vas a ver, Diego! ¡Cómo te atreves a quedarte callado!

Diego captó aquella mirada. Se sintió atrapado entre dos fuegos, pero no podía reaccionar demasiado frente a Tania. Le lanzó a Farah un gesto tranquilizador y un beso al aire con los labios antes de marcharse a toda prisa, dejando a las dos mujeres en aquel comedor cargado de tensión. Doña Carmen se limitó a observar la escena con expresión fatigada y eligió guardar silencio.

* * *

Después de que Diego se fue, el silencio volvió a apoderarse de la casa. Farah se levantó del suelo y caminó deprisa hacia la sala, donde descargó su furia.

—¡Esa mujer lo hizo a propósito! ¿Diego dice que es tonta y que es ingenua? ¡Imposible!

Farah siguió refunfuñando, dando rienda suelta a su frustración.

—Tania es astuta. Cada movimiento suyo está calculado al detalle. ¿Cómo le hago para que Diego se dé cuenta? —Farah se sentía extranjera en aquella casa, atrapada en lo que empezaba a parecerle una trampa.

En la cocina, Tania esbozó una sonrisa fría mientras escuchaba el monólogo de Farah a través de sus auriculares.

Ah, así que ya empezaste a darte cuenta. Perfecto, pensó Tania, la mirada afilada. Serás muy hábil manipulando hombres, pero no conoces el campo de batalla en el que te metiste, Farah.

Cada palabra que dices es munición para mí. ¿Quieres abrirle los ojos a Diego? Es inútil. Diego solo va a ver lo que quiere ver.

Yo controlo esta situación por completo, y voy a disfrutar cada segundo.

Tania apagó la aplicación de grabación en su celular y lo guardó en el bolsillo de su delantal.

Farah ya sabía que Tania no era ninguna mujer ingenua, pero ¿lograría encontrar la manera de probárselo a Diego antes de que Tania lanzara su próximo ataque, ya perfectamente planeado?

¿Le creería Diego a Farah si esta conseguía pruebas de que Tania no era la tonta ni la simple ama de casa que él siempre le había descrito?

¿Y qué sería lo siguiente que Tania haría?

Continuará...

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