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Despreciada por su Hermana, Desposada por un Millonario

Despreciada por su Hermana, Desposada por un Millonario

Status: Terminada
Genre:CEO / Maltrato Emocional / Sustituto/a / Juego de roles / Amor eterno / Completas
Popularitas:137.2k
Nilai: 4.9
nombre de autor: uutami

Valentina nunca fue suficiente.

Coja desde un accidente que nadie quiere explicar, vive como sirvienta en la casa de su propio padre, humillada a diario por su media hermana Diana y su madrastra. Cuando un joven conductor de mototaxi llamado Mateo llega a pedir la mano de Diana y es rechazado con desprecio, la familia decide deshacerse de dos problemas a la vez: obligan a Vale a casarse con él.

Lo que nadie sabe —ni siquiera Vale— es que Mateo esconde un secreto que lo cambiará todo.

Detrás de la moto destartalada y la chaqueta de conductor se oculta el heredero de una de las fortunas más poderosas del país. Y detrás del matrimonio apresurado, una promesa que Mateo juró cumplir a cualquier precio.

A medida que Vale descubre que su marido no es quien dice ser, una red de mentiras comienza a derrumbarse: el hombre que la amaba en secreto pierde la memoria, su hermana finge un embarazo para atrapar al novio equivocado, y un padre biológico que Vale creía inexistente aparece con una prueba de ADN y una fortuna que le pertenece.
Pero la verdad más devastadora aún no ha salido a la luz. Porque la persona responsable de que Vale camine con muleta lleva años en coma... y acaba de despertar.

NovelToon tiene autorización de uutami para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 31 — La memoria regresa

¡PLAM!

—Mateo...

Mateo sonrió mientras acorralaba a Vale contra la pared. —Perdón, ¿fui muy brusco?

Las mejillas de Vale ardían. —Mateo... estamos en la cocina —susurró—. Deberíamos... ir al cuarto. —Sus brazos se cerraron más alrededor del cuello de su esposo.

Mateo rio por lo bajo. —Ya no hay tiempo. Ya no aguanto...

La presionó más, sosteniéndole una pierna a la altura de la cadera. Ya la besaba con avidez.

—¡Ah! —Vale dejó escapar un gemido quedo—. Esto no es propio de la cocina...

La sonrisa de Mateo se ensanchó; aunque los labios de Vale parecían resistirse, su cuerpo pedía más.

—Después de esto, probamos en la sala...

Los gemidos de Vale resonaron como música, y Mateo se hundió más profundo en la unión de sus cuerpos.

Esa mañana, Vale despertó de golpe.

—Ya Allah... —se incorporó medio sobresaltada y miró el reloj de pared. La hora le hizo caer el corazón al estómago—. ¡Me quedé dormida!

Se frotó la cara, reprochándose a sí misma. Luego, como si apenas cobrara plena conciencia, se detuvo. La sábana estaba tibia. La almohada del lado derecho aún conservaba la marca de la cabeza de Mateo, pero él ya no estaba.

—¿Mateo? —llamó en voz baja.

No hubo respuesta.

Vale suspiró hondo y cerró los ojos un momento. Los recuerdos de la noche anterior llegaron como oleaje; no los detalles, solo un dulce agotamiento que le pedía al cuerpo esconderse un rato más bajo las cobijas. Negó con la cabeza; los labios se le fruncieron de enojo.

—Mateo... —murmuró, medio culpándolo—. Hiciste que me quedara dormida así.

Se levantó despacio, tomó la muleta y salió del cuarto. Al llegar a la sala, se detuvo en seco.

La casa estaba impecable. Demasiado impecable para una mañana que solía ser un caos. Los platos lavados y ordenados. El piso barrido. La mesa puesta, con un plato de arroz caliente, tortilla de huevo, verduras salteadas y un vaso de té dulce que humeaba suavemente.

En el centro de la mesa, una nota pequeña doblada con esmero.

Vale se acercó; el corazón le latía de un modo extraño. Desplegó el papel.

Vale:

Ya me fui, mi reina. Todo está listo. No te saltes el desayuno, ¿oíste?

Si me extrañas, dime. Salgo volando para allá.

—Mateo

Vale se tapó la boca con la mano. Las mejillas y las orejas se le calentaron al mismo tiempo.

—Ya Allah... —susurró, avergonzada. Recorrió la habitación con la mirada, como si Mateo aún la espiara desde detrás de la puerta—. Siempre es así... ¿Por qué es tan bueno conmigo... si yo todavía no puedo darle nada a cambio?

Se sentó, tocó el plato y sonrió mientras negaba con la cabeza. Había una culpa suave —por haberse levantado tarde, por no haberle besado la mano a su esposo— mezclada con una calidez que le ensanchaba el pecho.

—Gracias —dijo a la habitación vacía—. No sé cómo pagarte todo lo que haces por mí.

En la oficina, Ricardo recorría el pasillo con unos expedientes en la mano. Su paso era firme, el rostro inexpresivo, igual que los días anteriores. Pero su cabeza, no.

Vale.

El nombre surgió así nada más, liviano pero contundente. Ricardo se detuvo un instante y tragó saliva. «¿Otra vez...?», murmuró.

Dio otro paso... y...

¡PAM!

—Perdón... —una voz femenina sonó sobresaltada.

Ricardo se agachó por reflejo a recoger los papeles y carpetas desparramados. Al rozar los documentos, la cabeza le palpitó con violencia. La vista le tembló.

Vale riendo bajo una farola del jardín.

Vale mirándolo con ojos apacibles.

Vale... pronunciando su nombre en voz baja: «Ricardo...».

—Vale... —Ricardo se tambaleó.

Se presionó la sien; la respiración se le agitó. Los fragmentos se ensamblaron, no como visiones ajenas, sino como recuerdos que regresaban.

No era Diana.

La mujer que amaba... era Vale.

—¿Ricardo? —su compañera de trabajo lo sostuvo del brazo—. Estás pálido. ¿Qué te pasa?

—La cabeza... me da vueltas —contestó con voz ronca.

En poco tiempo, Ricardo ya estaba acostado en la enfermería de la empresa. La enfermera le tomó la presión. El mundo se sentía lejos, pero sus pensamientos estaban afilados... demasiado afilados.

Vale...

La imagen del hospital aquella vez cruzó ante él.

«¿Quién era?»

«Mi esposo...»

Ricardo cerró los ojos. Las lágrimas le escaparon por las comisuras. Luego esa imagen se superpuso con Diana.

Las mentiras que había fabricado.

Un matrimonio que jamás deseó; todo se apilaba sobre el recuerdo de Vale. El pecho le vibraba de una rabia fría. Ricardo apretó los párpados, respiró hondo. Calma. Eligió el silencio.

Diana llegó con un gesto de preocupación pulcramente ensayado. —¡Ricardo! —se acercó—. ¿Qué pasó? Me dijeron que te desmayaste.

Ricardo no se movió. No abrió los ojos siquiera. —Enfermera, ¿por qué no reacciona? ¿Por qué mi esposo no ha despertado? ¿Ha estado así todo el tiempo?

—Ya recobró la conciencia, señora. Solo necesita reposo.

Diana exhaló, pero la inquietud no amainó. —Ay, Ricardo. ¿Qué te pasa ahora? —susurró.

Le tomó la mano. Ricardo la retiró despacio, casi imperceptible, pero inequívoco.

—¿Ricardo? —Diana frunció el ceño—. ¿Ya estás despierto?

Ricardo se limitó a asentir apenas. No quería ni abrir la boca, mucho menos ver la cara de Diana. Quizá, si abría los ojos, estallaría en ese mismo instante.

—Enfermera, creo que mi esposo ya está consciente.

—Déjelo descansar un poco más, señora. —La enfermera revisó brevemente.

Diana asintió. Pero ni sus pensamientos ni su corazón hallaron sosiego. La preocupación y la ansiedad le colmaban el pecho.

Llegó la tarde.

—Yo manejo, si todavía te sientes mal —ofreció Diana, ajustando el paso al de Ricardo.

Ricardo no contestó. Dentro de él, el asco crecía, no hacia el cuerpo de Diana, sino hacia la mentira que lo envolvía todo.

—Ricardo...

Ricardo entró al auto, cerró la puerta con rapidez y le puso seguro. Diana no pudo subir.

—¡Ricardo! ¡No he subido! —gritó Diana, golpeando la puerta—. ¡Ricardo!

¡No! Ahora Ricardo sentía repugnancia por todo. La voz de Diana, el cuerpo de Diana, el olor de Diana... Todo. Hasta sentía asco de haber estado con ella la noche anterior.

—¡Ricardo! —gritó Diana mientras él la dejaba plantada en el estacionamiento—. Ya Allah, ¿por qué me hace esto?

Cayó la noche. En el cuarto, Diana cerró la puerta, se dio la vuelta y miró a Ricardo sentado al borde de la cama. Desechó toda la rabia de esa tarde, porque necesitaba saber por qué la actitud de Ricardo se había vuelto tan gélida.

—Ricardo —dijo con cautela—. ¿Qué pasó? ¿Estás enojado conmigo? ¿Qué hice mal?

Ricardo la observó. Largamente. La mirada hizo que Diana se mordiera el labio.

—¿Recordaste algo? —preguntó ella después de tragar con enorme dificultad.

—¿Por qué preguntas? —dijo Ricardo con calma. Demasiada calma.

—Por nada —Diana esbozó una sonrisa fina—. Solo tengo miedo de que estés pensando cosas raras.

Ricardo soltó una risa breve, amarga. —¿Cosas raras?

Diana se acercó e intentó tocarle el hombro. Ricardo se puso de pie y se alejó un paso.

—Ricardo...

—Ya recuerdo —la cortó.

Diana se petrificó.

—Recuerdo todo —prosiguió Ricardo con voz grave—. Lo de Vale. Cómo tú retorciste la historia. Cómo me casé... sin amor.

El color abandonó el rostro de Diana.

—¿Te asustas? ¿Sabes que cometiste una atrocidad?

—No... no es así —balbuceó.

Ricardo la taladró con la mirada. —Me engañaste. Te aprovechaste de mi amnesia. Me hiciste el tonto. Y... —la voz le tembló, luego se apagó—. Y Vale... ya se casó con otro.

Esa frase lo golpeó a él mismo. Cerró los ojos, respiró hondo, contuvo la furia.

—Ricardo —Diana le agarró el brazo—. Escúchame...

Ricardo se soltó. —No me toques.

Diana trastabilló un paso. —Ricardo...

—¡Me das asco, Diana!

Tomó su chamarra.

—¡Ricardo! —la voz de Diana se quebró—. ¿Adónde vas?

Ricardo caminó hacia la puerta, se detuvo un momento sin voltear. —A casa de Vale.

La puerta se cerró.

Diana se desplomó sobre la cama. Le temblaban las manos. La respiración se le entrecortó y estalló en llanto.

—Vale... Vale... otra vez Vale —susurró, rabia y miedo mezclados—. Todo es por tu culpa, Vale.

1
Julia Camacho Cordoba
Bueno
Maritza Elizabeth Campos Rebolledo
sigo sin entender el porque tiene que alejarse de su esposa y ocultar así hermano el matrimonio, me podrías explicar autora plis
Silvina Claudia Rodrigo
y no se que esperaba Renato ,si Vale está muy enamorada de su esposo y mateo también la ama profundamente
Maritza Elizabeth Campos Rebolledo
me perdí de algo, mientras leía porque no entiendo porque no le dicen que es la esposa de Mateo?
💙💫Géminis 💫💙
va a tener otras historias
💙💫Géminis 💫💙
va a tener otras historias
Patty Zenemij
yo trate de ver las imágenes y nada jajajjaa ni modos a seguir con la simulación del personaje
Natalia Solis
🥰😍 Hermosa novela
Alicia Sira
falto el final de diana y martha
Alicia Sira
no me gusta como gloria a pesar de querer a vale la utiliza por bien de renato.
Lourdes Mendez
👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌
Lourdes Mendez
EXCELENTE TRABAJO FELICIDADES ESCRITORA ÉXITO ÉXITO ÉXITO ÉXITO ÉXITO 🙌 ✨️ 💪 👍 👏 💕
Alicia Sira
😭 vale es muy buena.
Elianeth Pacheco
Buy bonita la novela pero siento que faltó y que paso con diana y la mamá
Graciela Maris Galarza
hermosa novela 👏
Tere Jimenez
muy bonito capitulo 😂
Tere Jimenez
muchas felicidades gracias por compartir tu novela hermosa de principio a fin espero sigas escribiendo con sabiduría y entendimiento para compartir con nosotros todos tus éxitos un abrazo
Tere Jimenez
que hermoso capitulo muchas quisiéramos tener a nuestros padres un segundo
ana rosa cobos torres
esto es fraude . no sé pueden descargar las fotos 😢
Liliana Ester Doretto
Si le hubieran dicho desde un principio que era su cuñada él no se habría ilusionado ni enamorado de ella....la están usando todos,eso no está bien....
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