Todo comenzó con un amor adolescente. Ella tenía 18 años y Adonis, 19. Estaban convencidos de que su relación era verdadera y soñaban con permanecer juntos. Sin embargo, sus vidas cambiaron cuando ella descubrió que estaba embarazada. Adonis, asustado por su juventud y por la responsabilidad que se acercaba, aseguró que no quería ser padre y terminó rechazándola. Al enterarse, los padres de la joven decidieron hablar con la familia de Adonis. Después de una difícil conversación, ambas familias acordaron un matrimonio arreglado para que asumieran juntos la responsabilidad. Al principio, ninguno estaba preparado, pero con el tiempo nació una inesperada cercanía entre ellos.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23 — Quiero conquistarte otra vez
Mientras manejaba de regreso a la casa, seguía pensando en todo lo que había pasado entre Kiara y yo.
Había cometido muchos errores.
Había llegado borracho.
Había dicho cosas que no debía.
Habíamos peleado demasiado.
Pero ese día quería hacer algo diferente.
Quería volverla a conquistar.
Mientras manejaba, vi un puesto de flores a un lado de la calle.
Frené el carro.
—Bueno, parce... vamos a intentar algo bonito.
Bajé y compré un ramo de flores.
Regresé al auto con una sonrisa.
Tomé mi celular y le escribí a Kiara.
Yo:
Nena, ponte hermosa. En cinco minutos te recojo, ¿sí?
La respuesta llegó rápidamente.
Kiara:
¿Usted me está diciendo nena?
Sonreí.
Yo:
Sí, mi reina.
Pasaron unos segundos.
Kiara:
Ya, mi amor. Ya me vengo hermosa para ti.
Yo:
Bueno, mi amor.
Guardé el teléfono y continué manejando.
Cuando llegué a la casa, estacioné el carro y me quedé esperando.
Pasaron unos minutos.
De repente, vi abrirse la puerta.
Kiara salió.
Me quedé mirándola.
Llevaba un vestido azul que le quedaba muy bonito y unos tenis blancos. Se había acomodado un poquito el cabello y llevaba un maquillaje sencillo.
Por unos segundos me quedé sin palabras.
Saqué mi celular.
—Espérate.
—¿Qué?
Le tomé una foto.
Kiara se rio.
—¡Oye! ¿Por qué me tomas fotos sin avisar?
—Porque estás hermosa, mi reina.
Ella se acomodó el cabello, un poco avergonzada.
—Gracias.
Le entregué las flores.
—Son para ti.
Sus ojos se iluminaron.
—¿Para mí?
—Pues claro.
Tomó el ramo y sonrió.
—Están bien bonitas.
—No tanto como tú.
Kiara me miró y soltó una pequeña risa.
—Pero usted anda muy romántico.
—¿Y eso qué tiene de malo?
—Nada. Solo que se me hace raro.
—¿Raro?
—Sí. Hace unos días estábamos peleando por cualquier cosa y ahora llegas con flores, me tomas fotos y me dices mi reina.
Me quedé callado unos segundos.
—Quiero cambiar eso.
Kiara bajó la mirada.
—¿De verdad?
—Sí.
Me acerqué un poco.
—Sé que he hecho muchas cosas mal.
—Sí.
—Y sé que te he lastimado.
Ella asintió.
—Pero quiero intentar hacerlo diferente.
Kiara acarició una de las flores.
—Me gusta escucharte decir eso.
Sonreí.
—Entonces, ¿me acompañas?
—¿A dónde?
—A comer.
—¿A comer?
—Sí, mi reina. Te quiero invitar.
Ella sonrió.
—Bueno.
Abrí la puerta del auto para ella.
—Suba, señorita.
—Gracias.
Kiara se sentó y colocó las flores con cuidado.
Yo rodeé el auto y me senté frente al volante.
Antes de arrancar, la miré.
—Por cierto...
—¿Qué?
—La foto me la voy a quedar.
—¡No! Enséñamela.
—Después.
—¡Adonis!
Me reí.
—Está bien, está bien.
Le mostré la pantalla.
Kiara observó la foto y sonrió.
—Bueno... sí salgo bonita.
—Te dije.
—No te emociones.
—Muy tarde.
Comencé a manejar.
Durante el camino hablamos de cosas sencillas. No hubo discusiones ni reproches.
Kiara incluso comenzó a contarme algunas cosas que había hecho durante el día.
Yo la escuchaba.
Y me di cuenta de cuánto había extrañado aquellos momentos tranquilos.
Después de unos minutos, llegamos al restaurante.
Estacioné el carro y bajé.
Abrí la puerta para Kiara.
Ella salió con una sonrisa.
—Qué caballeroso.
—Estoy aprendiendo.
—Pues vas bien.
Caminamos juntos hacia la entrada.
Mientras la miraba, pensé en algo.
Quizá volver a conquistarla no sería fácil.
Quizá tomaría tiempo.
Pero no quería rendirme.
Porque por primera vez desde que nuestros padres nos obligaron a casarnos, sentía que quería estar con ella por una razón diferente.
No por obligación.
No por presión.
Sino porque realmente quería volver a enamorarla.