Anna creyó que era huérfana y pobre, pero en realidad es Leah, la heredera perdida del imperio mafioso de León. El día que su propio hermano Theo la encuentra, su pasado empieza a cobrarle factura.
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Capítulo 11: Todo pasa
Capítulo 11: Tñ
Todo pasa.
Pasan los días.
Pasan los años.
Pasa la escuela secundaria.
Y, aunque el tiempo avanzaba, muchas cosas en la vida de Anna seguían exactamente igual.
Su abuela Margareth estaba cada vez más grande. Finalmente había dejado su trabajo y ahora se dedicaba a visitar a sus otros hijos y nietos.
Anna, en cambio, continuaba viviendo en aquella casa.
Con el tiempo, la familia se había reducido.
Solo quedaban el tío Carlos y la tía Emilie.
Ingrid se había ido de la casa con otra pareja.
Para Anna, aquello significó un pequeño alivio.
Ingrid había sido especialmente cruel con ella. La había maltratado y golpeado en numerosas ocasiones. Una vez, incluso, le había dejado toda la espalda marcada con un cinturón de cuero.
Había algo detrás de aquella crueldad.
Celos.
Envidia.
Quizás Ingrid nunca había soportado que Anna, a pesar de no tener prácticamente nada, pudiera destacarse de alguna manera.
Cuando finalmente se fue de la casa, Anna pudo respirar un poco mejor.
Pero todavía quedaba Carlos.
Durante años, Anna había aprendido a esconderse cuando él llegaba a casa.
Sin embargo, algo había cambiado.
Carlos ya no la miraba con el mismo desprecio de antes.
Ahora la observaba de una manera diferente.
Anna había crecido.
Ya no era aquella pequeña niña que él podía ignorar.
Y aquella nueva mirada comenzó a incomodarla.
Una vez, Carlos intentó sobrepasarse con ella.
Pero Anna ya no era la misma.
Lo enfrentó.
Le dejó claro que no iba a permitirle hacer lo que quisiera.
Y Carlos entendió que aquella niña que alguna vez había podido intimidar ya no existía.
Anna también había cambiado.
Ya no era la niña que se quedaba callada.
Ya no agachaba la cabeza ante cada comentario.
Se había cansado.
Durante años había soportado que la señalaran por ser huérfana.
La gente encontraba en su situación una excusa perfecta para culparla de todo.
—Falta algo en la casa. Seguramente lo robó esa chica, la que no tiene padres.
—Mi hija quedó embarazada. Seguro fue por culpa de ella.
—(Yo le estaba enseñando a su hija algunas cosas de la escuela) y en vez de culpar a su hija de que terminó embarazada y reprobó todas las materias. Acusaron a Anna por llevarla por mal camino.
Y así, una acusación tras otra.
Anna había escuchado demasiadas veces las mismas historias.
Hasta que un día se cansó.
Ya no estaba dispuesta a soportarlo.
—¿Tu hija quedó embarazada a los quince años, desaprobó todas las materias y es culpa mía? —respondió Anna, sin bajar la mirada—. Yo tengo diecisiete y estoy terminando la secundaria sin llevarme ninguna materia.
La mujer quedó en silencio.
Anna continuó:
—Así que dejá de echarle la culpa a los demás por los errores de tu hija. Ocupate de educarla en lugar de buscar a quién responsabilizar.
Antes, Anna habría soportado el insulto.
Habría bajado la cabeza.
Habría guardado silencio.
Pero esa Anna ya no existía.
Había comprendido algo muy importante:
**si ella no se defendía, nadie iba a hacerlo por ella.**
Y, de repente, descubrió dentro de sí un carácter que ni siquiera sabía que tenía.
Su mirada había cambiado.
Era fría.
Serena.
Casi imponente.
Ya no necesitaba levantar la voz para hacerse respetar.
Los mismos que durante años la habían mirado desde arriba ahora apenas podían sostenerle la mirada.
Los hombres comenzaron a admirar su belleza.
Las mujeres, en cambio, muchas veces la observaban con una mezcla de celos y resentimiento.
¿Cómo podía ser que aquella chica pobre, aquella que no tenía padres, aquella que apenas tenía ropa y había crecido comiendo sobras, se hubiera convertido en una joven tan hermosa?
¿Cómo podía ser tan inteligente?
¿Cómo podía caminar con semejante seguridad?
Anna tenía apenas diecisiete años.
Y, aunque todavía no lo sabía, aquella seguridad que había comenzado a construir iba a ser una de las herramientas que más necesitaría en el futuro.
Porque su vida estaba a punto de cambiar.
Y esta vez...
**Anna no pensaba permitir que nadie decidiera por ella.**