Traicionada por su novio. Angie toma una decisión desesperada para vengarse pactar con el hombre más peligroso de la alta sociedad, Leonardo Torres, el imponente y calculador tío de su ex.
Lo que inicia como una tregua fría y un matrimonio por contrato de un año para proteger sus activos y estabilizar la corporación, rápidamente se sale de control. Entre miradas cargadas de tensión en la sala de juntas y roces que encienden una química devoradora a puerta cerrada, Angie descubre que Leonardo no es el tiburón despiadado que todos temen, sino un hombre dispuesto a todo por protegerla. Mientras Sebastián y sus aliados intentan destruirlos filtrando secretos del acuerdo, la falsa unión se transforma en un juego de posesión, poder y deseo donde ninguno de los dos quiere volver a ser libre.
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15
Sebastián Torres
—¡Maldita sea! ¡Maldita sea mil veces!
El vaso de whisky voló por los aires y se estrelló contra la pantalla del televisor de ochenta pulgadas, haciendo estallar el cristal en mil pedazos justo en el momento en que las cámaras transmitían el primer plano del beso de Angie a Leonardo.
El líquido ámbar chorreaba por la pantalla rota, deformando la imagen de la pareja del momento. En la suite del hotel donde me escondía de los fotógrafos, el silencio se volvió denso, interrumpido solo por mi respiración agitada y el goteo constante sobre la alfombra.
Me pasé las manos por el cabello, jalándolo con rabia mientras caminaba en círculos como una fiera enjaulada.
—¿Cómo es posible? —bramé hacia la nada, con las venas del cuello a punto de reventar—. ¡Se supone que estaba destruida! ¡Se supone que esa estúpida iba a llorar en los rincones y que el público me compadecería a mí!
Recordé punto por punto su actuación en la rueda de prensa. La forma en que lo miraba. Ese tono de voz compasivo y dulce con el que se refirió a mí como "un niño que necesita apuestas para sentirse hombre". Me había dejado en ridículo nacional por segunda vez en menos de cuarenta y ocho horas, reduciendo mi dolorizado discurso televisivo de ayer a una patética pataleta de manipulación.
—Te dije que no jugaras a hacerte el mártir, Sebastián —dijo la voz de mi padre, Tomás, desde el umbral de la suite. Entró con paso lento, ajustándose la corbata con un gesto de profundo fastidio—. Esa muchacha te acaba de arrancar la última piel de cordero que te quedaba.
—¡Es un montaje! —grité, encarándolo con los puños apretados—. ¡Tú conoces a Leonardo mejor que nadie, papá! Él es incapaz de tocar a una mujer con esa delicadeza. ¡No siente nada! ¡Está actuando para salvar las acciones de la compañía!
—Aunque sea un montaje —respondió mi padre con una voz helada que me caló hasta los huesos—, el país completo se lo creyó. Las acciones de la empresa subieron un cuatro por ciento hace veinte minutos. Leonardo no solo limpió la imagen de la filial, sino que la prensa ahora los cataloga como la pareja del año. Quedaste como un imbécil, hijo. Un imbécil desesperado que intentó chantajear a una mujer enamorada.
Esas palabras me golpearon como un puñetazo en el estómago. La furia me cegaba, pero la humillación era aún más profunda.
Caminé hacia el ventanal que daba a la ciudad, viendo las pantallas gigantes de los edificios corporativos que reproducían una y otra vez el fragmento de la rueda de prensa. Ahí estaba Angie, resplandeciente, elegante, apoyando su mano con una familiaridad asquerosa en la mejilla de mi tío. El mismo hombre al que yo odiaba por tener el control de la empresa familiar era ahora el dueño de la mujer a la que yo había pretendido destruir.
Verla sonreírle a él con esa calidez, cuando a mí solo me dedicaba miradas de desprecio helado, me retorcía las entrañas de rabia y celos.
—No se van a salir con la suya... —siseé apretando los dientes hasta que me dolieron las mandíbulas, dejando una huella de vapor sobre el cristal del ventanal—. Ella es mía. Me pertenecía a mí antes de que ese tipo pusiera sus frías manos sobre ella.
—Basta de estupideces, Sebastián —sentenció mi padre, golpeando el piso con el bastón—. El consejo directivo me acaba de despojar de tu representación. Estás fuera del grupo Torres.
—¡No me importa la empresa! —me giré bruscamente, con los ojos inyectados en sangre y la voz enronquecida—. Si Angie quiere jugar a la prometida abnegada y enamorada, voy a hacer que esa comedia se le convierta en un Infierno. Si no va a ser para mí para limpiar mi nombre, voy a encargarme de que descubra de la peor manera lo que pasa cuando se desafía a un Torres.
Tomé mi teléfono del escritorio, ignorando las decenas de notificaciones de cancelación de contratos y comentarios de odio en mis redes sociales, y busqué un contacto que juré no volver a usar. Si ellos querían dar un espectáculo de amor perfecto ante las cámaras, yo les daría una función detrás de bambalinas que jamás olvidarían.